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Haciendo visible lo invisible
La Cámara Nacional de Casación anuló parcialmente una sentencia que reflejaba los estereotipos de género que aún persisten en el Poder Judicial

(Buenos Aires, 31 de agosto de 2018).- El pasado 6 de agosto, la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal dictó sentencia en la causa “Solis Chambi, Víctor Alejandro s/recurso de casación”. El caso versaba sobre el abuso sexual de dos niñas de 13 y 15 años por parte de un hombre que se encargaba de trasladarlas a sus actividades escolares.

En primera instancia, el Tribunal Oral N° 3 de Capital Federal entendió que la falta de consentimiento se encontraba probada en relación al abuso sexual de la niña de 13 años. Sin embargo, concluyó que no había certeza suficiente para sostener la falta de consentimiento en relación al abuso sexual de la adolescente de 15 años.

Para así decidir el Tribunal utilizó argumentos con fuertes prejuicios y sesgos hacia el relato de la víctima de 15 años. Manifestó que “el centro del debate [debía] ser si el relato de la víctima [era] o no creíble” y concluyó que era “probable que originariamente haya existido, en mayor o menor grado, la violencia que la menor describe, pero [que] esta situación obstaculiza seriamente la posibilidad de graduar con un mínimo de rigor la gravedad e incidencia que dicha presunta violencia pudo tener en la concreción del acto sexual cumplido”.

La sentencia del Tribunal Oral N° 3 fue apelada tanto por el acusado como por el Ministerio Público Fiscal. En su sentencia, la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional decidió confirmar parcialmente la sentencia en relación al abuso sexual de la niña de 13 años y anular parcialmente la sentencia en relación al abuso sexual de la adolescente de 15 años.

Al resolver, los jueces Luis M. García, Horacio L. Días y Daniel Morin expresaron que “[l]os prejuicios expresan una cierta comprensión del mundo, y si los prejuicios están arraigados ciegan, e invisibilizan el objeto de la comprensión, porque por ser prejuicios y no juicios, no están sujetos a falsación o contradicción”. Así, sostuvieron que “[e]n el trato sexual no hay una contraparte objeto de ´conquista´, no hay una plaza a tomar ni una plaza a rendir, hay un fenómeno de interacción de personas libres de consentir, en el que las palabras no son equívocas: ´no, es no´, nunca ´sí´ ni ´tal vez´ (...) Si el agente tiene dudas sobre la existencia del consentimiento no debe obrar, lo que presupone asegurarse de este consentimiento, y de que éste es plenamente libre”.

Al analizar el actuar del Tribunal Oral N° 3, los jueces de Cámara manifestaron que este “no ha tomado en serio su deber de oír a la niña” según estándares internacionales y nacionales. Más aún, el Tribunal “no ha emprendido un examen exhaustivo de esa declaración, y se ha limitado a afirmar que surgen contradicciones, sin embargo no ha señalado ninguna contradicción interna, salvo la inexistencia de una ´resistencia´ inequívoca y en su discurso posterior lo que emprende es un examen externo, incompleto y arbitrario, del que infiere que es posible que la niña hubiese dado consentimiento a cada uno de los repetidos coitos que tuvo con el imputado”. Por otra parte, sostuvieron que, en su sentencia, el Tribunal “no tiene claro el aspecto espiritual inherente al trato sexual entre personas libres, y es incapaz de trazar un límite practicable entre fuerza y consentimiento” y que “[e]sta suspicacia reposa en el estereotipo machista según el cual las mujeres que dicen no, si no resisten denodadamente, quieren decir ´tal vez´ o ´sí´”. Seguidamente, los jueces de Cámara se preguntaron “¿[c]uál es la resistencia de la que el juez de primer voto inferiría un abuso, y cuál la débil resistencia que según el juez permite sospechar consentimiento libre para el acto? Ello en la sentencia no se explica”.

Finalmente, la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal señaló que “[l]a arbitrariedad por omisión de valoración de elementos de prueba que podrían ser dirimentes, como es el relato de la niña presunta damnificada, conduce ineludiblemente a la nulidad de la sentencia por defecto de fundamentación”. Por este motivo, resolvió “reenviar el caso para que por otro tribunal se realice un nuevo juicio y se dicte nueva sentencia”.

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