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La cobertura (y el morbo) interminable
 

El 11 de junio, se anunciaba la desaparición de Ángeles Rawson, cuyo cuerpo fue hallado, horas más tarde, en un predio del CEAMSE. Ese mismo día comenzó la búsqueda de la persona responsable de su muerte y una interminable cobertura en los medios de comunicación.


(Buenos Aires, 1ro de julio de 2013) - Todo comenzó como la historia de una chica de 16 años desaparecida. Al principio se temió que hubiera sido secuestrada por una red de trata, por lo que las y los usuarios de  redes sociales comenzaron rápidamente a difundir  su foto y sus datos para encontrarla. Pero pocas horas más tarde comenzó a correr la noticia del  hallazgo de un cuerpo femenino en el predio del CEAMSE de José León Suarez. Ese mismo día se confirmó que efectivamente se trataba del cadáver de  Ángeles Rawson y se dio comienzo a un raid periodístico sediento de la necesidad de publicar, pero no de informar.

En los medios gráficos la cobertura comenzó el 12 de junio, cuando se publicó por primera vez acerca de la desaparición de la adolescente  y el posterior hallazgo del cuerpo. En los cuatro medios monitoreados la noticia salió en tapa, siendo la nota principal en Clarín y en La Nación. En un principio se trataba acerca de la última vez que fue vista Rawson y la conmoción por su final. Aunque no había confirmación policial, se barajó que la chica había sido violada y estrangulada. Se habló mucho de las repercusiones en las redes sociales y los grupos  creados para pedir información sobre su paradero.

Al día siguiente, los medios hablaron de un “giro de eventos” y de “un vuelco inesperado” cuando la policía allanó la casa de la familia y comenzaron las distintas hipótesis sobre el móvil del asesinato: Crónica dijo que “El padre de Angeles, Franklin Rawson propiciaba en su cuenta de la red social Facebook el reciclado de basura, por lo cual se sospecha que ese pudo haber sido el móvil del asesinato de la joven”; Clarín mencionó que “surgieron indicios que comenzaron a apuntar a su entorno, sobre todo a partir de la sospecha de que la adolescente estuvo en su casa de Palermo tras salir de una clase y antes de ser asesinada y arrojada a la basura”.

Con estas afirmaciones,  comenzó una cacería de brujas en busca del asesino de Ángeles donde los principales sospechosos eran los hombres del entorno de la adolescente: el de su padrastro y su medio hermano eran los nombres que más resonaban, en especial después de la declaración de Sergio "Pato" Opatowski (padrastro). Mientras la investigación avanzaba lentamente respetando los tiempo de pericias, averiguaciones y de la autopsia, se comenzó a hablar de la necesidad del registro de violadores (ya que en un principio se sospechó que Rawson había sido violada). Página12, en el suplemento Las12 del viernes 14 de junio publicó la nota titulada La huella de Ángeles donde destacó que pudo haber un intento de abuso que no se concretó y aseguró que este caso “vuelve a abrir una herida que nunca estuvo cerrada” con respecto al registro.

La “necesidad” de informar aunque no se habían descubierto nuevos datos en la investigación empeoró cuando la fiscal de la causa, María Paula Asaro, ordenó la detención de Jorge Mangeri, encargado del edificio donde vivía Rawson con su familia. “En la madrugada del sábado, la fiscal Paula Asaro formalizó la detención del portero del edificio como posible autor del homicidio y ayer el nuevo sospechoso ­asistido por un defensor oficial, que no pudo leer el expediente por el secreto de sumario­ se negó a declarar en la indagatoria. Seguirá preso”, publicó Clarín.

Mientras La Nación, Clarín y Crónica siguieron publicando descaradamente información que luego reescribían y modificaban, Página12 hizo una pausa para analizar la cobertura de los medios. En la nota titulada Lo que explotan los medios destacó cómo se publicaron nombres y caras de chicos y chicas menores de edad, cómo se cambiaba la información y se publicaba sin chequear e incluso, cómo se jugó con el morbo del entorno familiar y las distintas hipótesis inventadas que se crearon con cada nuevo dato que se filtraba a pesar del secreto de sumario.

Toda la conmoción sobre el asesinato llegó a su punto máximo el 28 de junio cuando el diario Muy (que no está incluido en el monitoreo de medios que realiza ELA) publicó las fotos del cuerpo de Ángeles cuando fue descubierto, así como había hecho Crónica  en febrero de 2012 con las fotos de la modelo Jazmín de Grazia. El diario fue repudiado masivamente en las redes sociales y por colectivos de prensa, pero esta situación y toda esta cobertura abre la pregunta al debate: ¿Cuál es el límite ético de los medios de comunicación? ¿Cuál es el beneficio de publicar sin informar?

En esta cobertura sin fin se trató de señalar al malo de la película sin importar la información que se publicaba. Los medios se mostraron irresponsables y sedientos de ventas donde lo más importante era mostrar una primicia que no existía. La cobertura fue  diaria y el caso muestra un atractivo peculiar diferente a cualquier otro femicidio. Se trata de una chica de 16 años, con intereses particulares, que salió de su clase de gimnasia y apareció muerta 24 horas más tarde. Era una adolescente de clase media, con una familia ensamblada donde todos eran sospechosos. La composición de elementos en este caso hacía recordar a otros femicidios importantes en Argentina como el de Nora Dalmasso y en especial el de Candela Rodríguez.  

El seguimiento que los medios realizaron sobre el “caso Ángeles” no sólo va en contra de cualquier código de ética periodística sino también de varias normas y leyes vigentes en nuestros país tales como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la Ley de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, a las que se suman la Plataforma de Acción de Beijing y la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés).

Es hora de promover una amplia reflexión sobre las prácticas periodísticas en la que se deben involucrarse mujeres y varones trabajadores de prensa, profesionales y propietarios de los medios de comunicación. La preocupación no es sólo la vulneración de los derechos de una adolescente, la violencia explícita en ese hurgar público en su vida privada, en sus relaciones personales y familiares. La preocupación es el límite que queremos preservar en relación con nuestra privacidad, en el marco de una sociedad democrática. Una reflexión en la que debemos involucrarnos todas las personas que consumimos o toleramos esos mismos discursos periodísticos.

 
 

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