La desaparición de una niña y la explotación de los medios de comunicación

El caso de M. trajo varias preguntas acerca de la privacidad de las y los menores de edad, en especial en situaciones de violencia y de vulnerabilidad.

 

(Buenos Aires – 25 de marzo de 2021) - A inicios de marzo el país estuvo pendiente de la historia de M., una niña de 7 años que fue secuestrada por un hombre quien la tuvo por tres días en cautiverio. El lunes 15 de marzo, Carlos Savanz le preguntó a la madre de M. si podía llevarla de paseo, a lo cual ella accedió. El hombre y la niña fueron captados por diferentes cámaras de seguridad en Capital Federal y el conurbano y se emitió la alerta Sofía para localizar a la niña. Su foto y nombre circuló por las redes sociales, medios de comunicación y grupos de WhatsApp. Finalmente la niña fue hallada con vida por una mujer de Luján quien había visto al hombre por el barrio. Savanz fue detenido y la niña fue rescatada. Pero allí no terminó la historia.

M. proviene de una familia pobre en situación de calle. Ella y su madre vivían en una carpa al costado de la autopista Dellepiane. Desde el minuto cero de la cobertura de su desaparición, este fue un factor sobreexplotado por los medios de comunicación que invadieron no solo la vida privada de la niña, sino también de la familia. Uno de los puntos tratados constantemente fue el rol de la madre de M. y su adicción a las drogas. Tras el hallazgo de la niña, la mujer fue entrevistada en el programa Seres libres conducido por el actor Gastón Pauls y que trata la temática de adicciones, donde relató su adicción a la pasta base y también reiteró su pedido por un lugar para vivir. Esta entrevista fue tomada por distintos medios de comunicación que repetían las frases dichas por la mujer. La mujer, que sufre una adicción y vive en un estado de completa vulnerabilidad, fue juzgada como una “mala madre”, situación que viven miles de mujeres que tienen que maternar en situación de pobreza[1]. En este caso, esta situación suma un condimento más al amarillismo que produjo la noticia del secuestro, es un punto más al rating de las noticias.

Al mismo tiempo este caso tuvo la presencia de diferentes personas políticas, funcionarios públicos que opinaron y fueron entrevistados por los medios, tales como  Sergio Berni, ministro de seguridad de la Provincia de Buenos Aires y Diego Santilli, vicejefe de gobierno porteñoEn una nota de La Nación[2], destacaron las declaraciones del ministro: “Tengamos en cuenta que la provincia tiene 31 millones de manzanas, hay que rastrillar y analizar toda la información”, “Es como la búsqueda de un tesoro”. Esta misma nota detalló paso a paso los lugares y horarios en los que estaban investigando y también los momentos en los que detenían los rastrillajes. Toda esta era información que jugaba en contra de la investigación ya que podía alertar al secuestrador en caso de que hubiese tenido acceso a los medios de comunicación.

Desde el minuto en que empezó a circular la noticia de la desaparición tanto el nombre de la niña como su foto tuvieron vía libre de circulación. En  el marco de una búsqueda de paradero esta información, junto con la ropa que tenía puesta y descripciones del momento de su desaparición, podían colaboran con la investigación. Cuando fue hallada, su nombre cambió a solo una inicial y sus fotos comenzaron a ser censuradas.  Resulta una práctica común en grupos feministas quienes ante la aparición de alguna mujer, niña, niño o adolescente desaparecida comienzan a pedir que quienes hallan difundido esas fotos den de baja esos posteos. Esto en parte tiene que ver con la protección de la privacidad de esa persona, en especial en un caso como el de M. en que se trata de una menor de edad.

La Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes[3] destaca el Derecho a la dignidad de niños y niñas prohibiendo “exponer, difundir o divulgar datos, informaciones o imágenes que permitan identificar, directa o indirectamente a los sujetos de esta ley, a través de cualquier medio de comunicación o publicación en contra de su voluntad y la de sus padres, representantes legales o responsables, cuando se lesionen su dignidad o la reputación de las niñas, niños y adolescentes o que constituyan injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada o intimidad familiar". La Defensoría del Público[4] también emitió una serie de recomendaciones para el tratamiento de los casos de niñas, niños, adolescentes extraviados. Entre ellas afirman: “previo a difundir imágenes o datos del niño, niña o adolescente, se recomienda consultar y pedir autorización a los organismos competentes intervinientes, ya que en algunos casos la difusión de imágenes puede generar más riesgos para las niñas y niños que los posibles resultados a obtener”. Al eliminar su foto, más allá de que la misma ya había circulado, los medios de comunicación están acatando las obligaciones de una ley y ayudando a proteger los derechos de una menor de edad[5]. Son dos cosas muy distintas cuando una fotografía se utiliza con un fin práctico de ayudar a una investigación o como forma de indagar en la vida privada de la niña.

Pero la historia de M. nos lleva a otra cuestión que los medios de comunicación raramente interpelan. Una vez hallados esas niñas y niños, ¿Qué sucede con ellas y ellos? De M. se sabe que fue llevada a un hospital donde fue atendida y luego  puesta bajo custodia. Uno de los puntos más importantes era que no volviera a la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba antes. Pero así como el  de M. hay otros miles en el país. Según UNICEF[6] el 2020 terminó con casi el 63% de las infancias de Argentina en situación de pobreza, aproximadamente 8.3 millones de niñas y niños. Su historia nos sensibilizó y nos mantuvo al vilo durante tres días, pero su hallazgo no debe significar que descuidemos su situación y la de muchas otras y otros. Es necesario seguir discutiendo, crear y aplicar recursos y políticas públicas que nos permitan ayudar sin revictimizar.


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