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La Voz del Interior. Ciudadana. 31.12.2015

Femicidios: muchas condenas a perpetua, pocas por violencia de género

 

En 2015 hubo 19 de estos juicios. El 74% de los casos obtuvieron máxima condena. Pero hay divergencia de criterios en la Justicia.

Por Patricia Cravero ?y Claudio Gleser

“Está bien, peleé con la flaca y la acogoté. Pero fue porque ella me estaba arañando...”. Las pruebas lo habían dejado entre la espada y la pared. Jugado al todo por el todo, y con la intención de zafar de una perpetua, Lucas Fabián Taibo (34) confesó ante el tribunal que había estrangulado a su exconcubina, María Ercilia Benítez (24), durante una pelea ocurrida el 16 de noviembre de 2013 en una humilde vivienda de la localidad de La Playosa, a 43 kilómetros de Villa María. Su intención era que el caso se encuadrara en un crimen por emoción violenta y así recibiera una pena morigerada.

Gráfico. Cómo fueron los casos en 2015

Sin embargo, los jueces de la Cámara del Crimen villamariense descartaron su versión, entendieron que fue consciente cuando ahorcó a la madre de su hija de 6 años, pese a tener exclusión de hogar, y lo condenaron a prisión perpetua por homicidio agravado por violencia de género. Dicho de otra forma, fue sentenciado por femicidio.

La sentencia contra Taibo fue dictada, de forma unánime, a fines de noviembre y se convirtió en la 19ª condena en 2015 en los Tribunales de la provincia de Córdoba por femicidios ocurridos entre 2012 y 2014, según un relevamiento propio de La Voz del Interior. Catorce de esas condenas fueron a prisión perpetua. Esto implica que los asesinos deberán pasar por lo menos 35 años encerrados en prisión, para recién poder solicitar y acceder al beneficio de la libertad condicional, siempre que gocen de buena conducta y cumplan con otras exigencias.

Caso contrario, tendrán que estar hasta 50 años presos en una celda.

En las otras cinco condenas a asesinos de mujeres se fijaron penas de 16 a 27 años de prisión. Ninguno fue absuelto.

Al trazar un mapa de las condenas surge que no existe ningún criterio unificador por parte de los jueces a la hora de encuadrar los femicidios.

Mientras en sólo seis crímenes los tribunales se volcaron por el agravante de la violencia de género (el inciso 11 del artículo 80 del Código Penal), en los demás casos se desestimó esta figura y se encuadraron los casos como homicidios calificados, por otros agravantes como la alevosía o el vínculo.

Si bien estos casos terminaron en su mayoría con condenas a prisión perpetua, a la vez generaron críticas por parte de distintos sectores.

Cambios

En 2012, el Congreso aprobó algunas modificaciones en el Código Penal que son claves a la hora de juzgar los femicidios. Los cambios fueron introducidos en el artículo 80 que contempla los agravantes para que un homicidio reciba perpetua. Se amplió la consideración de “vínculo” y se sumó el inciso 11, comúnmente conocido como “agravante por femicidio”, que contempla la perpetua para el crimen de una mujer “cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y medie violencia de género”.

De los 19 casos juzgados este año, dos ocurrieron antes de la reforma del Código y por lo tanto no se aplicaron las modificaciones. Si hubieran ocurrido meses después, quizá otras habrían sido las condenas. O no. Por caso, el femicidio de Marta Graciela Salcedo ocurrió en febrero de 2013, es decir, luego de la reforma. Alberto Rodríguez la golpeó en la cabeza con un sifón y luego la asfixió. Pero como la víctima y el femicida eran amantes, es decir, no tenían un vínculo estable y formal, para la Cámara 7ª del Crimen se trató de un homicidio simple y no hubo perpetua. Rodríguez fue condenado a 22 años de cárcel.

Criterios

Mientras el agravante por el vínculo se aplicó en 12 sentencias de 2015, el de violencia de género sólo se utilizó en seis oportunidades. Uno de esos casos fue el de Natalí Correa, en agosto pasado. Si bien no se conocían antecedentes de violencia en la pareja, la Cámara 2ª del Crimen ponderó que entre la víctima y Jesús Cueva existía una relación desigual de poder y lo condenó por femicidio.

Otro caso que despertó polémica por la calificación legal fue el de Paola Acosta, quien fue asesinada a puñaladas y terminó abandonada en una alcantarilla en 2014. Junto a ella estaba su pequeña hija Martina, quien logró sobrevivir. En los fundamentos, los jueces esgrimieron que no hubo relación asimétrica y que Paola no tuvo una actitud de sumisión, sino de empoderamiento. Dicho de otro modo: para los jueces no fue el prototipo de víctima de femicidio.

Por ello, los magistrados entendieron que no hubo violencia de género. Tampoco vínculo, dado que la relación con el asesino se redujo a unos pocos encuentros. De todos modos, Gonzalo Lizarralde fue condenado perpetua por homicidio calificado por alevosía. Deberá estar por lo menos 35 años preso. El fallo fue apelado por la familia Acosta ante el Tribunal Superior de Justicia (TSJ).

“Los peligros de esta lectura de lo que implica la violencia de género nos deja en una posición de sumisión y pasividad alarmante. Nos quita la capacidad de agencia y de resistencia contra la violencia. Nos dice que tenemos que ser buenas víctimas si queremos justicia”, alertó el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género.

A su vez, en una nota reciente con La Voz del Interior, María Ester Cafure de Batisttelli, exmiembro del TSJ, sostuvo que el caso de Paola Acosta fue femicidio y que las diferencias de interpretación en el Poder Judicial cordobés se debe a una “cuestión de tiempo”. “Si bien hace mucho que los criterios de femicidio están en los tratados, la exigibilidad del Estado para que se cumplan recién tomó fuerza hace poco; a partir de que los comités de seguimiento empezaron a captar que no se cumple lo suficiente. Es una tarea de cambio de parámetros culturales... No nos podemos quedar en la interpretación chiquita de la ley...”, sostuvo.

Para Cafure el problema es determinar “no tanto la relación interpersonal (de tipo íntima), sino cuándo hay violencia de género”. “

El Código Penal no lo especifica, por eso hay que buscarlo en los tratados y en nuestra ley 26.548. En esa ley, está determinado que esa violencia puede ser física, sexual, psicológica o económica”, afirmó.

Sin agravante

En el caso del crimen de Marta Núñez. La Cámara 7ª del Crimen, con jurados populares, condenó a Néstor Carnero a 27 años por homicidio calificado por el vínculo, pero consideró que hubo “circunstancias extraordinarias de atenuación” por analfabeto y alcohólico.

Los juicios

Perpetua. Fueron para los casos Correa, Araya, Ordóñez, Ochoa, Niz, Villarreal, Sily, Alba, Pérez, García, Leguizamón Zamora, Paola Acosta, Pappa y María Benítez.

Otras penas. Ivana Lorena Terán (20 años), María José Urbaneja (16 años), Marta Graciela Salcedo (22 años), Marta Susana Núñez (27 años), Dahiana García (16 años). Tanto el de Terán como el de Urbaneja ocurrieron antes de la reforma del Código Penal.

Agravante por femicidio. Se usó en los casos de Natalí Correa, María Elena Ordóñez, Marylin Sabrina Ochoa, Débora Alejandra Sily, Nadia Alba, María Ercilia Benítez.

 
 

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