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Página12.El País.11/07/2014
“Hace visible el problema”
 

“El trabajo no remunerado es esencial para que cada día se reproduzca la fuerza de trabajo, sin la cual el sistema capitalista no puede subsistir. Es decir, el funcionamiento económico se recuesta en la existencia de ese trabajo, que como muestra la encuesta del Indec, está muy mal distribuido entre varones y mujeres. Esta situación, además de ser injusta, implica una serie de desventajas a la hora de la participación económica de las mujeres, y explica la persistencia de la desigualdad económica de género”, destacó en diálogo con Página/12, desde Nueva York, la economista y cientista social, investigadora del Conicet y del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp), Corina Rodríguez Enríquez. En México, donde hacen este tipo de relevamiento con regularidad, “se estima que el trabajo no remunerado alcanza el 20 por ciento del PBI, más que las exportaciones de petróleo”, precisó la economista feminista, para dar una idea del enorme aporte que significa el quehacer doméstico, mayormente en manos femeninas, tan poco reconocido y valorado, que alcanza al cuidado de niños y enfermos de las familias, y también las tareas de limpieza, compras y otros menesteres cotidianos.

A través de diversos estudios, se sabe además que los hombres se dedican a las tareas domésticas o cuidado de su familia una vez que terminan la jornada laboral. Las mujeres, en cambio, tienden a adaptar el trabajo remunerado porque priorizan el cuidado de la familia, apuntó a este diario la socióloga Norma Sanchís, directora de la Asociación Lola Mora. “A veces prefieren los horarios flexibles, o media jornada, o el trabajo a domicilio, para tener posibilidad de ocuparse simultáneamente de sus otras responsabilidades”, agregó Sanchís, quien fue consultora de Naciones Unidas en temas de cadenas transnacionales de cuidado, específicamente el papel de las migrantes paraguayas en la organización de los cuidados en las familias argentinas.

Aunque los resultados de la encuesta del Indec presentados ayer sobre trabajo no remunerado no sorprenden y están en línea con estudios similares realizados en la ciudad de Buenos Aires (2005) y en Rosario (2011), las especialistas consultadas por Página/12 subrayaron la importancia de que el relevamiento tenga un alcance nacional, para instalar la problemática en la agenda pública. De hecho, Argentina es uno de los pocos países latinoamericanos que no tenían datos de nivel nacional sobre trabajo no remunerado. De todas formas, objetaron que no se haya utilizado la misma metodología que en las encuestas anteriores para poder comparar los resultados. “Es muy importante que el Indec comience a tomar estos temas, sobre todo en la medida en que lo incluya de modo sostenido en las encuestas, para poder así trazar una continuidad en la producción de información que pueda servir para el diseño de políticas públicas”, consideró Natalia Gherardi, directora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), desde donde están trabajando junto con otras entidades para impulsar políticas que reduzcan las desigualdades de género en relación con las tareas hogareñas. A partir de la información que proporciona la encuesta del Indec, “podría medirse el valor económico del trabajo no remunerado, como se hace en otros países”, explicó Rodríguez.

Sanchís señaló que la encuesta nacional permite confirmar “lo que sabemos desde siempre”: que las mujeres participan mucho más que los hombres en el trabajo doméstico no remunerado. “Pero es muy importante esa confirmación estadística para hacer visible esta cuestión”, agregó.

–¿Cómo afecta esta distribución desigual del trabajo no remunerado en la vida de las mujeres? –le preguntó este diario a Valeria Esquivel, doctora en Economía e investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

–El mayor trabajo no remunerado se suma al trabajo remunerado y muchas veces las hace pobres de tiempo. Cuando eso sucede, va en detrimento de su bienestar y de quienes reciben el cuidado, ya que éste puede ser insuficiente –respondió Esquivel, quien participó del diseño de la Encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo que se hizo en 2005 en la Ciudad de Buenos Aires.

Considerando el total nacional, las mujeres aportan más de las tres cuartas del trabajo no remunerado en los hogares. Si bien hay diferencias por provincias, en términos generales los resultados rondan esas proporciones, repasó Sanchís.

El relevamiento muestra que en promedio, cada día las mujeres dedican tres horas más que los hombres al trabajo no remunerado. “Y lo notable es que aun estando ocupadas en el trabajo remunerado, la dedicación es casi la misma”, indicó la directora de la Asociación Lola Mora. Otros datos significativos, enumeró Sanchís, son:

- Las mujeres que más tiempo dedican a este tipo de trabajo son las de edades intermedias (entre 30 y 59 años), seguidas por las más jóvenes.

- La presencia de hijos menores de 6 años establece una diferencia sustantiva en la carga de trabajo no remunerado, casi lleva a duplicar las horas promedio de dedicación.

- Tanto las casadas como las separadas participan en el trabajo no remunerado en la misma proporción. Pero en cambio los hombres, cuando están separados participan más que cuando están en pareja.

- Las mujeres con niveles de estudio superiores, que seguramente coinciden con mayores ingresos familiares, dedican un poco menos de tiempo que el resto al trabajo no remunerado. Es posible que puedan transferir o delegar esa carga comprando servicios personales o de instituciones de cuidado.

Para Sanchís, hay varios niveles posibles de intervención de las políticas en esta temática. Desde el nivel macro, la valorización del trabajo no remunerado para incorporarlo a las cuentas públicas y hacer visible su aporte a la economía del país. “También es necesario revisar la normativa de licencias por maternidad, que debería ser ampliada por lo menos hasta 14 semanas y de paternidad, que continúan siendo mínimas. En otro nivel, hay una falencia estructural del Estado en la provisión de servicios gratuitos y de calidad para el cuidado de los más chicos, y también de los adultos mayores”, advirtió.

 
 

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