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La Nación. Suplemento Ideas. 08/11/2015

Carrera desigual: para ellas, votos con obstáculos

 

AL PODER. A pesar de un creciente apoyo en las urnas, las mujeres siguen enfrentando prejuicios y dificultades en sus partidos.

Por Raquel San Martín

Entre la banca del Congreso y el sillón de la gobernación puede haber un largo camino y, si se lo propone recorrer una mujer, probablemente incluya obstáculos y desconfianzas, desvíos para ocuparse de "temas femeninos" o preguntas sobre su vestimenta. Sin embargo, algo parece estar cambiando en esa carrera desigual. Oculto por los sorpresivos resultados de la primera vuelta electoral, hace dos domingos, quedó otro mandato de las urnas: desde diciembre la Argentina perderá a su presidenta mujer, pero tendrá el récord histórico de cinco gobernadoras (una de ellas, María Eugenia Vidal, además, en la estratégica provincia de Buenos Aires) y, para sumar al argumento, el distrito más poblado de esa provincia, La Matanza, tendrá al frente a una intendenta.

Como si los vientos de renovación política estuvieran también derribando algunas barreras culturales, las gobernadoras (Vidal; Alicia Kirchner en Santa Cruz; Rosana Bertone en Tierra del Fuego; Lucía Corpacci en Catamarca y Claudia Ledesma Abdala de Zamora en Santiago del Estero), aún con sus perfiles y trayectorias disímiles, parecen sugerir que los tradicionales obstáculos que encuentran las mujeres para llegar a cargos ejecutivos -el Congreso, gracias a la ley de cupo femenino, es un ámbito más amigable- podrían estar perdiendo algo de su fuerza.

Sin embargo, después del aplauso, los expertos llaman a la cautela: en la Argentina, en la región y en el mundo los estereotipos sobre las mujeres y sobre el poder se mantienen, y los partidos políticos son muchas veces los que más dificultan la visibilidad y la competencia igualitaria a las mujeres que, en América Latina, son más de la mitad de los militantes pero clara minoría entre los dirigentes partidarios

Una red invisible y naturalizada que mezcla prejuicios sobre las mujeres (débiles y emocionales) y sobre el poder (cosa de fuertes y racionales), tradiciones partidarias y una difícil relación con el dinero -elemento clave en la política- envuelve las aspiraciones de muchas mujeres. En este escenario, ¿qué efecto ha tenido la presencia de Cristina Kirchner en lo más alto del poder político argentino durante ocho años?

"El poder en el territorio fue esquivo al liderazgo de las mujeres durante muchos años y la llegada de una mujer a la presidencia en 2007 pareció indicar lo contrario. Estas cinco gobernadoras dicen que las mujeres también disputan poder en el territorio, y que la ciudadanía puede acompañar con su voto a candidatas en todos los espacios de poder. Pero también es cierto que la 'sorpresa' de esta noticia da cuenta de la dimensión de la discriminación que se sigue viviendo. Si hubiera realmente paridad en el ejercicio del poder político, éstas no serían noticias que destacaríamos", apunta Natalia Gherardi, abogada y directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género.

Es probable que estos resultados puedan verse como la continuación esperable de una década en la que se nominó a la primera mujer en una Corte Suprema democrática (Carmen Argibay, en 2005); se eligió a la primera mujer gobernadora de la historia (Fabiana Ríos, en Tierra del Fuego, en 2007), y en la que dos mujeres peleando por la presidencia se llevaron el 70% de los votos (Cristina Fernández de Kirchner y Elisa Carrió, en 2007). Es cierto que los perfiles de las cinco ganadoras son disímiles, y van de María Eugenia Vidal en un extremo -la menos apadrinada de las cinco, de la universidad a la gestión- a Claudia de Zamora, que representa el estereotipo que más irrita a las feministas radicales y a muchas mujeres políticas: la esposa de (al pasar: las dos tienen 42 años). A pesar de sus linajes familiares, Alicia Kirchner y Lucía Corpacci (prima del ex gobernador Ramón Saadi) tienen trayectoria política y de gestión propia.

"Es verdad que las mujeres están en el mismo escenario que los varones, pero no compiten en las mismas condiciones", aclara Virginia García Beaudoux, consultora del PNUD y del NIMD en temas de política y género, investigadora del Conicet y del Instituto Gino Germani.

Escasas posibilidades de encabezar listas, menos recursos económicos y cobertura mediática que sus pares varones, reticencias de los dirigentes sobre la capacidad técnica y la fortaleza personal de ellas y hasta horarios y modalidades de trabajo más complicados para las mujeres con hijos se suman a algunos estereotipos persistentes, como indican estudios en buena parte del mundo.

¿Puede algo de eso estar cambiando? "Las nuevas gobernadoras reflejan un cambio en la llegada de las mujeres a poderes ejecutivos subnacionales, lo que requiere atravesar otras barreras que las que existen en la representación parlamentaria. Pero además varias de ellas tienen experiencias de colaboración con los varones que dieron forma a sus candidaturas, conocen el lado más informal de la política, han construido confianza desde allí -dice Paola Bergallo, profesora de la Universidad de Palermo e investigadora adjunta del Conicet-. Para llegar a cargos ejecutivos hay que tener acceso a recursos de financiamiento y eso es un punto de inflexión: estas mujeres los tuvieron. El cambio es que las estructuras partidarias pusieron candidatas reales, que no son necesariamente feministas."

El fenómeno, como se dijo, es mucho más que local. En América Latina, el 51% de los militantes de partidos políticos son mujeres, pero sólo alcanzan al 16% de los presidentes o secretarios generales, mientras las alcaldesas no superan el 13%. Según cifras de ONU Mujeres, sólo un 22% de los parlamentarios del mundo eran mujeres en agosto (en la Argentina es el 38%), 11 mujeres eran jefas de Estado y 13 jefas de Gobierno. En enero de este año, sólo 17% de los ministerios del mundo estaban en manos de mujeres.

Claro que la situación es desigual, desde los países con leyes de cuotas para sus legislaturas, como la Argentina tiene desde 1991, hasta los que deben destinar la mitad de sus ministerios a mujeres (como Chile, España y Suecia), pero en cualquier parte del mundo se puede mandar a una candidata "a hacer lo que mejor sabe hacer: lavar los platos" por televisión, como sucedió en Colombia, o indicar a las diputadas electas que sólo deben votar lo que sus colegas varones les ordenen, como cuentan las legisladoras bolivianas. O, como sucedió en Estados Unidos, que a Hillary Clinton se le cuestione su capacidad de ser presidenta cuando el año pasado fue abuela. También hay buenas noticias: el joven primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, acaba de formar el "gabinete más diverso de la historia" de su país, con un 50% de mujeres, "porque es 2015" (https://www.facebook.com/ajplusenglish/videos/639912516150259/?fref=nf).

En síntesis: a pesar de los avances, las dificultades persisten, y están generando todo un movimiento de activistas, ONG y organismos internacionales que financian escuelas de liderazgo político para mujeres, investigaciones y campañas dirigidas sobre todo a sensibilizar a las conducciones de los partidos políticos.

Congresos amigables

Los parlamentos son desde hace décadas más abiertos a la presencia femenina. Desde 1991 en la Argentina la ley de cuotas indica que al menos el 30% de los integrantes de las listas de candidatos al Congreso nacional deben ser mujeres.

"Una ley no modifica pautas culturales, pero la ley de cuotas ha logrado visibilizar y naturalizar a las mujeres en el ejercicio del poder. Han ido ganando posiciones también como presidentas de comisiones (y no sólo de las ligadas salud, educación o familia)", apunta María Inés Tula investigadora del Conicet y profesora de la carrera de Ciencia Política en la UBA. Sin embargo, también esta ley tiene sus limitaciones. "La ley habla de mujeres en las listas, pero no mira cuántos partidos compiten, o si las mujeres ocupan los lugares más abajo en las listas. Entonces a pesar de la ley, no siempre existe el 30% de mujeres en la representación parlamentaria", dice Tula. Por eso, hay países en la región que dieron un paso más audaz. Ecuador, Bolivia, Costa Rica y México tienen paridad: el 50% de los integrantes de las listas de parlamentarios deben ser mujeres, de manera alternada y secuencial. Costa Rica, además, obliga a los partidos que presenten listas en distintas regiones a alternar hombres y mujeres como cabezas de lista.

Quizás mirando las consecuencias positivas del cupo femenino surgieron iniciativas para extenderlo a otros ámbitos: la diputada Carla Carrizo (SUMA+/ECO) presentó en marzo un proyecto en el Congreso para garantizar paridad de género en la Corte Suprema ("el número de jueces del mismo sexo nunca podrá superar en más de uno a los del otro sexo", dice el texto).

Paradójicamente, además de ser el canal natural para acceder al poder, los partidos pueden ser sus obstáculos más persistentes. "Los partidos cumplen con la ley, pero aplican ese mínimo de 30% como máximo. Más allá de la ideología, hacen un cumplimiento minimalista y burocrático de la ley", apunta Tula.

Una investigación reciente de IDEA Internacional y el BID en 18 países de la región(http://www.idea.int/es/publications/parties_and_parity/index.cfm) apunta en ese sentido: "El cuello de botella que impide la elección de un número mayor de mujeres en cargos públicos parece encontrarse dentro de los partidos políticos, donde los modelos de participación siguen siendo preeminentemente masculinos y poco inclinados a la promoción de liderazgos de mujeres". Quizás por eso, sugiere Bergallo, dos líderes políticas, como Elisa Carrió y Margarita Stolbizer terminaron por irse de sus partidos cuando empezaron a crecer, "como si ciertas estructuras partidarias no pudieran absorber nuevos liderazgos".

Claro que todas esas dificultades están ancladas fuera de los partidos, en los estereotipos sobre las mujeres y sobre las mujeres en la política. "Por ejemplo, que las mujeres siempre anteponen las necesidades de los demás a las propias y son generosas; que no deben autopromocionarse sino ser modestas; que no les debe interesar el poder ni el dinero. La ambición política no encaja con el estereotipo de mujer -enumera García Beaudoux, que además dirige el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano-. Si una mujer tiene un estilo masculino es fría y calculadora, lo que en un hombre se elogiaría. Las mujeres políticas están en una trampa: si un hombre comparte, delega y da oportunidades, todos le agradecen y dicen que le deben algo; si lo hace una mujer, es natural que lo haga y nadie le debe nada."

"Hay pruebas del liderazgo político que ejercen las mujeres y que puede ser juzgado por sus propios méritos. Pero los estereotipos de género que identifican a las mujeres con ciertos atributos que se consideran 'propios' de lo femenino tratan de alejarlas de ámbitos de poder, como si fuera un espacio que debiera resultarles ajeno", dice Gherardi. "¿Esto sucede por efecto de los estereotipos o por un sistema que concentra el poder siempre en pocas y las mismas manos? No sólo las mujeres están excluidas de los espacios de poder. La falta de diversidad no sólo tiene que ver con el género(http://www.ela.org.ar/a2/index.cfm?aplicacion=app187&cnl=15&opc=10)."

Otra trampa, que empieza a volverse más visible a medida que nuevas generaciones se incorporan a la política, acompaña a las mujeres: ¿llegar a un cargo político implica estar obligadas a "ser feministas"? Para el feminismo más radical, sí, sin duda. Para otras mujeres, no necesariamente. "Si hay mujeres políticas que además tienen conciencia de género, es otra cosa, pero no todas la mujeres en cargos ejecutivos o legislativos tienen que tenerla. La ley de cuotas habla de mujeres, no de feministas", dice Tula.

Es el punto que divide a quienes evalúan el impacto de la presidencia de Cristina Kirchner. "La presidenta derribó la idea de que una mujer no puede ejercer el poder. Es un modelo de rol, que hace imaginables las carreras y cambia las proyecciones individuales", dice Bergallo. Para las feministas más convencidas, ocho años de una mujer presidenta para ese efecto es casi haber perdido una oportunidad.

Para quienes comparan a la Presidenta con las colegas mujeres con las que convivió, también. "No creo que Cristina Kirchner haya hecho ningún impacto en promover a las mujeres en la política, porque no basta con su presencia, sino que tiene que ver con el compromiso del presidente con visibilizar las dificultades que tienen las mujeres para acceder a cargos ejecutivos -aporta García Beaudoux-. Michele Bachelet sí tuvo impacto, porque en cuanto asumió decidió que su gabinete iba a tener mitad hombres y mitad mujeres."

Probablemente el comentario de la Presidenta en uno de sus últimos discursos, cuando afirmó que ya se acabó "eso de que las mujeres no pueden ser lindas e inteligentes" no se anote entre sus intervenciones más efectivas en pos de la igualdad de género. Mientras tanto, varias voces llaman a estar atentos a lo que persiste: "Hay cuestiones estructurales que siguen siendo obstáculos y hay que estar siempre atentos a las reacciones conservadores que se dan cuando que hay avances", dice Bergallo. Bienvenido el entusiasmo, entonces, aunque como en todos los procesos culturales no conviene perder de vista que cada metro ganado de un lado alguien lo siente perdido del otro.

Las cinco gobernadoras

María Eugenia Vidal (Cambiemos)

Tiene 42 años e integra Pro desde sus inicios. Fue ministra y vicejefa de gobierno. Será la primera gobernadora bonaerense de la historia

Rosana Bertone (FPV)

Entrerriana, es abogada, fue diputada y senadora nacional. Será gobernadora de Tierra del Fuego

Lucía Corpacci (FPV)

Médica, fue senadora nacional y vicegobernadora de Catamarca, la provincia que conduce desde 2011

Alicia Kirchner (FPV)

Hermana de Néstor, fue senadora y ministra de Desarrollo social desde 2006. Gobernará Santa Cruz.

Claudia Ledesma de Zamora (PJ)

Abogada, es la esposa del ex gobernador Zamora y conduce Santiago del Estero desde 2013

 
 

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