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Sin derechos no hay democracia
 

A 40 años del último golpe militar, en ELA queremos recordar a las mujeres que fueron víctimas de la violencia represiva y a las que tuvieron el coraje de reclamar por las vidas de sus familiares desaparecidos.

(Buenos Aires, 24 de marzo de 2016) – Al cumplirse hoy 40 años del último golpe militar en nuestro país, en ELA queremos recordar a las mujeres que fueron víctimas de la violencia represiva. Así como también reconocer a las que tuvieron el coraje de reclamar por las vidas de sus hijos, hijas, u otros familiares desaparecidos.

La violencia específica hacia las mujeres durante la última dictadura, y particularmente dentro de los Centros Clandestinos de Detención se enmarca dentro del plan más general de exterminio que llevó adelante la dictadura. La violencia sexual a la que fueron sometidas las víctimas del terrorismo de Estado ha sido silenciada por muchas de ellas y, en particular, por la Justicia que se demoró décadas en investigar y sancionar esa forma específica de violencia, con un claro componente de género. En este sentido el fallo que el 26 de octubre de 2011 condenó a 18 represores de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) fue histórico porque ordenó que se abra una investigación paralela para juzgar los delitos contra la integridad sexual de las personas que estuvieron cautivas en ese centro clandestino.

En la introducción del libro Putas y Guerrileras, que escribió junto a Olga Wornat, Miriam Lewin explica que las mujeres sobrevivientes sufrieron doblemente el estigma: “La hipótesis general era que, si estábamos vivas, éramos delatoras y, además, prostitutas. La única posibilidad de que las sobrevivientes hubiéramos conseguido salir de un campo de concentración era a través de la entrega de datos en la tortura y, aún más, por medio de una transacción que se consideraba todavía más infame y que involucraba nuestro cuerpo”. Lewin es también una de las cinco autoras de Ese infierno, que reúne las voces y la memoria de cinco sobrevivientes de la ESMA que a través de ese libro lograron romper el mandato de silencio que regía adentro y que continuaron afuera.

Mención aparte merecen las mujeres que encabezaron la lucha por memoria, verdad y justicia. La historia es conocida: las mujeres que comenzaron a marchar alrededor de la Pirámide de Mayo en la Plaza, esas Madres que luego dieron lugar a las Abuelas. Muchas continúan hoy, a 40 años, sin saber qué pasó con sus hijas/os, sus nietas/os.

Destacar el lugar de las mujeres es parte también del proceso de memoria, verdad y justicia. Para el cual es necesaria la continuación de los juicios de lesa humanidad. Porque sin derechos no hay democracia. 

 
 

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