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Cuchillos en lugar de soluciones
 

En India, un partido opositor comenzó a repartir entre las mujeres cuchillos como un modo de defensa ante ataques sexuales. Nueva Delhi es llamada “la capital de las violaciones” y el Estado no se hace cargo de esta situación.

En Bombay (India), un partido opositor comenzó a repartir cuchillos y ají picante entre las mujeres como un modo de defensa ante la ola de ataques sexuales. Nueva Delhi es conocida como “la capital de las violaciones” y Bombay, en ese sentido, representa una ciudad más segura para las mujeres.

“No tengan miedo de usar los cuchillos si alguien las ataca”, dice una mujer en la campaña lanzada por el diario del partido. Y agrega: “Hemos armado un grupo de nueve asesores para protegerlas de cualquier demanda judicial que pueda surgir”, informó Clarín en su edición del 26 de enero.

De acuerdo con lo publicado por el diario, el vocero del movimiento calificó la campaña como un “gesto simbólico” y un mensaje a los abusadores de mujeres “de que las mujeres ‘tienen poder y pueden cuidarse a sí mismas’. Sin embargo, una respuesta más adecuada para terminar con este tipo de agresiones no es que las mujeres tengan armas, sino que el Estado tome cartas en el asunto.

La noticia, se relaciona con el último ataque sexual grupal ocurrido el 16 de diciembre en Nueva Delhi en el que la víctima finalmente murió por las heridas recibidas. Este caso provocó un gran revuelo, tanto a nivel nacional como internacional, y diversos sectores se manifestaron en defensa de los derechos de las mujeres.

Según datos de la Oficina Nacional de Registro de Crímenes publicados por Página12 en su edición del 4 de enero, cada 20 minutos una mujer es violada en la India, pero sólo en uno de cada cuatro casos el violador es condenado, debido a la “inmensa corrupción” en la fuerza policial. En las últimas cuatro décadas, los abusos sexuales aumentaron casi un 875 por ciento: sólo en 2011 ocurrieron 24.206 violaciones.

En una editorial publicada el 5 de enero, La Nación señala que la violencia de género ha aumentado a medida a medida que la mujer ha ido integrándose a la sociedad, concurriendo a las universidades y compitiendo con los varones por las oportunidades de trabajo. “A mayor presencia social, mayor riesgo para la mujer de ser maltratada, lo que es absurdo”, afirma.

En la misma línea se encuentra la nota de opinión en Clarín, firmada por la feminista Naomi Wolf quien afirma que la conexión entre violación, privilegios masculinos y denigración femenina, que fuera una de las premisas feministas en los años 70, es todavía un tema pendiente en algunos países como India. “Es que en el mundo subdesarrollado, las mujeres corren un peligro especial” afirma Wolf y continúa: “El hecho de que hayan abrazado la autonomía y la movilidad libre las arriesga a entrar en conflicto con un orden público que sigue viendo a las mujeres a través de una lente previa al feminismo. Las ‘chicas buenas’ que se quedan en sus casas no debieran ser violadas, mientras que las ‘malas’ que reclaman su derecho al espacio público están disponibles.”

La cobertura en los medios monitoreados de este repudiable ataque ocurrido en la India trascendió el hecho noticioso y avanzó hacia el análisis del fenómeno, procurando incluir voces y argumentos que intentan explicar de un modo complejo la violencia contra las mujeres que persiste en números escandalosos.

En ese sentido, queda claro que la apelación se dirige hacia la intervención contundente del Estado con políticas públicas bien planificadas y adecuadamente financiadas. Aunque la propuesta de brindarles “armas” a las mujeres para que puedan defenderse de un potencial ataque puede haber partido de una buena intención, claramente no es una solución al problema.

 
 

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