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Aborto en Argentina: ganó la clandestinidad
El jueves 9 de agosto por la madrugada, el Senado argentino rechazó el proyecto de ley de Interrupción Legal del Embarazo manteniendo a las mujeres y a las personas con capacidad de gestar bajo estándares normativos que datan de 1921.

(Buenos Aires – 16 de agosto de 2018) – La discusión nunca fue aborto si o aborto no, fue legal o clandestino. Y el Senado argentino eligió mantener la clandestinidad. Con 38 votos en contra y 31 a favor, el proyecto de interrupción legal del embarazo que contaba con media sanción de la Cámara de Diputados fue rechazado dejando a las mujeres y personas con capacidad de gestar de este país con una ley de 1921 que solo permite el acceso a la interrupción del embarazo en tres causales: riesgo a la salud de la mujer, riesgo a la vida de la mujer y violación.

El debate se dio de forma democrática y plural durante cuatro meses y medio. El proyecto elaborado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito ingresó al Congreso Nacional por séptima vez en febrero y contó con el apoyo de 71 diputadas y diputados. A partir de ahí se inició el “poroteo”: había que juntar los votos (o porotos) suficientes para conseguir la media sanción y así poder llevar el debate a la Cámara de Senadores. Un paso a la vez, con muchos obstáculos en el camino.

El 10 de abril tuvo lugar la primera sesión informativa en el plenario de las comisiones de Legislación General, de Salud, de Familia y de Legislación Penal. Fueron 15 reuniones, más de 130 horas, donde expusieron 738 expertos y expertas tanto a favor como en contra de la legalización. Personas del mundo de la medicina, de la salud pública, de la ciencia, de la abogacía, militantes feministas, integrantes de organizaciones religiosas e incluso del mundo del arte brindaron su opinión de cara al 13 de junio, día en que se pronosticaba que la propuesta llegaría al recinto. La alianza entre diputadas y diputados que creían en el proyecto más allá de sus ideologías o pertenencias políticas fue clave tanto para lograr el dictamen de mayoría como para impulsar la batalla contra los opositores.

En las calles, la marea verde estaba preparada para un debate histórico que en una primera instancia parecía perdido, pero alrededor de las 8 de la mañana del 14 de junio se dio vuelta gracias al voto de tres diputados de La Pampa. El resultado fue a favor de la legalización, pero todavía restaba un paso antes de celebrar la ley. Había demasiada confianza tras el triunfo, tanto de la militancia feminista como de los y las Senadoras que impulsaban el proyecto en esta cámara. Pero las diferencias eran muchas. Gabriela Michetti, vicepresidenta de la Nación y presidenta de Senadores, era una gran vocera de “Salvemos las 2 vidas”, la campaña que se inició en contra del aborto. Incluso dio una entrevista para el diario La Nación en la que se opuso al aborto en caso de violación (una de las causales no punibles) y aseguró: “Lo dije claramente siempre. Lo podés dar en adopción, ver qué te pasa en el embarazo, trabajar con psicólogo, no sé”.

Se repitió la metodología de Diputados: sesiones informativas de las tres comisiones que llevarían adelante el análisis del proyecto (aunque Michetti intentó sumar una cuarta comisión: la de presupuesto). Pero no logró conformarse la misma unión que se vio en la Cámara baja. El rechazo al proyecto cobraba fuerza, le favorecía el juego político y se ignoraba el voto de la calle, el de la marea verde. El proyecto no consiguió dictamen de mayoría y había grandes dudas sobre qué se iba a tratar exactamente en el recinto, si el proyecto original con media sanción de Diputados, un proyecto con modificaciones, o algún otro proyecto paralelo.

El 9 de agosto a la madrugada, después de casi 11 horas de sesión, el Senado no supo estar a la altura de las circunstancias ni de las millones de personas que se movilizaron en todo el país y en el resto del mundo y rechazó el proyecto de ley, dejando a las mujeres y personas con capacidad de gestar a la merced de una ley de 1921. Gabriela Michetti, cuyo comportamiento durante el debate no estuvo tampoco a la altura del cargo que ostenta,  festejó diciendo “Vamos todavía”.

Después del rechazo
El 9 de agosto nos quedó el sabor amargo de lo que pudo haber sido y no fue. No sólo se rechazó la ley sino que no hubo votos para darle fuerza a ninguna de las otras opciones que proponían cambios o modificaciones a diversas partes del proyecto original (como avanzar en la despenalización del aborto). Tras el voto negativo, senadoras y senadores se pararon y se retiraron de la sala dejando a quienes estaban pendientes de ese momento con un sentimiento de derrota difícil de explicar. En la calle, del lado anti derechos festejaban, del lado a favor de la legalización, la marea verde se retiraba cabizbaja mientras algunas personas demostraban su furia y eran reprimidas por la policía.

Sin legalización ni despenalización, las consecuencias de mantener el aborto en la clandestinidad se hicieron visibles menos de una semana más tarde. Los primeros casos surgieron en la Provincia de Buenos Aires, aquella donde su gobernadora, María Eugenia Vidal, afirmó sentir alivio tras el rechazo del Senado. El 14 de agosto salió a la luz el caso de Elizabeth, una joven de 34 años, madre de un niño, quien falleció en la Provincia de Buenos Aires a causa de un aborto clandestino. La joven llegó al Hospital Manuel Belgrano con una rama de perejil en el útero. Le hicieron una histerectomía y la trasladaron a otro hospital, ya que en el primero no había terapia intensiva. Allí falleció menos de 24 horas más tarde.

Hubo un repudio generalizado. En las redes sociales se impuso el #ElSenadoEsResponsable señalando a aquellos que votaron en contra del proyecto de la Campaña como culpables indirectos de la muerte de esta joven. En el Congreso un grupo de mujeres disfrazadas con capas rojas y tocas blancas emulando a las criadas, las protagonistas de la célebre novela de Margaret Atwood El cuento de la Criada llevaron ramos de perejil con cintas verdes en forma de protesta. Se organizó una marcha a la casa de la Provincia de Buenos Aires, pacífica, con velas y mucho respeto. La policía estuvo presente preparada, innecesaria ante un grupo de personas que solamente quería mostrar respeto ante una muerte evitable. Al día siguiente se conoció el segundo caso.

El mismo día de la muerte de Elizabeth, otra mujer fallecía en otro hospital bonaerense también a causa de un aborto clandestino. Esteban Sieling, director del hospital Sanguinetti de Pilar, declaró el jueves 16 que días antes había fallecido una mujer de aproximadamente 30 años, madre de cuatro hijos por un aborto provocado por ella misma.

Por parte de aquellas voces que hablaban de salvar las dos vidas, hubo silencio. Por parte de las organizaciones que impulsaron el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, hubo repudio. Alfredo Luenzo, un senador que apoyó el proyecto de ley no ignoró lo que sucedió: “Somos cómplices de muertes innecesarias", escribió. Incluso cuestionó: “¿Cuántas muertes más deben ocurrir para que reaccionemos?”. Luenzo aseguró que le alegra el proceso de debate que se dio, pero que "no hay nada que festejar cuando al día siguiente muere una mujer a la que obligamos desde el Estado a aceptar una práctica peligrosa, medieval y oscura para hacer frente a una decisión que tomó con su cuerpo".

Cómo sigue
Para lo que queda de 2018, un camino posible para garantizar el derecho al aborto legal es la despenalización. La reforma del Código Penal, que incluiría la despenalización del aborto, se tendría que haber presentado el 21 de agosto ante el Congreso de la Nación. Pero peleas y debates políticos hicieron necesario que se retrase el pedido. Un sector quiere impulsar la eliminación total del artículo 88 del Código que establece la pena de prisión para las mujeres que accedan a un aborto. Otro, quiere que esto quede a decisión del juez.

Este último sector propone que se respete la jurisprudencia del Fallo FAL sobre aborto no punible cuando el embarazo provenga de un abuso sexual y reemplaza la referencia actual a la "violación o atentado al pudor cometido sobre mujer idiota o demente" por "abuso sexual". Además, establece que cuando no existieran esas causales (que se suman a la del riesgo para la salud física o mental de la mujer) la pena de prisión será de 1 a 3 años (es decir que será excarcelable) y el juez podrá disponer que sea dejada en suspenso o directamente eximir a la mujer.

Lo que sí quedó en claro es que el aborto dejó de ser tabú y que la marea verde no se detendrá. En el 2019 los tiempos legislativos permitirán que la Campaña Nacional presente por octava vez el proyecto para legalizar el aborto. Pero además, habrá elecciones presidenciales, legislativas y también varios gobernadores renovarán sus mandatos. El aborto será, sin duda y por primera vez en la historia, un tema ineludible en la campaña electoral. Y más temprano que tarde, será ley.

 


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