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Infobae. 10/03/2013

Pese a que hubo avances, la mujer aún sufre la inequidad laboral

 

Las últimas encuestas revelan que hubo conquistas firmes para el género pero que aún existen muchasdiferencias con respecto a los hombres. Infobae dialogó con especialistas  

Por Ana Cabral

Según un sondeo elaborado por la consultora en Recursos Humanos Organizados Rhuo a propósito del Día Internacional de la Mujer, el 52 por ciento de las mujeres considera que recibe menores salarios que los que obtienen los hombres por igual tarea. Además, el 59 por ciento de las consultadas sostiene que, ante situaciones iguales, el hombre tiene más posibilidades de acceder a cargos directivos y puestos de decisión.

“El acceso masivo de las mujeres al trabajo se produjo a partir de la década del 60. Si tomamos como perspectiva los últimos 50 años, la evolución es muy importante. Hay lugares que antes eran vedados y hoy no. Un gran ejemplo es que hoy en día tengamos  una presidenta mujer, o que tengamos ministras. Eso algo inédito”, aseguró Diana Maffía, ex diputada de la Ciudad de Buenos Aires y actual miembro del Consejo Académico del Centro de Formación Judicial del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires.

Y continuó: “Esto se lo debemos en efecto a la Ley de cupos, sancionada a mediado de los 90. Hasta ese momento la participación de mujeres en política era importante pero los lugares representativos eran ínfimos. La Ley de cupos tuvo efecto en cuerpos colegiados como organizaciones”.

Maffía detalló que hace unos años las mujeres participaban en puestos de trabajo menores y que en los lugares de decisión solo estaban los hombres. Sin embargo, hay espacios profesionales que aún son difíciles para las mujeres como la medicina o el ámbito judicial.

“Es muy difícil que haya cirujanas, pero sí pediatras. Es más fácil encontrar juezas civiles pero no juezas penalistas. Algo similar ocurre en las universidades. Es difícil encontrar rectoras. La pionera es la de la Universidad de Lanús, pero la Universidad de Buenos Aires nunca tuvo”, agregó.

De acuerdo con el mencionado estudio y en relación con la maternidad, más de la mitad de las argentinas considera más apropiado postergarla hasta tener una posición consolidada, para poder dar a sus hijos todo lo que necesitan. Esta opinión prevalece, sobre todo, entre las generaciones más jóvenes y disminuye a medida que aumenta la edad de las entrevistadas.

Por otra parte, casi el 70 por ciento de las entrevistadas considera que las probabilidades de conseguir trabajo o un ascenso se reducen al tener un hijo menor de cinco años.

“A las compañías les cuesta manejar estas situaciones, pero a las mujeres también. De todas maneras, cada vez más empresas contratan a mujeres embarazadas para tareas ejecutivas. Hace unos años eso era impensable”, informó Ana Renedo, miembro de Grupo Rhuo.

Y agregó: “Hay una tendencia a retrasar la maternidad no solo por los aspectos laborales sino con el hecho de que la satisfacción personal no pasa solamente por tener hijos”.

En ese sentido, para Maffía, muchas mujeres prosperan en sus trabajos a costas de su vida personal: “Mejorar laboralmente tiene como contraparte la frustración de no poder llevar adelante una vida familiar como habían imaginado, porque los dos roles, el profesional y el familiar, son de tiempo completo y no podemos tener más de un tiempo completo”.

La especialista remarca que de esa manera se termina cayendo en el estereotipo de una madre abnegada que no tiene proyecto personal o una con aspiraciones profesionales que no tiene preocupación familiar, algo que no le sucede a la mayoría de los hombres.

“Hay empresas que están experimentando estas flexibilizaciones como por ejemplo que el tiempo de trabajo se divida entre el domicilio y la empresa. Se pudo comprobar que el rendimiento es el mismo porque no todo trabajo necesita ser presencial”, detalló Maffía.

“Las compañías ahora son más flexibles y se fijan más en el cumplimiento de los objetivos que en del horario”, destacó Mariela Aliandri, gerente de Capital Humano de Grupo RHUO.

“Esto se da mucho en compañías internacionales, pero las locales se van sumando a esta tendencia porque si no se quedan sin recursos”, aseguró Renedo.

De todas maneras, Aliandri afirmó que esta flexibilidad se tiene con mujeres que ocupan cargos medios a altos y que aquellas que cuentan con menor protección son las que se encuentran en la base de la pirámide como, por ejemplo, las operarias de planta o personal de maestranza.

Pero quizás sea el caso del servicio doméstico el más notable en cuanto a la desprotección que sufren las trabajadoras. La investigadora del CONICET y la Universidad de Buenos Aires e integrante del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), Laura Pautassi, sostuvo: “El servicio doméstico remunerado ha tenido un tratamiento discriminatorio en la Argentina, regulándose aún por medio de un Estatuto Especial de 1956 sin aplicarse la Ley de Contrato de Trabajo que rige para los asalariados formales”.  

“Fundamentalmente en lo referido a tres aspectos centrales: requisitos para gozar de la protección de la ley, sistema de Preaviso e indemnización por extinción del vínculo. Tampoco gozan de licencia por maternidad, permiso de lactancia y obligatoriedad de provisión de guarderías o monto equivalente”, añadió Pautassi.

La especialista mencionó además que “en el año 2001 se habilitó la posibilidad de regularizar el empleo doméstico a partir de realizar aportes al sistema de seguridad social, de modo que las trabajadoras cuenten con esta posibilidad de acumular para su beneficio previsional y acceder a un sistema de seguro de salud. Sin embargo, esta medida, de neto corte fiscal, termina siendo un subsidio a los sectores medios que a través de ella pueden devengar anualmente la totalidad del aporte de sus contribuciones al impuesto a las ganancias”.

De todas maneras, Pautassi reveló que “el 8 de marzo de 2010 fue presentado un proyecto de Ley de equiparación de derechos de las trabajadoras domésticas con el resto de los trabajadores asalariados, que fue aprobado recién en marzo de 2011 por unanimidad en la Cámara de diputados, lo mismo ocurrió en el Senado, donde fue aprobado pero no se convirtió en ley, sino que volvió a comisiones y ahora paso nuevamente a diputados para su aprobación final. Se está perdiendo una oportunidad única, y un deber de respeto y garantía de derechos, con la delación en la equiparación en los mismos derechos con los demás trabajadores asalariados formales. Si bien en el proyecto hay puntos que deberían haberse trabajado más, sin dudas implica un avance”, sintetizó Pautassi.

Por su parte, Maffía resaltó que el no reconocimiento de las tareas domésticas como trabajo genera que muchas mujeres sean víctimas de explotación. “Cumplen doble jornada, algo que en los hombres no sucede. Cuando termina su jornada laboral ellos quedan libres para recrearse o perfeccionarse. Las mujeres casi nunca tienen esas libertades y están a cargo, la mayoría de las veces, de la crianza de sus hijos”.

Sobre la polémica presunción acerca de que hay trabajos específicamente para hombres y otros especialmente para mujeres, Maffía manifestó no estar de acuerdo ya que eso restringe el acceso a aquellos o aquellas que no son del sexo al cual se asocia esa capacidad.

En relación a los temas aún pendientes en nuestra sociedad en pos de achicar las inequidades de género, Maffía hizo énfasis en la necesidad de no crear estereotipos, ni para mujeres ni  para varones. “Deberíamos eliminar los estereotipos de las profesiones y de la educación. Generar en la educación un desarrollo sin violentar su propia naturaleza y sin censurar el desarrollo de habilidades. No impedir que se capaciten personas para cualidades determinadas”.

En cuanto a los aspectos prioritarios pendientes en nuestro país, Maffía destacó “la necesidad de reconocer económicamente la paridad, entre trabajo y salario, de mujeres y varones”.

“La idea de que el hombre es proveedor es una distribución de género arquetípica que el Estado no tendría que promover ni custodiar. Mujeres y varones deben recibir el salario que corresponde de acuerdo a la tarea que realizan”, subrayó.

Finalmente, Maffía señaló que una gran deuda pendiente es la cantidad de situaciones de violencia laboral y familiar. “En el acoso sexual lo relevante es la relación de poder de quien tiene jerarquía laboral y profesional y quienes no. Las mayores víctimas de violencia son mujeres divorciadas y madres de 2 hijos”, concluyó.

 
 

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