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Las mujeres no ganan con las reformas en el impuesto a las ganancias

 

Las reformas realizadas por el Gobierno Nacional en el impuesto a las ganancias sobre los ingresos personales han generado críticas variadas. Pero no hemos encontrado un análisis sobre el impacto de este impuesto y la profundización de las desigualdades en relación con las mujeres, sus ingresos, y una nueva oportunidad desaprovechada para promover la igualdad de género.

(Buenos Aires, 25 de febrero de 2016) - Había sido una promesa de campaña formulada por varios candidatos a la presidencia en respuesta a una demanda de un grupo de la sociedad y del movimiento sindical.  En los primeros meses de gestión, el Poder Ejecutivo Nacional anunció los (¿esperados?) cambios en el cálculo y determinación del impuesto a las ganancias aplicable a las personas asalariadas (trabajadores/as en relación de dependencia) y personas inscriptas en el régimen de autónomos.  Frente a los anuncios, durante días se escucharon reacciones diversas.  Pero hubo un análisis por completo ausente: ¿Qué impacto tiene este impuesto y las reformas anunciadas en las mujeres? ¿En qué medida contribuye o no a la igualdad de género?

Una vez más, las mujeres no ganan con las modificaciones al impuesto a las ganancias. Los cambios anunciados benefician a (un grupo de) trabajadores y trabajadoras de mayores ingresos, donde las mujeres están subrepresentadas por varios motivos: las mujeres reciben menor remuneración por las mismas tareas realizadas, con una brecha salarial que ronda el 30%; a pesar de la amplia participación femenina en el mercado de empleo el techo de cristal les impide acceder en las mismas proporciones que los varones a puestos de mayor jerarquía.

En cambio, las mujeres están sobre-representadas en la categoría de monotributistas, grupo para el cual también hubo promesas de campaña: proporcionalmente, hay más mujeres registradas como monotributistas que como trabajadoras formales que tributan ganancias, o que en el régimen de autónomos. 

En la campaña electoral, el ahora presidente Macri afirmó que extendería la Asignación Universal por Hijo (AUH) a quienes están inscriptos en el monotributo, hasta hoy injustamente excluidos de toda forma de protección social para sus hijos e hijas. El grupo de mayores ingresos, recibe la posibilidad de realizar deducciones impositivas (del impuesto a las ganancias) por los hijos e hijas que tienen a cargo. El grupo de asalariados de menores ingresos (que no tributan ganancias) reciben asignaciones familiares por sus hijos e hijas. Los trabajadores y trabajadoras informales, reciben la AUH. Las monotributistas no reciben hasta ahora nada.

 

Las reformas del impuesto a las ganancias (que también es parte de un componente impositivo que se paga con el monotributo) no alcanza a una gran cantidad de mujeres y profundiza la desigualdad de género. Más aún cuando consideramos que, como incentivo fiscal a la regularización del empleo en casas particulares, se aumentó el monto que trabajadores/as autónomos y en relación de dependencia pueden deducir del pago del impuesto por el  pago de salarios para sus empleadas/os domésticas/os. Mientras que el sector más acaudalado del país puede contar con una ayuda fiscal para la contratación de personal – una de las estrategias de cuidado a las que recurren un grupo de la sociedad – ese beneficio también está excluido para quienes están inscriptos en el monotributo.

Los impuestos también deben ser analizados desde una perspectiva de género, porque también tienen un impacto en las condiciones de vida y el empleo de varones y mujeres. Como otras medidas de política económica y fiscal, ésta también podría ser una herramienta para avanzar en la igualdad de género.

 

 

 
 

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