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La Voz (Córdoba). 02/08/2015
Otra forma de discriminación
 

Entre las propuestas o no-propuestas de los candidatos para las próximas elecciones no se habla del escaso número de mujeres que ocupan candidaturas y del difícil acceso de ellas a puestos de decisión.

Por Mariana Winocur (Especial)

 

La violencia de género lo atraviesa todo. Adquiere variadísimas formas y dimensiones. Hay un tipo de violencia que parece más sutil y, por eso, no tan visible: la violencia que implica la poca participación de las mujeres en las candidaturas en este proceso electoral. La discriminación hacia las mujeres en su participación política.

¿Cuántas mujeres se han postulado para ocupar un cargo ejecutivo? ¿Cómo están las mujeres en las listas a cargos legislativos? Yendo más lejos todavía, ¿cuál es el porcentaje de mujeres en el Poder Judicial, en los sindicatos, en puestos jerárquicos de las empresas? La respuesta es casi siempre la misma: las mujeres son un pequeño porcentaje en el ámbito público y en los puestos de toma de decisión.

Natalia Gherardi es una de las voces calificadas en violencia que conoce el tema desde una perspectiva de derechos humanos. Además de dirigir el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), es abogada y docente universitaria de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y en la Maestría en Derecho y Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Lanús.

–¿Somos un país violento con las mujeres?

–Somos un país que permite la persistencia de muchas formas de violencia hacia las mujeres sin suficientes políticas públicas debidamente articuladas para abordar la cuestión en toda su complejidad.

–Además del femicidio, ¿a qué otras violencias nos referimos?

–El femicidio es la forma extrema de la violencia hacia las mujeres. En muchos casos, es la última expresión de un continuo de violencia que comienza con la desvalorización, la humillación, el aislamiento, las condiciones de sometimiento económico y emocional de mujeres que ven gravemente afectada su autovaloración y por lo tanto se dificulta la superación de relaciones fundadas en la desigualdad y el sometimiento. Pero las distintas formas de violencia no se construyen individualmente, son expresión de una cultura que sostiene esa desvalorización de las niñas, jóvenes y mujeres a través de las expresiones públicas más diversas.

La discriminación hacia las mujeres en puestos de decisión es una forma menos visible del gran abanico de violencia que enfrentan las mujeres. En ese sentido, ELA ha investigado cómo la discriminación no sólo viene de afuera, sino que las mismas mujeres se autoexcluyen de la participación política con diferentes excusas o motivos. Por su vida familiar o personal. Porque la política “es egoísta”. Porque la maternidad no les da tiempo. Porque se sienten inseguras. Por temor a ser descalificadas. Estas respuestas muestran otro tipo de violencia, la llamada violencia simbólica que implica que las propias violentadas asumen como natural algo que las discrimina.

–¿Cómo revertir esta violencia simbólica?

–La violencia simbólica se expresa en forma cotidiana tanto en las relaciones de familia como en espacios públicos (de empleo, educativos) y se sostiene sin duda desde los medios de comunicación a través de distintos mensajes. Ya sea en las ficciones como en los modos en que se presentan muchas noticias en los programas periodísticos, en las publicidades, el cine... son muchos los mensajes que recibimos desde la infancia. Así la socialización temprana de niñas y niños incorpora esa diferencia entre lo que se considera “propiamente femenino” y “propio de los varones”. Se construyen las subjetividades con ciertas características que fomentan la desigualdad, la desvalorización de las mujeres.

–¿Cómo se puede revertir esta violencia política?

–La lucha contra la violencia hacia las mujeres no la deben dar exclusivamente las mujeres. No se trata de “problemas de mujeres”, sino de problemas de la sociedad que nos afectan como conjunto, aunque tienen un impacto brutal en las vidas y en las posibilidades de desarrollo personal, profesional y político de las mujeres. Al mismo tiempo, es cierto que ya sea por buscar la representación de los intereses de las mujeres, por identificación de género o empatía, en las últimas décadas han sido las mujeres en política quienes han impulsado en mayor medida la implementación de políticas públicas para avanzar en este y otros temas fundamentales de la agenda por los derechos de las mujeres. Pero claramente la mayor participación de las mujeres en política no será suficiente, en tanto mujeres y varones no incorporen un enfoque igualitario en su actuación pública, asumiendo un compromiso de erradicar de distintas manifestaciones de la desigualdad que cimientan las condiciones en las que luego se expresa en forma de violencia.

Después de #NiUnaMenos

La convocatoria a marchar por #NiUnaMenos no se gestó de la noche a la mañana. Sin embargo, el disparador de semejante participación tuvo un ingrediente de prejuicio y estereotipo.

La explicación de Natalia Gherardi es contundente: “Este año hubo una cantidad de femicidios sorprendentes por la forma en que se dieron, por los espacios públicos en que ocurrieron. Pareciera que el peligro ya no era solamente para las que estaban en sus casas con un hombre violento o expareja violenta (las “sometidas) o para las que salían en la noche (las “provocadoras”, típico prejuicio que hay acerca de las jóvenes y en las niñas que salen). El peligro está claramente a plena luz del día en lugares céntricos y teóricamente protegidos.

–Me quedo pensando en los prejuicios sobre las víctimas de la violencia. Recién salimos a la calle cuando las víctimas ya no encajaban en los estereotipos...

–Todavía hay una mirada muy prejuiciosa. Cuando analizamos cómo los medios cubren los casos de violencia o cómo se formulan las opiniones de las personas en lugares de decisión, encontramos muchos prejuicios. La violencia está en la agenda de los medios y en la agenda pública, sí, pero la concepción de qué es la violencia contra las mujeres es todavía muy recortada. No todas las víctimas reciben el mismo respeto por parte de la opinión pública. Si no trabajamos en erradicar la discriminación será muy difícil eliminar la violencia.

–¿Qué avances hubo a partir de la marcha?

–La marcha fue una gran oportunidad para hacer escuchar un reclamo colectivo de condena sobre las formas más extremas de violencia hacia las mujeres. Desde entonces, muchos organismos públicos a nivel nacional y provinciales han dado a conocer acciones que llevaban adelante, pero que no se habían difundido públicamente, y otros anunciaron nuevas iniciativas para mejorar sus políticas de respuesta ante el fenómeno de la violencia.

A partir de esta enorme manifestación surgen los desafíos. “El gran desafío es avanzar en la rendición de cuentas: sostener la difusión de información pública sobre los objetivos, estrategias y logros de las distintas políticas y, sobre todo, mejorar la coordinación y articulación de esfuerzos”. Lo remarca Gherardi: las acciones también tendrán que considerar las formas más sutiles de violencia. La poca participación política será una de ellas.

 
 

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