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Conciliar el cuidado de la familia y el trabajo: cosa de mujeres
 

En un suplemento del domingo 24, el diario Crónica publicó un informe especial titulado Elegir entre los hijos y el trabajo, en el que presentan los resultados de un estudio realizado por la Fundación Observatorio de la Maternidad. Los resultados confirman que, con la llegada de los hijos, muchas mujeres deben apartarse del mercado laboral mientras que los varones no se ven afectados por el mismo suceso. La conciliación entre la familia y el trabajo sigue siendo una cuestión femenina.

Algunos números:
- 4 de cada 10 madres abandonan sus empleos al momento de tener a sus hijos/as
- La mayoría de las mujeres que abandonan sus empleos al ser madres tienen entre 18 y 24 años.
- Participa del mercado laboral el 79,2 por ciento de las mujeres jefas de hogar o cónyuges sin hijos; el 64 por ciento de las que tienen una o dos criaturas; el 58 por ciento con tres o cuatro chicos; y solo el 45,3 por ciento con más de cuatro.
- El 34 por ciento de las madres tiene un empleo informal, sin la cobertura ni los beneficios de la seguridad social que implica uno formal.

“La maternidad en los últimos treinta años ha cambiado radicalmente. Las madres no solo tienen la función asignada tradicionalmente de atender a sus hijos, sino que ahora compiten con el hombre en el mercado laboral y con otras mujeres por mantener sus puestos de trabajo, que en muchos casos es fundamental para el sostenimiento de sus familias”, afirma la politóloga Carina Lupica desde la Fundación Observatorio de la Maternidad, consultada por Crónica. La especialista también explica que el proceso de crianza no es responsabilidad exclusiva de las madres, sino que es un compromiso social que comparten con padres, abuelas, abuelos y otros actores de la comunidad.
Según afirma Lupica, la diferencia de porcentaje que existe entre la participación laboral de la mujer y el hombre en la Argentina “se llama desventajas de la maternidad en el mercado de trabajo”.

En un recuadro, el diario sostiene que, según los expertos, una de las soluciones al problema de la desigualad en lo que respecta a quién se hace responsable de las tareas de cuidado, es que los varones pueda reorganizarse en su trabajo y en sus actividades para ejercer así un rol más activo en el cuidado de sus hijos. Sin embargo, estas modificaciones no dependen únicamente de las intenciones de los varones. La regulación laboral tiene un grado importante de responsabilidad en esa división social del trabajo en función del género. Esto queda de manifiesto, por ejemplo, en la regulación de las licencias por maternidad y paternidad, la imposibilidad de que las familias resuelvan que sean los varones quienes puedan gozar de un “período de excedencia” sólo habilitado para las mujeres, y la ausencia de licencias especiales para la atención de las diversas responsabilidades de cuidado de las personas dependientes del hogar, que se extienden mucho más allá del hecho biológico del nacimiento y el primer año de vida.

En la nota publicada por crónica tampoco se aborda el tema del cuidado desde un enfoque de derechos. En el 2011, ELA realizó el estudio De eso no se habla: el cuidado en la agenda pública, donde se destaca que el trabajo reproductivo no es considerado como tal, así como tampoco la necesidad de recibir cuidados se perciben como un derecho de las personas.

La propuesta formulada desde ELA es una propuesta integral porque la demanda de cuidado cruza a toda la sociedad. “Promovemos que el cuidado sea considerado un derecho universal para cada persona y desvinculado por ejemplo de la relación laboral (que se concentra en las licencias por maternidad o para varones por nacimiento de hijos). Se trata del derecho a cuidar, ser cuidado y a cuidarse” explica Laura Pautassi, una de las investigadoras de ELA a cargo del estudio, y agrega que aplicando un enfoque de derechos y teniendo en cuenta las consideraciones establecidas en la Constitución y en los tratados internacionales, puede identificarse como un derecho universal que demanda que haya sujetos para satisfacerlos. “En este caso el Estado está obligado a proveer infraestructura de cuidado pero también regular que los empleadores privados apliquen medidas de conciliación trabajo-familia, como guarderías, salas de lactancia y permisos laborales” plantea Pautassi.

La responsabilidad de las tareas de cuidado no debería recaer únicamente en las mujeres ya que esto tiene efectos adversos no solo para su desarrollo personal y sus posibilidades de ejercicio de la autonomía sino que además coarta la libertad de las familias de elegir cuál es el modelo de cuidado más adecuado para sus necesidades e intereses . El Estado, principalmente, y la sociedad en su conjunto deben trabajar para lograr que esto cambie para así construir una sociedad más igualitaria.
 

 
 
 

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