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El periodismo contra Melina
 

El 23 de agosto, Melina Romero de 17 años fue a bailar con sus amigos para festejar su cumpleaños. Un mes más tarde, su cuerpo fue encontrado envuelto en bolsas de basura. Durante ese tiempo, la cobertura de algunos medios de comunicación parece indicar que muy poco hemos avanzado en estos años.


(Buenos Aires, 29 de septiembre de 2014). Melina Romero desapareció el 23 de agosto y nada se supo de ella durante un mes. En su búsqueda había una familia y amigos preocupados, tratando de atar cabos sobre qué pasó con la joven. A pesar de la seriedad del caso, los medios de comunicación se ocuparon de presentar a una chica que abandonó la escuela, que le gustaba sacarse fotos y subirlas a Facebook, que le gustaban los piercings, que su vida “no tenía rumbo” y que salía con varios hombres. De esta forma, conocimos a Melina por su aspecto y sus hábitos presentando a una joven cuyas elecciones de vida fueron el motivo de su crimen.

 A pesar de que su desaparición fue el 23 de agosto, la familia tardó 48 horas en hacer la denuncia. Su madre manifestó que a veces la joven se quedaba con amigas y por eso prefirió esperar. De todas formas, la noticia de su búsqueda no llegó a los medios hasta mediados de septiembre, cuando Página12 publicó una nota sobre los nuevos rastrillajes que se estaban llevando a cabo en la localidad bonaerense de San Martín y Clarín publicó un perfil de Romero que convirtió a la adolescente en  objeto de difamación. Ambas publicaciones se referían a lo mismo, pero de una forma muy diferente: Página 12 se centró en las investigaciones policiales y los datos concretos que se tenían en ese momento; Clarín exploró cada detalle de la vida privada de la joven estigmatizando el origen de Romero y sus hábitos: “Hasta su desaparición, se levantaba todos los días al mediodía y luego se juntaba con sus amigos en la plaza de Martín Coronado, que está sobre avenida Perón, a metros de la estación de trenes. Ahí se quedaba hasta la madrugada con chicos de su edad”, relata la nota titulada Una fanática de los boliches, que abandonó la secundaria.

 Así presentan a Romero como una chica “Ni-ni” (ni estudia, ni trabaja) y por eso es una mala adolescente de alguna manera co-responsable de su destino. La comparación más directa que se puede hacer con este caso es el de Ángeles Rawson: la edad es similar, las dos desaparecieron para luego de una extensa búsqueda ser halladas muertas en bolsas de basura. La diferencia está en que una desapareció a la salida del boliche, la otra a la salida del colegio; una es de El Palomar, la otra de Palermo. Mientras que a Rawson se la describió como una pobre chica cuya vida quedó  trunca, Romero era una joven irresponsable con una vida sin rumbo. La comparación entre estos dos casos nos deja nuevamente frente a una dicotomía que querríamos ver superada: la víctima buena y la víctima mala, una más “inocente”que la otra. A la buena víctima la lloramos, a la mala la repudiamos. La nota publicada por Clarín fue fuertemente criticada en las redes sociales y por distintos colectivos de prensa como la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina (RIPVG en Argentina). También movilizó a los profesores de Romero a escribir una carta pública en la que indican: “La relevancia del caso de Melina, tiene que ver con que es Mujer y encima de una familia humilde. Se la condena por ello”.

El 17 de septiembre, en una nota titulada “Yo estuve en la fiesta sexual de Melina”, Crónica relató que una joven “de nombre Melanie, quien es drogadicta y madre de un pequeño niño” fue testigo de lo que le pasó a Romero ya que “participó de la orgía de drogas y sexo”.  Página12 por su lado destacó que lo más importante era que la testigo aseguraba “haber presenciado el crimen ‘a golpes de puño y patadas’ de Melina Romero". Ambos medios hablaban de la misma chica y daban cuenta de la misma información, pero cada uno lo hizo desde un enfoque distinto. Así Página 12 se centró en la información que importaba para la investigación, mientras que Crónica se enfocó en el detalle amarillista que contribuye a la estigmatización de la joven (y también de su entorno).

 Un error que cometieron tanto Crónica como La Nación fue que continuaron relatando una supuesta fiesta de sexo, a pesar de que uno de los jóvenes detenidos aseguró que le propusieron a Romero de participar de sexo grupal y ella se negó. La testigo clave (cuyo nombre trascendió a pesar de ser testigo de un posible femicidio y ser menor de edad) aseguró que “’Toto’, Fernando y ‘Chavito’ asesinaron brutalmente a golpes a Melina cuando se quiso ir”. Romero se negó a participar de lo que se describe como “una fiesta” y eso fue lo que causó su muerte. El escenario no es un atenuante de lo que sucedió: un (nuevo) femicidio. En una nota publicada en la revista digital Cosecha Roja, el periodista Maximiliano Montenegro describe: “Al decir que no, tuvo que enfrentarse solita al peor rostro del varón criado y enseñado para imponerse sobre la mujer.” Este es un detalle que los medios ignoraron: la fuerza femicida que se impone sobre la palabra de la mujer. El día después a la aparición sin vida de la joven, Crónica publicó en tapa la noticia ilustrándola (erróneamente) con la foto del cuerpo siendo sacado de donde fue encontrado, pero con el título Sólo dijo no.  Una nota correcta que pone el énfasis donde corresponde, en la palabra la jóven, pero que no necesitaba ilustrarse con una imagen dolorosa e invasiva.

 El caso de Melina dejó en evidencia el trato del periodismo hacia los jóvenes de clase baja y en especial a las mujeres. En su carta,  los profesores de la joven escribieron: “Mujeres que no tendrían más derechos que los que esta sociedad les ‘otorga’ como doble opresión. Es decir, una visión nefastamente machista que cosifica a la mujer. Y en el caso de Melina, además, la condenan por ser joven”.

De estos elementos están conformados los prejuicios que estigmatizan y que presentan como culpable a la persona equivocada: por no tener trabajo, por no estudiar, por su afición a los piercings y a salir a bailar, la chica se buscó lo que le pasó. La mujer queda así una vez más como culpable de su propio crimen. Estos hechos que sorprenden en las noticias y perduran en las tapas de los diarios, no son hechos aislados. Son la cara visible de la violencia contra las mujeres, que en este caso se presentó no solo de forma física sino también mediática.

 
 

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