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CLARÍN. SOCIEDAD. 30.03.2007

TENDENCIAS: ENCUESTA EN CAPITAL FEDERAL, GRAN BUENOS AIRES, ROSARIO Y CORDOBA
El 40% de las mujeres que deja de trabajar lo hace por su familia
 

 

La mayoría lo hizo para dedicarse a cuidar a sus hijos. Sólo el 20% dijo que lo ideal "es vivir sin trabajar". Según el estudio, ellas siguen teniendo poca ayuda de los hombres en las tareas de la casa.

Sibila Camps

En los grandes conglomerados de la Argentina, la principal razón por la cual las mujeres dejan de trabajar es familiar. Cuatro de cada diez mujeres que deciden quedarse en la casa, lo hacen sobre todo para cuidar a los hijos. Esto se vincula con las dificultades para delegar su cuidado, y con la escasa colaboración de su pareja.

El Equipo Latinoamericano de Justicia y de Género (ELA) presentó ayer las conclusiones de su encuesta "Situación y percepción de las mujeres argentinas acerca de sus condiciones de vida". El relevamiento abarcó 1.600 mujeres de 18 a 69 años, residentes en los principales aglomerados urbanos: área metropolitana, Gran Córdoba y Gran Rosario.

En el momento de la encuesta (hace un año), el 49% de las consultadas trabajaba. El 40% no trabajaba pero sí lo había hecho antes. De esas 640 mujeres, el 41% había dejado su empleo rentado por razones familiares: embarazo, cuidado de los hijos o de otro familiar (38%), o porque su pareja no quería que trabajara (3%).

Las razones familiares tienen mayor peso entre las mujeres de 30 a 49 años. Entre las que tienen de 30 a 39 años, dos de cada tres dejó el empleo por esa causa. Otro dato que llama la atención es que entre las mujeres que viven en pareja y tienen hijos chicos, dos de cada tres que abandonaron el trabajo, lo hicieron para cuidarlos. Los autores del trabajo lo relacionan con la carencia de guarderías gratuitas.

La abogada Laura Pautassi, investigadora del Conicet—UBA y miembro de ELA, señala que se plantean dos dilemas, dos respuestas: "Una es la de quien dice 'Yo cambio mi sueldo pero no dejo de trabajar afuera'. La otra es ésta: 'Hicimos una evaluación familiar, y antes de que los chicos estén con una persona extraña —que también falta porque a su vez tiene que cuidar a sus hijos—, mejor me quedo en casa".

"Culturalmente, los varones no se responsabilizan del cuidado de los hijos, y la legislación lo refuerza: el empleador está obligado a poner una guardería o a pagarla si su empresa tiene más de 50 mujeres trabajadoras, y no 50 trabajadores —apunta Pautassi—. Las leyes laborales asumen que es la mujer quien se hace cargo de los hijos, no la pareja".

Aún así, apenas el 1% accede a esa opción. La encuesta revela otro dato preocupante: el 4% de las mujeres no tiene más remedio que dejar solos en la casa a sus hijos menores de 14 años.

El estudio analiza la articulación entre ocupaciones rentadas y tareas domésticas, y la participación de la pareja en estas últimas. "Las llamamos trabajo reproductivo, porque permite garantizar la reproducción social —explica la investigadora—. Luchamos por que se lo reconozca como trabajo socialmente útil: si las mujeres decidimos no tener hijos, se acaba la humanidad".

La intervención masculina en los quehaceres hogareños es mínima, y se concentra en las actividades menos rutinarias: hacer las compras (participan hombres en el 30% de los casos), acompañar a los hijos en sus actividades (28%), llevarlos a controles médicos (25%) y cuidarlos (24%). "Los hombres dicen 'yo colaboro con mi mujer', no 'yo reparto las tareas con mi mujer", observa la presidenta de ELA, doctora Haydée Birgin.

"Los hombres ayudan poco, trabajen o no sus parejas", agrega. Las mujeres, en cambio, dedican a las tareas domésticas un promedio de 37 horas por semana si no tienen empleo remunerado, 30 si trabajan tiempo parcial, y 23 horas tanto si trabajan jornada completa como si están sobreocupadas. Con hijos y pareja, las obligaciones hogareñas les insumen 37 horas semanales, 35 si están solas con los chicos, y 26 si viven en pareja, pero sin hijos.

"Para que una persona económicamente activa pueda ingresar al mercado de trabajo, necesita que alguien se ocupe de esto", señala Pautassi. En 1995, el PNUD cuantificó el trabajo reproductivo en 16 billones de dólares anuales en contribución al PBI mundial. Incluye, cada vez más, el cuidado de familiares ancianos, aunque se tiende a internarlos en geriátricos.

"También en eso hay una especificidad de género: las mujeres somos más longevas, pero tenemos que prepararnos para eso —advierte Pautassi—. Sólo la mitad de las trabajadoras percibe todos los beneficios laborales, y el 31% no tiene ninguno. ¿Quién se hará cargo de las que no hicieron ningún aporte, y además tienen hijos en situación de pobreza? No es una marginal, sino una trabajadora informal". Las más afectadas son las empleadas domésticas, atadas a un estatuto de 1956 que ni siquiera les cubre la licencia por maternidad, "algo que viola todo precepto constitucional", subraya la investigadora.

"Al incorporar esta perspectiva —resume—, buscamos incluir un principio ético—político, la equidad de género, que no es más que la equidad social".

http://www.clarin.com/diario/2007/03/30/sociedad/s-03015.htm
 

 
 

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