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BAE. Argentina. 31/10/2011 

Presidentas, ministras, juezas, gobernantas, cada vez más espacios de poder terminan con A
 
Más de veinte mujeres en todo el mundo ocupan puestos claves de decisión

Por Gabriela Granata

Ellen Johnson Sirleaf, Pratibha Devisingh Patil, Mary Patricia McAleese son nombres casi desconocidos aunque tienen un punto en común con la Argentina. Como Cristina Fernández, llegaron a colocarle nombre de mujer a la Presidencia de sus países: Liberia, India e Irlanda. No son las únicas. El caso se repite en más de veinte países, sin distinción de tamaño: gobiernan tanques políticos y económicos como Dilma Roussef en Brasil -la octava economía del mundo- o María Luis Berti en la pequeña república de San Marino, con una superficie de sólo 60 kilómetros cuadrados, algo así como la cuarta parte de la ciudad de Buenos Aires.

Presidentas, cancilleres, primeras ministras, vicepresidentas, titulares de Bancos Centrales y referentes en puestos claves de la Justicia, la representación femenina se extiende en la política, la economía, el parlamento y puestos de decisión desde los más avanzados países nórdicos hasta las ex colonias africanas sacudidas por guerras civiles como Liberia.

En América latina la cuenta es fácil. Cristina Fernández acaba de conseguir su reelección presidencial; Roussef atraviesa su primer año de gestión como primera jefa de Estado de Brasil, y Laura Chinchilla juega el mismo rol en Costa Rica. Los antecedentes de mujeres electas por el voto popular como presidentas son los de Mireya Moscoso, en Panamá y de Michelle Bachelet, en Chile.

“Tener una mujer presidenta valida que la sociedad argentina ha avanzado en aceptar la diversidad y la pluralidad. Si las mujeres somos más del 50 por ciento de la población, la ocupación de espacios ejecutivos, legislativos, en empresas implica democratizar las voces en el poder”, le dijo a BAE Mariana Morelli, investigadora del Equipo Latianoamericano de Justicia y Género (ELA). Para Morelli, la inclusión de mujeres en puestos de decisión tiene estímulos múltiples. Así como la ley de cupos provocó que hoy cerca del 40 por ciento del Congreso nacional esté integrado por mujeres, en otras áreas de poder existen determinantes de prejuicios sociales que, según advierte, requieren la intervención del Estado.

“Hay ciertos prejuiciossobre los roles asignados a mujeres y varones. Todavía persiste la idea de que las mujeres deben ocuparse cuando en la familia hay alguna persona dependiente, anciano, niño, con discapacidad. El Estado debe proveer una estructura de cuidados y servicios, que no sobrecargue a las mujeres para que puedan incorporarse o mantenerse en el mercado de trabajo”, agrega Morelli.

Como ejemplo, la investigadora del ELA menciona las socialdemocracias de los países nórdicos que tuvieron “un modelo de intervención social del Estado que permite no sólo la inclusión de género, sino también de diversidad sexual”. Como el caso de Tarja Halonen, presidenta de Finlandia que tiene además una primera ministra, Mari Kiviniemi; o de Jóhanna
Sigurðardóttir, primera ministra de Islandia.

De la superpoderosa canciller de Alemania, Angela Merkel -que ocupa el centro de la escena en las negociaciones para que Europa supere la crisis financiera-, a las luchadoras por la igualdad social en Africa, pasando por las poco conocidas gobernantes como Louise Agnetha Lake-Tack, de Antigua y Barbuda, las presidentas Dalia Grybauskait (Lituania ); la vice de Malawi, Joyce Hilda Banda o las primeras ministras de Eslovaquia . Islandia, Malí y Australia, las democracias de los distintos puntos del planeta dejaron de mirar extrañadas la irrupción de las mujeres en puestos claves de poder. Una cuenta pendiente con más notoriedad tal vez, en el sector privado, donde según un relevamiento realizado por el ELA, menos del 10 por ciento de los cargos de CEO y de directores están ocupados por mujeres.

Si se tiene en cuenta que la ONU tomó como uno de los objetivos del milenio la igualdad de género, es de esperar que sea sólo una cuestión de decisión que los Estados miembro implementen políticas activas a favor de la democratización y el pluralismo.

Las batallas de Ellen Sirleaf
Johnson y tuvosu premio. No sólo se convirtió en la primera presidenta de Africa al asumir la gestión en Liberia, sino que a principios de octubre fue galardonada con el premio Nobel de la Paz junto con otras dos mujeres, Leymah Gbowee -activista contra la guerra civil- y la yemení Tawakkul Karman, primera árabe que gana el premio.

Economía y Justicia siguen el paso
La Argentina puede sumar varios renglones al acceso de la mujer a espacios de decisión. Un caso es el de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont.

Antes, ya había jalonado la historia de la igualdad de género el proceso de recambio en la Corte Suprema de Justicia: no sólo por primera vez accedieron mujeres, sino que una de las dos ministras del Alto Tribunal, Elena Highton de Nolasco, ocupa la vicepresidencia.

Un caso más sorprendente aún se produce en la paupérrima Ruanda, azotada por el hambre y la miseria. La presidenta del Tribunal Supremo es una mujer, Aloysie Cyanzayire. Ruanda suma otro dato sorprendente: tiene la mayor proporción de mujeres presentes en el Parlamento de todo el mundo, con 48,8% según un informe de la Unión Interparlamentaria, que la ubica por delate de Suecia.
 
 

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