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El embarazo de la polémica
 

La gran noticia de la semana pasada a nivel mundial fue la presentación de la nueva CEO de Yahoo!, Marissa Mayer, quien trabajó para Google durante 14 años y en donde fue la primera mujer de su equipo de ingenieros.

La noticia saltó rápidamente a los medios de comunicación, no tanto porque una de las principales cabezas de Google se había pasado a Yahoo! con el importante desafío de mejorar la performance de esa compañía, sino porque el traspaso fue de una mujer joven y … embarazada.

De acuerdo a una nota de The Wall Street Journal Americas publicada por La Nación en su edición del jueves 18, Mayer sería la primera presidenta ejecutiva embarazada de una de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos.

A poco de conocida la noticia, el directorio de Yahoo! informó que el embarazo de Marisa Mayer no había sido en ningún momento considerado como un impedimento para su contratación. Es una buena señal: se contrata a una mujer (a una persona) por su talento y su capacidad específica para el trabajo y el embarazo no aparece como un dato relevante que tenga que ser tenido en cuenta (del mismo modo que su color de piel, su orientación sexual, su religión, su estado civil). Bueno sería que esto fuera así.
 

 

Pero inmediatamente Marisa Mayer informó que tomaría pocas semanas de licencia de maternidad y que trabajaría desde su casa inmediatamente luego del parto. Una señal no tan buena. ¿El precio para tomar roles ejecutivos de primer nivel es la disponibilidad absoluta hacia el empleo? ¿Aún inmediatamente luego del nacimiento de un hijo? ¿Esta es la igualdad que se ha alcanzado?

Si el embarazo no es un dato relevante que genere un obstáculo para la contratación, permanencia y avance de la mujer en el empleo, entonces nadie debería esperar que la mujer embarazada haga una aclaración sobre los pocos efectos que el embarazo (y la maternidad) tendrá en su “productividad”. La señal de alarma se enciende con la aclaración, que parece decir “no se preocupen, aún embarazada, o aún luego de dar a luz, mi disponibilidad full time para el trabajo no cambiará y seguiré trabajando como siempre, como si no tuviera responsabilidades hacia ninguna persona dependiente” ¿Cómo un varón?

Aquí está uno de los problemas centrales que no mostraron las noticias que cubrieron el nombramiento de Marisa Mayer: se naturaliza el hecho de que las personas en cargos ejecutivos deben brindar una disponibilidad absoluta hacia el empleo, y sólo se menciona a las mujeres como las artífices de las estrategias necesarias para conciliar sus responsabilidades familiares y sus responsabilidades laborales.
 
 

Cuando de hijos se trata, en general estos niños tienen padre. En la nota principal publicada en La Nación el sábado 21, las mujeres que relatan sus estrategias para conciliar la maternidad con sus empleos, en ningún caso mencionan a los padres de las criaturas. En el relato entran las empleadas y hasta los abuelos, pero no los varones que presumiblemente también tienen una actividad profesional o económica, y tal vez una relación de paternidad con esos niños y niñas.

El segundo problema que dejó entrever la cobertura periodística de esta noticia es que las empresas están cada vez más dispuestas a establecer políticas de “conciliación trabajo / familia” porque claramente necesitan no sólo contratar a los mejores talentos, sino también asegurar su permanencia en la empresa más allá de las circunstancias de sus vidas. Pero la pregunta que se impone es si estas políticas empresarias se aplican solamente a las ejecutivas cuyos talentos se desea retener, o si también alcanzan a las empleadas administrativas y trabajadoras menos calificadas.

El derecho a la licencia por maternidad (sólo asegurado, por otra parte, para las mujeres que tienen una relación de empleo formal) es insuficiente para responder a las demandas de las personas dependientes de las familias (que no sólo son los niños y niñas sino también personas con discapacidades, adultos mayores, personas enfermas) en una dependencia que de ningún modo acaba con el primer año de vida.
Reconocer esta dependencia es una obligación del derecho más allá del hecho biológico del nacimiento. Pero sobre todo, es imprescindible reconocer que somos responsables de las personas dependientes de nuestras familias tanto las mujeres como los varones, y que ambos debemos ser destinatarios de políticas más amplias establecidas desde el Estado, aplicadas por el mercado y aceptadas por la sociedad, para que la dependencia de algún integrante de la familia no se convierta en discriminación, siempre en contra de las mujeres.

 
 

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