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El estereotipo de la Primera Dama
 
¿Qué tienen en común Karina Rabolini, Malena Galmarini y Juliana Awada? Estar casadas con hombres importantes del mundo de la política. En una nota publicada por Clarín, ellas quedan en segundo plano, sin importar a qué se dediquen, y las muestran trabajando para sus esposos y sus campañas. 

(Buenos Aires, 19 de agosto de 2014) -  “Tanto hundir los tacos en el barro, debe pensar Karina, le da derecho a inmiscuirse en los temas más sensibles”, dice la nota de Clarín. Karina Rabolini se supo destacar primero como modelo y tiempo más tarde, como empresaria. Pero su rol más conocido desde hace años parecer ser el de esposa del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. De todas formas, su pasado tuvo más peso y cada vez que es nombrada, el periodismo cae en el mismo recurso de hablar de su belleza y su aspecto. De alguna forma, representa el estereotipo “perfecto” de la primea dama: elegante, graciosa, sobria y callada.

            El domingo 17 de agosto Clarín publicó una nota titulada “Primeras damas”: famosas y con peso propio, también juegan en la campaña sobre las esposas de tres posibles candidatos presidenciales: Karina Rabolini, Malena Galmarini (esposa de Sergio Massa) y Juliana Awada (esposa de Mauricio Macri). Desde el principio la nota tiene un mensaje contradictorio: en el titular habla de mujeres “con peso propio”, pero luego destaca que ellas son quienes son, gracias al trabajo público de sus esposos, como si las trayectorias profesionales o políticas propias no tuvieran relevancia alguna.  

            Es costumbre que Rabolini sea juzgada por su historia en el modelaje y la nota lo recuerda en cada oportunidad que tiene: “Se saca fotos, da entrevistas, besa chicos, pese a que nunca abandona su estilo de ex modelo: sobria, siempre con zapatos altos, cartera, y de punta en blanco”. La nota la presenta como una figura que ayuda en la campaña de su marido y nada más. “¿Candidata? ‘Karina no está para ser candidata. Karina es como Teté Coustarot’, se le ha oído a Scioli”, justifica la nota.

            Con el caso de Juliana Awada sucede algo similar. Al provenir de una familia relacionada al mundo de la moda, el primer comentario al hablar de ella es siempre sobre su belleza o apariencia. El segundo es qué tan lejos del mundo de la política está: “Nunca le habla de política, no lee los diarios, no opina de la gestión”, se afirma. Aunque ya no trabaja (según la nota), a pedido de Durán Barba “ella también ha comenzado a acompañar al candidato en las giras”. El ser primeras damas las pone en un lugar de objeto que saca al político de su lugar duro y frío. Les da calidez. Y ellas se caracterizan por ser tranquilas, sumisas y elegantes, una especie de ama de casa de los ’50 dispuestas a acompañar a todos lados al marido.

            Cuando se refieren a Malena Galmarini, es diferente. Ella es la más política de las tres. Su padre es un ex funcionario menemista, su madre una reconocida dirigente política y su casa era lugar de reunión para los jóvenes militantes. Así lo conoció a Massa. A pesar de esto, la nota lo primero que menciona es que “aunque la genética la ha ayudado, tiene un estilo de no diva: no usa cremas, no se haría nunca una cirugía, no va al gimnasio, se aburre en la peluquería”. Solo más tarde, casi al final, menciona que en Tigre ella es “la mujer fuerte del municipio, donde ocupa el cargo de secretaria de Desarrollo Social”. 

La nota también destaca como estas mujeres deben trabajar para sus esposos. Ellas con sus imágenes los ayudan en sus campañas, recorriendo lugares, sacándose fotos o simplemente estando al lado de ellos. El peso propio en realidad no es tal, sino que es el peso de ser “la esposa de”. La nota deja en claro que además de ser su responsabilidad, es su trabajo: “Según un íntimo colaborador de Macri: ‘Su trabajo es ser la esposa del próximo presidente’”.

La nota y la imagen de mujer ideal (bella y sumisa) que presenta atrasa unos cuantos siglos, pero no sorprende si tenemos en cuenta que todavía se escuchan voces que se oponen a la existencia de medidas como la ley de cupo o cuestionan la capacidad y los méritos de muchas mujeres que se desempeñan en cargos de poder. El artículo refuerza la idea de que las mujeres sólo deben asomarse al mundo político, un mundo de hombres, como acompañantes, como mero objeto decorativo.

 

 

 
 

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