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A mediados de octubre el periodista Ari Paluch fue acusado de acoso sexual por una compañera de trabajo. Este caso fue el desencadenante de un “secreto a voces” sobre el comportamiento del hombre. En Estados Unidos, el productor Harvey Weinstein y el actor Kevin Spacey fueron acusados de crímenes similares.

(Buenos Aires, 10 de noviembre de 2017) - El 22 de octubre el periodista Ari Paluch tendría que haber estado en el aire de A24 con la cobertura nacional de las elecciones, pero no lo hizo. Poco antes de salir de comenzar la transmisión, las autoridades del canal decidieron que el periodista no esté presente tras la denuncia de una sonidista del canal, Ariana Charrúa, que lo acusó de acoso sexual. La noticia desató una serie de denuncias contra el hombre e incluso se habló de un “secreto a voces”. El caso Paluch coincidió con las decenas de mujeres que en Estados Unidos denunciaron al productor Harvey Weinstein por acoso y abuso sexual. Ninguno de los dos casos pasó desapercibido para la prensa argentina.

La noticia de la denuncia contra Ari Paluch llevó a varios famosos a repudiar al periodista, en particular a través de Twitter. Crónica basó su primera nota del tema en los mensajes que se publicaron en la red social: “Ayer, Jorge Rial expresó vía Twitter, sin nombrarlo: `Ojalá el periodista acosador de compañeras de trabajo renuncie o lo rajen. No se puede convivir con esas lacras. No yo, por lo menos`. También otros colegas difundieron su opinión, por el mismo medio, entre ellos, Ángel de Brito y Fernanda Iglesias”. En este primer momento, Crónica no habló de la medida que tomó el canal con respecto a la denuncia: el periodista fue suspendido y luego despedido.

El 24 de octubre, Clarín informaba que “La continuidad de Ari Paluch en el canal de noticias A24 está en duda luego de una denuncia en su contra por acoso sexual”. Por su lado, La Nación aclaró que “las autoridades no tomaron aún una decisión sobre su continuidad; el conductor no intervino en la cobertura de las elecciones e hizo su descargo” y destacó: “El episodio cobró visibilidad en las redes sociales, donde una cantidad importante de mujeres -la mayoría de ellas vinculadas con la industria de los medios- dijo no sorprenderse del todo, pues en los pasillos de las emisoras de radio y televisión circuló con cierta frecuencia la idea de que Paluch suele destratar a mujeres de su equipo y, en algunos casos, ha llevado ese uso abusivo del poder al terreno de la insinuación sexual”. Ambos medios publicaron las noticias de este caso en la sección Espectáculos.

Página 12, fue el único medio que le dio lugar a la voz de la denunciante publicando parte de la carta donde Charrúa narró: “al acercarse a retirar los equipos del señor Ari Paluch, el señor me tocó el trasero”. La nota también destacó el efecto dominó que produjo la acusación de la sonidista: “Como sucedió en otros casos de abusos sexuales o violaciones, luego de la primera denuncia otras víctimas decidieron contar hechos sufridos por ellas”.

A la suspensión de Paluch le siguió su despido definitivo de A24. Esta noticia llegó a las tapas de Crónica y La Nación.

La Nación consideró el despido como “la drástica decisión”. Crónica destacó que “la empresa resolvió desvincularlo, el mismo día que una maquilladora del canal también contara lo que vivió con Paluch”. Los diarios coincidieron en un par de cosas con respecto a este caso: el apoyo que Charrúa recibió por parte de sus colegas, las medidas tomadas por el canal y la idea del efecto dominó o el “secreto a voces” con respecto a las actitudes de Paluch.

Como suele ocurrir cuando un caso de estas características se da a conocer las denuncias contra Paluch le dieron la oportunidad a algunos medios de hablar de un tema que por lo general queda fuera de la agenda mediática (esta vez, sobre el acoso en el ámbito laboral). Clarín entrevistó a Lucía Martelotte, responsable del Área de Políticas de ELA sobre acoso laboral uniendo el caso de Ari Paluch y el de Harvey Weinstein. “Estos casos resonantes han servido para instalar el tema del acoso sexual laboral en la agenda pública, que anteriormente existía, pero estaba invisibilizado y naturalizado”, explicó Martelotte. La Nación también habló sobre el acoso sexual laboral aclarando que “las consultoras de Recursos Humanos suelen recomendar a las empresas que elaboren y tengan a disposición un protocolo de violencia de género como guía de acción para estos casos”.

El caso Paluch y las denuncias contra Weinstein coinciden en dos hombres con poder cuyas actitudes eran conocidas en el ámbito en el que se desarrollaban. Sin embargo, ningún testigo habló de estos temas hasta que una mujer hizo la primera denuncia. Tras lo cual, otras víctimas comenzaron a alzar sus voces contando las experiencias vividas. En el ambiente de Hollywood, donde cada vez más artistas (principalmente mujeres) están luchando por la igualdad de salarios y de oportunidades y donde muchas de ellas se están denominando feministas, se está generando una revolución. Página 12 escribió sobre el “no tan lento ocaso de Harvey Weinstein” recalcando como una vez conocida la denuncia “actores y directores de Hollywood admitieron que conocían casos de abuso por parte de Weinstein pero que nunca habían denunciado. Entre ellos se encuentran el director Quentin Tarantino, y los actores Matt Damon y George Clooney.”

Tras haberse hecho conocido el caso Weinstein, Buzzfeed News publicó una nota en la cual el actor Anthony Rapp confesó haber sido acosado sexualmente por Kevin Spacey cuando tenía 14 años. Esto generó una respuesta similar a la de Paluch: en primer lugar Netflix decidió interrumpir el rodaje de la sexta temporada de House of Cards y días más tarde anunciaron la desvinculación total de Spacey de la empresa.

Paluch sigue trabajando en la radio. Weinstein se esconde en las calles de Nueva York. Spacey se internó en una clínica de rehabilitación. Además de tener el eje común del acoso sexual, estos tres casos también coinciden en el secretismo dentro de la industria donde se movían. Por el momento ni la justicia argentina ni la estadounidense han actuado. Lo que funcionó, una vez más, fue la reacción y sanción social.

 
 
 

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