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Un escándalo para desmitificar la violencia contra las mujeres

 

A pesar de la espectacularización de la violencia que realizaron la mayoría de los medios de comunicación, la crónica de la denuncia de Bárbara Vélez contra Federico Val por violencia de género sirve para desmitificar algunas creencias en relación con la violencia contra las mujeres que siguen vigentes en la sociedad.

(Buenos Aires, 27 de mayo de 2016) - En las últimas semanas los medios de comunicación le dedicaron muchísimas horas de aire y cientos de caracteres al “escándalo” protagonizado por Bárbara Vélez y Federico Bal. Ella lo denunció públicamente por violencia de género y él negó todas las acusaciones. La crónica de la denuncia sirve para desmitificar algunas creencias en relación con la violencia contra las mujeres que, teniendo en cuenta las declaraciones de los involucrados y otras personas de su entorno, siguen vigentes en la sociedad. 

Todo comenzó en marzo cuando José María Muscari, director teatral, declaró en el programa de televisión Intrusos que se había enterado por una vecina que le contó haber escuchado peleas y golpes provenientes del departamento de Bal. Según informó Clarín, Muscari fue entonces a hablar con Vélez y luego consultó con una psicóloga especialista en violencia de género. Vélez ya había negado que la violencia fuera el motivo de su separación y unos días después de las declaraciones de Muscari los medios dieron cuenta de la reconciliación entre los actores. El mito de que lo que pasa en una relación es algo privado y nadie debe o puede intervenir siquiera cuando estamos hablando de violencia sigue vigente. Sabemos que de la violencia las mujeres no salen solas y que muchas veces no pueden pedir ayuda. Por este motivo desde hace unos años las campañas que brindan información sobre adónde pueden acudir las víctimas de violencia de género interpelan también a las personas de su entorno. 

A principios de mayo, Vélez protagonizó la tapa de la Revista Gente. En una de las fotos que acompañaban la nota la actriz tenía un moretón en el brazo. Él la denunció por agresiones y ella por violencia de género. Y dio pie a una escalada mediática que hizo de la violencia contra las mujeres un espectáculo.  

La frivolidad y cierta irresponsabilidad mediática fue incluso señalada en una columna en La Nación firmada por Marcelo Stiletano. Los medios reprodujeron la imagen de relación enferma replicando las declaraciones tanto de los involucrados como de sus padres. Definir a los integrantes de una pareja como enfermos para justificar una violencia supuestamente desatada por celos y control lo que hace es revelar que estás prácticas están naturalizadas como parte de las relaciones de pareja y solo son cuestionadas si surgen episodios violentos. Lo que estaba en juego era la palabra de él contra la de ella e incluso en algunos medios protestaban por la falta de testigos; una actitud que recuerda a la de la justicia que desvaloriza la palabras de las mujeres y pide marcas de la violencia, pruebas de resistencia por parte de ellas y si es posible espectadores (mayores de edad, porque la palabra de niños y niñas tampoco alcanza) en una escena que suele tener lugar al interior de las casas. Hubo también referencias a actitudes violentas de Vélez en una nueva reversión del “algo habrá hecho”.

Mientras tanto, se acerca el primer aniversario de la convocatoria de Ni Una Menos y se volverá a las calles a reclamar porque en nuestro país cada 30 horas es asesinada una niña, adolescente, joven o adulta. Pero  parece que a algunos medios la violencia solo les importa si hay personas del mundo del espectáculo involucradas y las discusiones de sus protagonistas suman rating. 

 

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