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Suprema Corte de Justicia de Mendoza aplica legítima defensa con perspectiva de género
 

La Suprema Corte de Justicia de Mendoza absolvió a una mujer que había sido condenada a 8 años de prisión por haber matado a su pareja. En la sentencia de la Corte se hace un detallado análisis de por qué la mujer, al ser víctima de violencia por parte de su pareja, había obrado en legítima defensa.

(Buenos Aires, 14 de julio de 2014) - La Suprema Corte de Justicia de Mendoza consideró que correspondía aplicar la legítima defensa (artículo 34 inciso 6 del Código Penal) en el caso de una mujer que mató a su pareja, ya que debía tenerse en cuenta el contexto de violencia en el que estaba inmersa.

En junio de 2012, mientras R. E. cocinaba, comenzó a discutir con su pareja, Osvaldo, La discusión fue adquiriendo mayor intensidad hasta que la mujer le clavó el cuchillo con el que estaba cocinando. R.E. llevó  al hombre al hospital, pero pese a ese intento por asistirlo, falleció.

La Cámara Segunda del Crimen, sostuvo que la agresión de Osvaldo a R. E., verbal y materializada a través de insultos, no fue suficiente para justificar su reacción defensiva. En consecuencia,  la Cámara sostuvo que las acciones del hombre no tuvieron la entidad de “agresión ilegítima”, necesaria para que se configure la legítima defensa, y condenó a R. E. por homicidio simple.  

Ante esta condena, R. E. interpuso un recurso de apelación que fue rechazado por  el Procurador General, por entender que había contradicciones en los testimonios y no había informes médicos que informaran sobre lesiones externas corporales en la imputada. Sin embargo, al considerar el caso apelado, la Corte Suprema señala con acierto que la Cámara no tuvo en consideración los testimonios de testigos que dieron cuenta de la situación de violencia en la que se encontraba inmersa.

La Suprema Corte advierte que muchos elementos de la causa, principalmente testimonios que daban cuenta de una situación de violencia sostenida en el tiempo, fueron dejados de lado por la Cámara. Los testimonios de personas allegadas a la pareja señalaban que R. E. quería terminar con su relación y que esto hizo que las agresiones –no sólo verbales, sino también física- se incrementaran, de un modo reiterado durante los días previos al mes de junio de 2012. Teniendo en cuenta este contexto es que sostienen que “hay que valorar la secuencias de los mismos y los tipos y modalidades de agresiones, y no solo examinar el último momento donde se produce el desenlace fatal.” En este sentido, retoma también jurisprudencia de la Corte de Justicia de Tucumán, donde se señala que , en los casos de legítima de defensa de mujeres víctimas de violencia, no se debe fragmentar el análisis del contexto a los momentos previos inminentes a la agresión, sino que “debe extenderse más allá del momento preciso de la agresión ilegítima, y esto por cuanto la agresión ilegítima no es algo que ocurre en un momento aislado, sino que forma parte de un proceso en que se encuentra sometida la mujer golpeada y del cual no puede salir por razones psicológicas, sociales, e incluso por amenazas que sufre de parte del agresor.”

La Cámara había sostenido que no hubo una agresión de tal envergadura, por parte de la víctima, que justificara la pretendida reacción defensiva y que tenía otras alternativas para defenderse. La Corte, en cambio, retoma doctrina sobre el tema y lo enfoca desde una perspectiva de género.

Citando a Roxin, la sentencia afirma que es posible ejercer legítima defensa en los delitos permanentes si se mantiene la situación antijurídica. Asimismo, retoma a Jackobs cuando sostiene que “el agredido no tiene por qué esperar a recibir el primer golpe, (…); lo único que hace falta es que sus acciones supongan reacciones inmediatas a la acción de lesión del bien.” Finalmente, la Corte Suprema cita a Elena Larrauri cuando se analiza la perspectiva de género en casos de legítima defensa y en este sentido afirma:

“Ahora bien, a partir de los aportes del enfoque de género al derecho penal, autorizada doctrina sostiene que en la interpretación de las reglas de la legítima defensa, hay que tener presente que ellas han sido elaboradas `partiendo de una imagen basada en la confrontación hombre/hombre (del mismo tamaño y fuerza) que se realiza en un solo acto (Rosen, C.J., 1986:11)´. Y que cuando `el enfrentamiento es hombre/mujer (de distinto tamaño y fuerza), requiere para su interpretación y aplicación la incorporación de la perspectiva de género.´ Esta interpretación no se encamina a establecer la ampliación de la legítima defensa, sino a la `aplicación igualitaria de la doctrina general de la legítima defensa en casos en que es la mujer maltratada quien mata al hombre´, (cfr LARRAURI, Elena, `Mujeres y Sistema Penal. Violencia Doméstica.´, IBdeF, año 2008, p. 63).

La sentencia completa en nuestro Observatorio de Sentencias Judiciales.
 
 

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