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Pero si es una nena

 

El 2 de mayo se dio a conocer la denuncia de una ONG contra el sketch de Guillermo Francella y Julieta Prandi alegando que incitaba la pedofilia. Los medios tomaron la denuncia y dieron paso a un debate no muy bien encarado. 

 

A principios de abril los medios se revolucionaron tras la denuncia formulada por la abogada Raquel Hermida Leyenda en representación de la Red de Contención contra la Violencia de Género, contra el sketch La nena del programa de Guillermo Francella. En el sketch, se lo ve a Francella, un hombre adulto, que fantasea con la amiga adolescente de su hija. El programa se emitió por primera vez en 2001 y ahora está siendo retrasmitido por un canal de aire. El reclamo que presentó la abogada estaba dirigido a solicitar que se retire de la pantalla ya que, según se informó, "… fomenta la pedofilia en el placer sexual que evidencia con una niña". Si bien el programa no es nuevo sino que se emitió por primera vez hace doce años, la abogada respondió que el problema yace en el avance al que se llegó en materia de derechos de género.

Tanto Crónica como Clarín publicaron la noticia de la denuncia, ambos desde la indignación. Crónica planteó una nota en la que describe el sketch y los puntos principales de la denuncia. “El contenido de la citada historieta es ofensivo y promueve el acoso y el abuso sexual a menores”, asegura la denuncia. Crónica, se puso del lado de los guionistas: no le dio voz a las denunciantes, pero sí a quienes defienden el programa. 
 

 

Clarín, por su lado, tornó el debate en una cuestión política: publicó que la abogada Leyenda es funcionaria de la AFSCA y que la denuncia fue impulsada por los “medios pro oficialistas", o bien provistos por la pauta publicitaria del gobierno. El motivo del ataque debería buscarse, según esta noticia, en las declaraciones que Francella hizo en el marco de una entrevista en el diario La Nación, en la cual habló de “fundamentalismos de uno y otro lado” y criticó seriamente la inseguridad que se vive en el país.

El debate que se generó a raíz de esta denuncia y sus amplias repercusiones en los medios tuvo varias consecuencias. Se habló de censura por la propuesta de limitar los contenidos de la pantalla televisiva y también de la función pedagógica que tendrían los medios de comunicación. La realidad es que el tema resulta complejo por plantearse desde el humor que, al parecer, “tiene permiso” para tratar temas políticamente incorrectos y hacer reír con asuntos que no son moralmente bien vistos. Las situaciones de abuso de menores y de violencia de género existen, y la pregunta parece ser en qué medida el discurso (escrito, gráfico, audiovisual) que se reproduce desde los medios ayuda o no a consolidar un marco de violencia en las relaciones de género y de abuso respecto de menores niñas, niños y adolescentes. Si bien por un lado claramente eliminar el programa no soluciona el problema de base, también es cierto que hay opciones éticas a la hora de elegir con qué se hace humor y en qué contextos. El humor puede ser también un disparador para presentar un debate y desarrollarlo con responsabilidad y argumentos fundamentados. Las opiniones que en gran medida siguieron a la presentación de la denuncia, las consideraciones sobre la denunciante, la pretendida vinculación con temas políticos, no parecen indicar que se haya encarado un debate de fondo sobre una problemática grave y preocupante.

 

 

La ley 26.522 de servicios de comunicación audiovisual es su artículo 3, inciso m busca “promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”. El sketch La nena no solo presenta a la mujer (en este caso, una adolescente) como un objeto de deseo sexual, sino que también dibuja al hombre como un ser sexual al que le cuesta el autocontrol ante la “provocación” de esta “nena”.

Si la denuncia no se hubiera planteado por “incitación a la pedofilia” sino por la violencia simbólica que el sketch ejerce en el contexto de la ley 26.485 para prevenir sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, tal vez el debate se hubiera planteado en otros términos. A su vez, a la hora de reflexionar sobre estos temas, los medios de comunicación deberían tener en cuenta la responsabilidad que tienen en la reproducción de los estereotipos y contextualizar la denuncia dentro de la violencia mediática. De esta manera, tal vez se podría avanzar en el necesario debate sobre los contenidos la televisión argentina.


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