Subscribite a nuestro newslatter
 
Una escuela sin violentos
 

En el Colegio Universitario Carlos Pellgrini el alumnado logró que se trasladara a dos preceptores que iban a ser ascendidos dentro de la Escuela aunque tenían antecedentes por violencia de género. Sin embargo, sólo dos de los diarios monitoreados informaron acerca del reclamo.

(Buenos Aires, 28 de abril de 2016).  Las y los alumnos de la Escuela Carlos Pellegrini levantaron este lunes la toma que realizaron durante dos semanas para reclamar que dos preceptores sean apartados de todo contacto con el alumnado por tener antecedentes de violencia contra las mujeres, dentro del ámbito escolar. El viernes pasado hubo una reunión entre el rector, Leandro Rodríguez, estudiantes, docentes y padres, donde se confirmó que los preceptores denunciados, Héctor Gómez Mastrogiovanni y Fernando Jodara, serán trasladados a la Secretaría de Educación Media, como había requerido la Universidad de Buenos Aires, de quien depende el Colegio. 

De los medios monitoreados, sólo Clarín y Página12 dieron cuenta de las medidas adoptadas por las y los estudiantes, que reclamaron su derecho a no ser cuidados por violentos. La denuncia apuntaba contra Héctor Gómez Mastrogiovanni y Fernando Jodara. Tal como informaron ambos medios, el primero fue acusado en 2007 de haber agredido a dos alumnas del colegio, motivo por el cual se le abrió un sumario y se lo suspendió por cinco días al considerarlo “responsable de negligencia en los deberes a su cargo, en un hecho por el que resultaron lesionadas física y psicológicamente dos alumnas a su vigilancia”. Jodara, por su parte, fue acusado el año pasado de haberle dado un beso a una alumna de segundo año sin su consentimiento.

Tal como señaló Luciana Peker en su nota A donde vayan los iremos a buscar publicada en el suplemento Las 12, el peligro de ascender a un preceptor con estos antecedentes “no es solo la posibilidad de repetir escenas de violencia, sino también que no esté capacitado para detectar y frenar la violencia que padecen chicos y chicas y que el Estado tiene que resguardar”. La hipocresía por parte de la institución, que el año pasado colgó el cartel de #NiUnaMenos, pero protegía a los agresores, fue también denunciado por las estudiantes consultadas por los medios citados. En este sentido, cabe destacar que aunque el reclamo fue de todo el alumnado, los medios recurrieron a los testimonios de fuentes femeninas, en general, integrantes del Centro de Estudiantes.

Si bien, como hemos señalado en otras ocasiones, la violencia contra las mujeres tiene prensa, el reclamo de las y los alumnos del Pellegrini tuvo poca repercusión en los diarios monitoreados. Lo que da cuenta de lo difícil que resulta todavía en algunos espacios denunciar las diferentes formas que puede adoptar la violencia y la indiferencia que se transforma en complicidad con el agresor. Históricamente la palabra de la mujer que denuncia malos tratos es puesta en duda, incluso si son adolescentes. Pero hay algunos cambios, no solo en materia legislativa. Las chicas conocen sus derechos, lo que les permite exigir que sean respetados. Las adolescentes están empoderadas.

El fin del conflicto trajo también otras buenas noticias, ya que las autoridades se comprometieron a profundizar la Ley de Educación Sexual Integral y la aplicación del Protocolo de intervención Institucional ante denuncias por violencia de género, acoso sexual y discriminación de género, que se aprobó en la Universidad de Buenos Aires el año pasado. 

 
 

Volver