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¿Buenas noticias?
 

Elizabeth Verón murió luego de una larga agonía como consecuencia de los golpes recibidos por su ex pareja, Adrián Sosa García. Por la reciente modificación del Código Penal, Sosa fue procesado por el delito de homicidio agravado.

(Buenos Aires – 29 de agosto de 2013) - La figura del femicidio no ha sido incorporada como tal en la reciente reforma del  Código Penal argentino, sino como formas de agravar la pena del homicidio. La ley que incorporó estos supuestos se sancionó en noviembre del 2012, y este lapso permitió observar los primeros procesamientos agravados por este delito. El caso “Sosa García Adrián p/sup lesiones graves calificadas”, de agosto de 2013, es uno de ellos, ya que en él se procesó a Sosa por un caso de femicidio: Sosa asesinó a Elizabeth Verón, con quién había mantenido una relación de noviazgo. No eran cónyuges, lo que con anterioridad a la reforma hubiese redundado en un procesamiento por el delito de homicidio simple y no agravado como efectivamente sucedió.

Sin embargo, el relato de los hechos es tristemente cotidiano: la víctima fue objeto de violencia física y verbal durante toda la relación, y su familia también fue centro de amenazas. Cuando la mujer corrió a pedir ayuda a una vecina, ésta desconfió de lo sucedido, pese a que relata en la instrucción del caso que escuchaba ruidos extraños en la madrugada y también gritos. Finalmente, la víctima falleció tras 56 días de agonía. Lo único que quedaba como modo de tardía y parcial reparación para con Verón era entonces la intervención del Poder Judicial con su obligación de investigar y sancionar.

Como puede verse a partir del seguimiento de las decisiones judiciales que se hace desde el Observatorio de Sentencias Judiciales de ELA, el discurso del Poder Judicial para los casos de violencia contra las mujeres no es homogéneo. Hay sentencias de la magistratura argentina respetuosas de los derechos humanos de las mujeres, así como existen otras que los violan flagrantemente. 

En este caso, el juzgado de instrucción de Corrientes demostró en el auto de procesamiento una solidez argumentativa que debiera ser tenida en cuenta en el juicio oral posterior, ya que citó las convenciones de Belem do Pará y CEDAW, y dijo textualmente que “la expresión ‘violencia doméstica o familiar’ responde a un sentimiento de propiedad y de superioridad por parte de un miembro de la unidad familiar hacia otro u otros (pareja, hijos, padres, etc.), esta clase de violencia se dirige hacia las otras personas con la finalidad de mantener el status quo, la situación de dominación, de sometimiento y de control. La ‘violencia de género o mujer’ por el contrario, radica esencialmente en el desprecio hacia la mujer por el hecho de serlo, en considerarla carente de derechos, en rebajarla a la condición de objeto susceptible de ser utilizado por cualquiera”.

El análisis de un hecho de violencia extremo como es el femicidio debe hacerse desde una visión integral de la magnitud que tiene la violencia contra las mujeres en el contexto de sociedades patriarcales, y no como un mero análisis concreto del asesinato. Considerar la historia previa del vínculo entre victimario y víctima permite comprender cabalmente el caso. Así, este no se conoce como un simple crimen sino, como el caso de Elizabet Verón, como un delito agravado debido a que fue asesinada a golpes por su pareja. La reforma del Código Penal contribuye a hacer visible un delito y a cumplir con la obligación del estado de investigar y sancionar. Pero la verdadera buena noticia sería afirmar que estos hechos no ocurren más.

 
 

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