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Una propuesta para la defensa de los derechos humanos de las mujeres de la región
 

En este 10 de diciembre conmemoramos el día en que en la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, según resolución 423 (V). Para las mujeres y su larga historia de reivindicaciones este acontecimiento se constituyó en un hito fundamental al lograr por medio del liderazgo de Eleanor Roosevelt y un grupo de mujeres que le acompañaron cambiar el artículo primero de la redacción original de la Declaración Universal de los Derechos Humanos “ todos los hombres nacen iguales”, por la de “ todos los seres humanos nacen libres e iguales”, siendo un punto de partida importante que adquirió dimensiones de aspiración universal y en donde se asentó el principio de igualdad y no discriminación por razón de sexo, forjado siglos atrás por las mujeres sufragistas.

Esto sería solo el principio después de lograr que parte de nuestras aspiraciones estuvieran en un instrumento internacional de tal envergadura, nos acompañaría en este largo camino de movimientos de mujeres y feministas para profundizar nuestra lucha por la igualdad y la no violencia contra nuestros cuerpos, y así lograr la visibilización de los costos humanos que significa a nivel mundial la discriminación y la violencia como fenómenos estructurales. Lo constatamos por los altos índices de feminicidio/feminicidio a nivel regional en América Latina, o problemas que tienen repercusiones a nivel mundial como es la trata de personas que haciende a 2 millones de las cuales el 80% son mujeres, niñas y niños por mencionar algunos de la graves situaciones que se enfrentan por las consecuencias del sistema sexista, clasista, racista, imperante en nuestras sociedades.

La legislación antidiscriminatoria es un gran avance en la construcción de nuevos paradigmas más democráticos, es así como la comunidad internacional llega a reconocer que la discriminación contra las mujeres es un problema universal y se logra promulgar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer 1979 (CEDAW por sus siglas en inglés) logrando finalmente que 45 años después de la Declaración Universal, en 1993, la Conferencia Mundial de Viena reconozca nuestros derechos como parte de los derechos humanos universales y la violencia contra la mujer se visibilice como una violación a los derechos humanos.

Para nosotras defensoras de las mujeres, pertenecientes a la Articulación Regional Feminista, esta fecha nos lleva a recordar dicho legado y nos permite constatar que falta mucho para que en realidad sea verdaderamente universal el acceso a la justica, que para esto se requiere un profundo cambio cultural y un profundo compromiso universal por parte de los Estados y la Comunidad Internacional, ciertamente hemos avanzado pero en realidad el camino hacia la igualdad aun esta distante.

Articulación Regional Feminista. 

 
 

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