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El difícil arte de convivir con Barreda
 

En noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, suegra e hijas, y fue condenado a cadena perpetua. En el 2008 salió de la cárcel y se fue a vivir con su nueva pareja, Berta André. Ahora fue citado por el juez debido a “problemas de convivencia”.

(Buenos Aires, 17 de diciembre de 2014) - El 15 de noviembre de 1992, el odontólogo Ricardo Barreda asesinó a su esposa, su suegra y sus dos hijas en su casa. Intentó  hacerlo pasar por un robo, pero al declarar en la comisaría confesó el asesinato. Intentó justificar el crimen argumentando los malos tratos a los que era sometido por las cuatro mujeres, y de esta forma, Barreda se convirtió en un polémico, pero muy popular, ícono machista.

 En 1995 fue condenado a reclusión perpetua por triple homicidio calificado y homicidio simple, pero en el 2008 le otorgaron prisión domiciliaria y más tarde, en  2011, libertad condicional. En la cárcel Barreda se mostró arrepentido, juró un dolor muy hondo y profundo, pero también aseguró que “lo volvería  hacer” porque “vivía en un infierno y me tenían loco”. A pesar de sus propias contradicciones, mientras estaba encarcelado el odontólogo   estudió derecho y conoció a  Berta André, con quien se fue a vivir cuando recibió el permiso para salir de la cárcel.

El 10 de diciembre pasado, La Nación relató un nuevo capítulo en la vida del odontólogo: fue citado a declarar ante la Justicia por “problemas de convivencia” con André. En abril de este año, Barreda se había presentado ante el juez “para advertir de la existencia de los problemas conyugales, ya que teme que una eventual denuncia de André pueda hacerle perder la libertad condicional de la que goza”, relató La Nación en la nota titulada Barreda, a la Justicia por crisis de pareja

El odontólogo aseguró que André “tiene problemas de salud, neurológicos, que habrían afectado sensiblemente la vida en pareja”. Al serle concedida la prisión domiciliaria, André salió como garante de Barreda. La pareja se había conocido cuando ella acompañaba a una amiga a visitar a su hijo preso. De encontrarlo culpable de algún tipo de violencia contra su pareja, Barreda podría volver a la cárcel ya que no cuenta con otro domicilio donde poder fijar su residencia (su casa fue expropiada por la justicia y cedida a una organización que lucha contra la violencia de género).

Lo que representa Barreda va más allá de un simple caso. Miguel Maldonado, psiquiatra forense y perito de parte en el caso declaró a TN: "Barreda fue un chico abusado psicológicamente por su padre y maltrataba a su madre" y agregó: "Barreda es un loco. Fue, lo es y morirá siendo loco". Al mismo tiempo La Nación recuerdó que en 2011 “los jueces de la Cámara de Apelaciones y Garantías Luis Pedro Soria y María Luisa Oyhamburu ponderaron un dictamen médico que afirmaba que Barreda estaba estable y no presentaba ’signos evidentes de patología peligrosa’". Crónica, en su nota titulada ¿Vuelve a prisión? destacó las pocas referencias de André sobre su pareja: “’Vuela una mosca y le molesta. Voy con él a La Plata, qué sé yo, no sé’, respondió Berta frente a las preguntas de los periodistas, en su rostro tenía una mancha”.

Desde el momento del crimen, Barreda se mostró con mucha tranquilidad ante los hechos. Por haber asesinado a su familia, compuesta por cuatro mujeres, el odontólogo pasó a ser conocido como San Barreda, el patrono de los maridos o de los varones oprimidos por el matrimonio. En un intento de humor, la estampita donde Barreda aparece “santificado” sosteniendo en su mano la misma escopeta con la que cometió el crimen, se pasa por internet con frases como “San Barreda, te suplico: que este loro cierre el pico” o “San Barreda, mi profeta, desmagnetiza esa tarjeta”.           

Mientras que la regla general establece que el asesinato de uno o más familiares es condenado socialmente, en este caso sucedió todo lo contrario. Desde 1992, el crimen perpetrado por Barreda suscitó una serie de humoradas y convirtió a un cuádruple femicida en un sujeto admirado, un ídolo de aquellos hombres que justificaban el asesinato de cuatro mujeres. El caso Barreda es, de esta forma, una representación de la mentalidad machista y misógina aún vigente.

 
 

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