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Comunicar Igualdad. 26/11/2013
Comahue no es una isla
 

Si bien el proceso que se dio en torno a la violencia sexista en la Universidad del Comahue marca un antes y un después en la visibilización y resolución de esta problemática, no es la primera vez que se denuncian hechos de este tipo y tampoco nuestro país es el único en el que está comenzando a develar este tema hasta ahora invisibilizado: encuestas en Ecuador y Colombia revelan que el 25% de las estudiantes, aproximadamente, fue víctima de distintos tipos de acoso y violencias en su paso por estas casas de estudio.

Por Belén Spinetta

Hay antecedentes de casos similares a Comahue en la Universidad Nacional de Buenos Aires, en la Universidad de Luján, en la Universidad de Tucumán y recientemente estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional con sede en Mendoza empezaron a visibilizar el maltrato que sufren sobre todo las estudiantes. “Vos sos la típica mina que viene a estudiar Ingeniería para conseguir marido”, es una de las formas en las que se refiere uno de los docentes de la UTN mendocina.

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), Cecilia Gebruers viene realizando un seguimiento e investigando la problemática del abuso y el acoso sexual en los espacios educativos. Según el documento publicado por ELA Acoso sexual en espacios educativos en Argentina, en nuestro país el espacio universitario posee la particularidad de tener un mayor número de estudiantes mujeres. Los datos del Ministerio de Educación del censo de 2002 indican que de un total de 1.377.534 estudiantes de universidades e institutos universitarios nacionales y privados de todo el país, el 55% son mujeres. También son el 57% de los egresados (sobre un total de 55.955) y el 54% de los nuevos inscriptos.

Lo que tiene en común todos los casos es la falta de protección hacia quienes denuncian, el temor a represalias y la ausencia de instrumentos adecuados para llevar adelante las denuncias.

UBA: En septiembre de 2010 un profesor de la Facultad de Ciencias Económicas, Nicolás Salvatore, fue acusado de haber maltratado a dos estudiantes, un varón y una joven, a quienes echó del aula con insultos y empujones. Ante la denuncia pública del episodio, el docente envió a toda la comunidad académica un correo electrónico minimizando el hecho y que apareció con el título “Lástima que no pude violarla”. Posteriormente se conocieron comentarios que había realizado en Facebook de alto contenido misógino. Se presentó una acción dentro de la facultad para que se haga un juicio contra el docente, denuncia que quedó bajo secreto de sumario y hasta el día de hoy no se tomaron medidas. Estudiantes intentaron realizar una presentación en el INADI, pero como no se podía garantizar el anonimato de las denunciantes, éstos desistieron por temor a represalias. Salvatore permanece con licencia médica.

Luján: En 2011 un caso de acoso sexual en la Universidad Nacional de Luján tomó estado público y derivó en la separación del docente de su cargo. A través de una resolución del Consejo Superior de la UNLu, de septiembre del 2011, se destituyó al profesor José Luis Torella, de la Facultad de Agronomía, por haber acosado sexualmente a una estudiante. Vale mencionar que la denunciante contó con mucho apoyo del claustro estudiantil ni bien empezó a hacer las denuncias y recibir amenazas, sin embargo la universidad recién  tomó medidas luego de que la denunciante lograra una prohibición de acercamiento por parte de la Justicia ordinaria.

Tucumán: en noviembre de 2011, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Tucumán inició un juicio académico en contra del profesor Julio Guillermo Frias, de la Facultad de Filosofía y Letras, por estar involucrado en hechos de acoso sexual y amenazas contra alumnas y docentes. Fue a partir de las denuncias de dos alumnas a las que enviaba mensajes de texto, las llamaba por teléfono o las invitaba a lugares fuera de la facultad para entregarles las notas de los exámenes, a las que luego se sumaron otras mujeres.

Para Cecilia Gebruers generalmente los casos que terminan con más conocimiento público son aquellos en los que se llega a niveles altos de violencia. “Lo que terminan demostrando estos casos es que hay otros tipos de violencia más sutil y no hay mecanismos apropiados para que las alumnas puedan acudir a que las asesoren, a que las contengan, en realidad está tan naturalizado que es como algo aceptado”, enfatiza. “Nos parece que abarcar el problema en todas las dimensiones requiere de un montón de otras acciones como incluir en la currícula materias sobre cuestiones de género, pero básicamente se hace necesario elaborar instrumentos para un buen asesoramiento y dando conocimiento sobre los procedimientos a seguir  al momento que una empiece a percibir situaciones de acoso y pueda denunciarlas”.

El estudio encabezado por Gebruers desde ELA remarca que “el compromiso por parte de las autoridades de las universidades se torna vital para que a las denuncias se les dé un tratamiento serio y se tomen medidas efectivas contra los agresores”. Enfatiza que no sólo
deben “regularse los mecanismos de denuncia, sino también implementarse servicios específicos dentro de la universidad, de consulta y asesoramiento, que se encuentren al alcance de todas/as las/os estudiantes. Para esto, la creación de un Protocolo Universitario que informe sobre qué hacer, hacia dónde dirigirse y qué recursos hay disponibles, es una herramienta imprescindible para una adecuada divulgación de estos servicios”. La Universidad Nacional del Comahue, a partir de la lucha de la Comisión de Mujeres de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, parece haber dado un paso contundente en ese camino.

Una problemática que no conoce fronteras

La investigación de ELA recoge además de los casos de Luján y la UBA, ejemplos de universidades latinoamericanas. Por ejemplo en la Universidad del Azuay, en Ecuador, se llevó a cabo una investigación sobre la frecuencia del acoso sexual perpetrado por docentes hacia los/as estudiantes sobre la base de 325 estudiantes: el porcentaje de casos de acoso sexual por facultad fue del 29% en la Facultad de Diseño; de 28% en Derecho; de 25% en Filosofía; de 23% en Administración y de 19% en Ciencia y Tecnología.

En tanto, un estudio sobre violencia sexual llevado a cabo en el año 2007 en la Universidad de Caldas, Colombia, a través de encuestas a estudiantes mujeres arrojó como resultado que el 18.4% de un total de 298 encuestadas informaron la existencia de uno o más eventos violentos (acoso sexual y/o violación) durante su vida universitaria: 84 casos de acoso sexual y 8 casos de violación. El acoso más frecuente referido (34.8% de los casos) fue el considerado “leve o verbal” (chistes, conversaciones de contenido sexual, miradas o gestos lascivos, muecas).

 
 

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