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No es falta de cariño, es desigualdad
 

Laura Gutman escribió una columna de opinión vinculada con los noviazgos violentos en la que afirma que la ausencia de cariño materno en la infancia es lo que provoca que varones y mujeres establezcan relaciones violentas. 

En su edición del domingo 10 de febrero, La Nación publicó una nota sobre noviazgos violentos. Una de las columnas que acompañaban esa pieza fue Desamparo y carencias que pesan en el futuro, firmada por la autora Laura Gutman.  La columna comienza afirmando que para entender el conflicto es necesario observar los escenarios completos, cosa que es cierta. En el caso de la violencia contra las mujeres, es de suma importancia entender el contexto.

Sin embargo, para hacer un resumen, la autora asegura que algunos varones agredan a sus parejas mujeres manteniendo relaciones violentas es responsabilidad de las madres de ellos, que no les demostraron tanto cariño como necesitaban mientras crecían.

Gutman dice: “Entonces, los varones controlamos a las muchachas. Sentimos que esa "obsesión" es prueba de nuestro amor. Las queremos sólo para nosotros: nos pertenecen y no estamos dispuestos a compartir un solo suspiro”. En cuanto a las mujeres, Gutman asegura: “Las chicas provenimos de las mismas historias de desamparo y carencia materna. Por eso nos enamoramos de un joven que sólo tiene ojos para nosotras, que enfurece si alguien nos mira, nos toca o nos distrae”, asegura Gutman.

Situar toda la responsabilidad de estas relaciones violentas en las madres de las personas involucradas y al cariño o atención que les brindaron en su infancia, no solo es minimizar el problema sino que también reproduce el ideario patriarcal, a través de un discurso sumamente estereotipado. La desigualdad entre varones y mujeres es consecuencia de la educación que se recibe (no sólo en las casas) en esta sociedad patriarcal en la que vivimos, en la cual el varón es superior a la mujer y tiene, en consecuencia, poder y derechos sobre su persona.

La solución para erradicar la violencia contra las mujeres no puede recaer únicamente en las madres.  Tal como establece en su artículo 10 la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), los Estados deberían adoptar todas las medidas apropiadas, especialmente en el sector de la educación, para modificar las pautas sociales y culturales de comportamiento del hombre y de la mujer y eliminar los prejuicios y las prácticas basadas en la idea de la inferioridad o la superioridad de uno de los sexos y en la atribución de papeles estereotipados al hombre y a la mujer.

 
 

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