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Página12. Sociedad. 23/07/2014

Pequeña guía de supervivencia para las vacaciones de invierno

 

El receso escolar se convierte en un problema, especialmente para las madres que trabajan y aún cargan con el mandato social de hacerse cargo de los niños. Página/12 hizo un relevamiento de algunas estrategias.

Por Sonia Santoro

¿Qué hacemos con los chicos en las vacaciones? Esta vez no hablamos de a qué obra de teatro o película podemos llevarlos o qué planes inventamos para que se entretengan. La pregunta que se anuda en las gargantas de gran parte de las familias, especialmente de las mujeres que trabajan fuera de su casa, tiene que ver con los problemas que el receso invernal desnuda casi pornográficamente: quién se hace cargo de cuidarlos cuando no lo hace la escuela y los padres y madres trabajan. Hay pocas soluciones puntuales para esta época, pero sí algunas respuestas que vienen aportando algunas empresas y Estados, a cuentagotas, en busca de una mayor conciliación entre el trabajo y la vida familiar. Abundan los malabares desesperados de familias intentando que la cosa funcione.

Solución uno: rifa de infantes

“SOS vacaciones niños.” Así comenzaron las vacaciones para Patricia Palacio, armando un grupito de WhatsApp en que incluyó personas que pudieran socorrerla durante estas dos semanas. “Estoy pidiendo a familiares o amigos que por favor inviten a sus casas a mis hijos, es como que los rifo. Una amiga hasta me ofreció venir unos días a casa viendo mi desesperación. También tengo planeado un día de trabajo online o una falta al trabajo”, relata Patricia, trabajadora social que vive en la localidad de Canning, partido de Ezeiza, y trabaja en la ciudad de Buenos Aires, en un hospital público y un organismo de seguridad del Estado nacional.

Para los días corrientes, Patricia tiene organizado un sistema de cuidados que funciona, no sin el sacrificio de propios y ajenos. Los chicos –de 8 y 10 años– van a una escuela de doble jornada. Cuando ella tiene guardia, su suegra –de 83 abriles– los cuida. El resto del tiempo cuenta con el apoyo pago de una mujer que va de 17 a 19, hasta que ella o su marido llegan del trabajo.

Pero las vacaciones de invierno vienen a desequilibrar la organización. Los chicos piden que los padres se queden en casa y salgan con ellos. Pero en sus trabajos, “¡bien gracias!”, resume. No hay respuestas a estos problemas –considerados en general por empresas y Estados como “personales” o “familiares”– que padece la mayor parte de la población femenina con empleo. No porque los hombres no tengan hijos e hijas, claro está, sino porque todavía está naturalizado que las mujeres son las que deben ocuparse de cuidarlos o de resolver el cuidado contratando a alguien o recurriendo a madres, abuelos o amigas e incluso de pagar con su sueldo a la persona que se contrata.

Solución 2: vacaciones para todos y todas

Esto le pasó a Viviana Devoto: “Mi marido me ha llegado a decir que yo tenía que pagarle a la señora porque yo tenía que hacer las cosas de las nenas. Esto fue cuando recién nacieron. Ahí se notó la cuestión de género. Eso provocó muchas peleas por mi resistencia a hacerme cargo de todo y para que él pudiera darse cuenta de que también es responsable”, dice Viviana, que desde hace dos años y medio es directora del Centro Municipal de la Mujer de Vicente López.

“Este año he logrado que se tome un día en el trabajo para quedarse con una de las gordas cuando se enferma”, cuenta sobre el triunfo, que fue tan arduo como cualquiera de las políticas para la igualdad que aplica en su gestión.

Sus hijas, dos mellizas de 6 años, van al colegio en doble jornada. “El problema es cuando se enferman, es un caos, es tener que suspender todas las reuniones para quedarme y terminar digitando todo desde casa. Hasta hace un tiempo mis viejos me daban una mano. Se venían desde Devoto a Olivos todos los días. Pero después mi papá se enfermó. Mi suegra viene a veces, pero tiene 75 años. Mi marido tiene dos trabajos y está estudiando a la noche, así que desde el año pasado es como si estuviera sola”, enumera.

“A mí me llaman a las siete de la tarde por una urgencia y tal vez tengo que ir a una comisaría con mis hijas porque mi marido no llega hasta las once de la noche”, agrega.

Estas dos semanas de julio, la solución fue tomarse las vacaciones completas, “con algunas faltas injustificadas porque no me dan los días”, ausencias que redundarán en una reducción de sueldo.

Aunque trabaje por los derechos de las mujeres, Devoto dice que tiene mucho por hacer en este sentido dentro de su área. “Somos unas 25 mujeres, las cuales tenemos entre 30 y 45 años, la mayoría con chicos escolarizados. Lo que hago para poder otorgar las vacaciones es priorizar a las mamás que tienen que cuidar a sus hijos. Y se arman unos líos bárbaros. Hicimos una reunión de equipo para tratar este malestar. Las que se quedaban estaban enojadas y las que se iban les decían que por qué sus maridos no se hacían cargo. Al final, salía el tema de la brecha salarial: los maridos ganan más, entonces hay que cuidar el trabajo de ellos. Es de libro. Se necesitan políticas serias de cuidado”, relata, y lo anota entre sus asuntos pendientes. Desde que asumió, trabajó hasta lograr que los diez jardines maternales del municipio tuvieran doble jornada. Ahora faltan vacantes. A nivel primario y secundario, el municipio tiene una sola escuela primaria municipal, que sí cuenta con doble jornada, pero las escuelas provinciales no. Es decir que las familias tienen que decidir entre mandar a sus hijos/as a escuela privada, si es que pueden costearlas; o mandarlos a escuela estatal en jornada reducida, con las consecuencias que esto tiene para el desarrollo profesional y económico de las mujeres. Así y todo, no hay solución para los feriados y las vacaciones.

Solución 3: más horas en casa

Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), organización que viene trabajando hace años tratando de instalar la “agenda del cuidado” en las políticas públicas (ver aparte), no escapa a los problemas que trae el ocio de los chicos/as.

“Mi hija no puede entender cómo las vacaciones (al mismo tiempo y de la misma extensión que las escolares) no son un derecho universal”, relata. “En mi caso rige la mercantilización de servicios de cuidado, como en todo el año escolar, pero ahora con más intensidad: la señora que los cuida durante el año (los saca del colegio a almorzar y los retira después del turno de la tarde, hasta que yo o mi marido llegamos a casa) estará todo el día con ellos durante las vacaciones. Puedo llevarlos a la oficina, no sería un problema, pero lo que no puedo es trabajar de la misma manera con ellos allí.”

Ya en su rol de experta en el tema, analiza: “Las políticas públicas de educación con vacaciones escolares incompatibles con las jornadas de trabajo presuponen que en las familias hay redes de contención para absorber esas demandas de cuidado, y eso no es así: en los grados de mis hijos, la gran mayoría de los hogares es de dos proveedores. Las ‘soluciones’ que se encuentran siempre impactan en las integrantes mujeres de las familias –mujeres malabaristas que tratan de trabajar y cuidar al mismo tiempo, abuelas, tías, amigas–. O la mercantilización”.

Solución 4: combo asueto y backup

Inés Selvood trabaja en el Rectorado de la Universidad de Buenos Aires, está casada y tiene una hija de tres años y medio. Desde hace unos años, en las vacaciones de invierno el Rectorado da cinco días de asueto, que no se descuentan del resto de las vacaciones. El mismo criterio adoptó este año la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. “Tienen prioridad para que elijan las semanas las personas que tengan hijos escolarizados. Yo tomé esta semana y le di vacaciones a Miriam”, la señora que contrata para cuidar a su hija y que define como “mi backup”. “Cuando se enferma (la nena), cuando hay que buscarla más temprano, me backapea.” Entonces, la semana que viene, entre su pareja y Miriam, que vendrá unas horas más, se piensa arreglar. “Por suerte él labura por cuenta propia”, afirma.

Desde que tuvo un año, la nena va a un jardín público de doble jornada. “Desde el segundo año, como fue reduro, me pedí reducción horaria, en vez de trabajar siete horas, trabajé cinco. Económicamente no era negocio, pero me permitía llevarla al jardín”, relata. Aún hoy, los primeros meses del año se toma reducción horaria para hacer la adaptación.

Por suerte (o por desgracia), la gente es solidaria, dice Inés. “Si no llego cuando se tiene que ir Miriam, se la dejo a la vecina, que lo hace de rebuena onda. Hay como mucha solidaridad y la gente lo entiende, pero eso lo invisibiliza más.”

Con jornadas laborales extensas, abuelas/os que tienen sus propias obligaciones, Estados con poca capacidad de respuesta, empresas que consideran que conceden “beneficios” cuando adoptan una política específica, el panorama es difícil. Es que más allá de los días de asueto, de las licencias más o menos extendidas en los distintos empleos, del jardín maternal que algunos pagan hasta los cinco años, del acceso a la educación y la flexibilidad o no de cada jefe o jefa en el empleo, no hay políticas públicas globales, acordes al cambio de paradigma que implica la masiva inserción laboral de las mujeres para la vida cotidiana.

“En el derecho argentino, la corresponsabilidad del cuidado ha sido tibiamente incluida en el corpus normativo. En materia de legislación laboral, el reconocimiento de las responsabilidades de cuidado de trabajadores y trabajadoras se circunscribe, en la generalidad de los casos, a los períodos de licencia por maternidad. En forma incipiente, algunas legislaciones reconocen una mayor extensión al período de licencia por paternidad, en ocasiones con argumentos explícitos que evocan la corresponsabilidad”, dicen Laura Pautassi y Corina Rodríguez Henríquez en la investigación “La organización social del cuidado de niños y niñas: elementos para la construcción de una agenda de cuidados en Argentina”, de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC), el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp) y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

En estos casos de familias de clase media, lo que el Estado o las empresas no proveen, las familias lo pagan o lo reciben en su empleo o de las redes que todavía subsisten, siempre con mucho costo para las mujeres.

Mucho peor es la situación de las familias en situación económica precaria, ya que las mujeres tienen que arreglarse con acuerdos siempre precarios también, que les impiden insertarse en trabajos formales y de gran demanda. Un círculo vicioso. Un nudo en la garganta que las vacaciones exhiben sin pudor; para quien quiera ver.

 

Alguna muestras de flexibilidad

Por Sonia Santoro

Está comprobado que las políticas de conciliación entre el trabajo y la familia “aumentan la capacidad de trabajo de las personas y, de este modo, la productividad de la empresa (por ejemplo, las empresas consultadas destacan que la flexibilidad horaria y el teletrabajo son las opciones más valoradas por el personal, tanto varones como mujeres)”, dice el informe ¿Cómo se cuida en Argentina? Definiciones y experiencias sobre el cuidado de niños y niñas, de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC), el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp) y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

El famoso “tironeo” entre las mujeres con trabajo y los hijos tiene un nombre en la jerga laboral: “conflicto familia y trabajo”. Resolver este conflicto se hace necesario en una sociedad en que la edad más productiva para mujeres y varones (25 a 45 años) coincide con la de mayores responsabilidades familiares.

La Ley de Contrato de Trabajo obliga a dar servicio de guardería o un monto de dinero hasta los 6 años, a otorgar guardapolvos y útiles escolares. Cuánto se cumple esta ley y cuán suficiente es son algunos aspectos relevados en la investigación La organización social del cuidado de niños y niñas: elementos para la construcción de una agenda de cuidados en Argentina, de Corina Rodríguez Enríquez y Laura Pautassi.

Se trata de una investigación diagnóstica exhaustiva sobre el cuidado en el país. En el capítulo dedicado a las acciones de conciliación a nivel de las empresas, señalan las políticas llevadas adelante por algunas compañías. Por un lado, están aquellas que amplían derechos y obligaciones legales, en relación con la maternidad, donde después de la licencia pueden trabajar medio día durante tres meses o tomarse un franco semanal adicional. El trabajo presenta otros casos:

- Guarderías: en una empresa de atención a la salud, de 5000 personas, todas las madres tienen el beneficio de la guardería hasta que el niño está en edad preescolar.

En una empresa elaboradora de bebidas, de 350 trabajadores/as, se otorga a las mujeres un subsidio importante de guardería hasta los cuatro años, que puede usarse para contratar a una persona que cuide a los hijos en la casa. Se está evaluando extender el subsidio a los trabajadores varones.

Por otro lado, también las empresas desarrollan acciones que avanzan más allá del cumplimiento de la ley. “El retorno gradual de la maternidad, el horario flexible o el teletrabajo surgieron inicialmente para hacerles la vida más fácil a las mujeres. Después extendimos estas opciones para todos. ¿Por qué los papás no se pueden ir más temprano para ir a buscar al hijo? ¿Por qué a una mujer le voy a decir que sí y a los varones que no?”, se preguntan en una empresa consultada.

En general, las empresas avanzan en:

- Teletrabajo: en una empresa de bebidas puede realizarse hasta dos días por semana para todos los puestos de trabajo. En un laboratorio de productos medicinales está disponible sin límite de días, dependiendo del tipo de tareas y de la decisión del superior, y es usado tanto por varones como por mujeres. En un banco, desde hace un año se encuentra en curso una prueba piloto de la que participan unas cien personas. Las evaluaciones parciales han sido positivas.

- Horario flexible: en una empresa de Rercursos Humanos de 650 empleados/as, se puede entrar dos horas antes y retirarse dos horas antes. Se puede trabajar una hora más de lunes a jueves y retirarse los viernes después de almorzar. En la elaboradora de bebidas, las personas pueden tomarse medio día al mes para hacer lo que quieran. Pueden entrar más tarde o más temprano, así como retirarse antes o después. “Respecto de lo que es madres o padres, nosotros tratamos de equilibrar, porque en un momento había muchas cosas que se pensaban sólo para las mamás. Pero la realidad es que hoy tenés modelos familiares de los más diversos (del mismo género, familias ensambladas, familias con uno solo de los papás), con lo cual eso está bastante desdibujado de la versión tradicional. Nosotros tratamos de que todas las poblaciones sientan que tienen beneficios que les impactan a ellos”, relataron en una empresa.

 

Ingresos y tiempo

Por Sonia Santoro

“En los hogares pobres de ingreso, 16 por ciento de las mujeres no ocupadas son pobres de tiempo: ellas tienen unas cargas de cuidado tan elevadas –ya sea por la presencia de dependientes o por la inequidad en la distribución por género de estas cargas al interior del hogar– que presentan déficits de tiempo aun sin dedicarse, también, al trabajo remunerado. En el caso de estas mujeres, el exceso de trabajo no remunerado, la falta de ocupación y la pobreza de ingresos se combinan para ponerlas en una situación especialmente vulnerable.” Así lo plantea la investigación La Pobreza de Ingreso y Tiempo en Buenos Aires, Argentina. Un ejercicio de medición de la pobreza para el diseño de políticas públicas, desarrollada por Valeria Esquivel para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y presentada en junio de este año.

El trabajo señala que es insuficiente para medir la pobreza considerar el acceso o no al empleo. Por eso propone incorporar la medida de Pobreza de Ingreso y Tiempo (Limtip, por su sigla en inglés) como alternativa a la medición estándar de la pobreza. “Esta medida bidimensional responde a la necesidad de integrar la dimensión de tiempo en la medición oficial de la pobreza, en cuanto variable clave para una clasificación más precisa de la pobreza de los hogares y las personas y orientadora de políticas integrales de reducción de la pobreza. A través de esta medida, se reconoce que el bienestar económico de los hogares y las personas no sólo depende del trabajo remunerado, sino también del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, realizado mayoritariamente por las mujeres”, explica la autora.

Esquivel tomó la Encuesta de Uso de Tiempo (EUT) de la ciudad de Buenos Aires del 2005, ya que no había otras investigaciones de este tipo al momento de realizar el análisis. Ese año, en la Ciudad, el 6,2 por ciento de los hogares y el 8,8 de las personas eran pobres. “Sin embargo, la incorporación de los déficits de tiempo a la medición de la pobreza muestra que su efecto es sustancial: los hogares pobres prácticamente duplican su proporción, llegando al 11,1 por ciento, y las personas pobres alcanzan al 15,9 por ciento de la población. La incidencia de la pobreza por ingresos Limtip es aún más alta entre los niños, niñas y adolescentes, donde alcanza al 27,8 por ciento, cuando en términos oficiales sólo lo eran el 15,6 por ciento.”

Además observa que cuando hay niños, niñas o adolescentes en las casas, la pobreza aumenta: “Trepa al 22,6 por ciento, es decir, afecta a más de un quinto de los hogares con niños, niñas y adolescentes. La situación es particularmente acuciante para los hogares monoparentales con jefa mujer y presencia de menores, ya que son pobres el 27 por ciento de ellos”.

 
 

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