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¿Cayendo en las trampas?

 

En Mar del Plata la Cámara de Casación Penal resolvió no hacer lugar al pedido del Fiscal General, que solicitaba condenar a una mujer por homicidio agravado por el vínculo. Arribó a esta decisión por entender que no existía entre la acusada y la víctima una “relación de pareja” que permitiera aplicar el agravante. La sentencia se suma así a la lista de precedentes que plantean una interpretación del agravante incorporado con la Ley 26.791.

(Buenos Aires, 30 de junio de 2016) - Graciela fue condenada por el Tribunal en lo Criminal Nº 3 de Mar del Plata a la pena de dos años de prisión e inhabilitación especial para poseer y/o portar armas de fuego durante ocho años, por ser considerada autora del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en estado de emoción violenta. Sin embargo, el Fiscal General Adjunto de la Fiscalía de Cámaras apeló la decisión y pidió que la calificación fuera de homicidio agravado por el vínculo (figura contemplada en el Código Penal con las modificaciones introducidas a través de la ley 26.791) en virtud de la relación de pareja que existía entre ambos.

La Sala Cuarta de la Cámara de Casación Penal resolvió no hacer lugar al pedido del Fiscal, Oscar Deniro, por entender que no existía entre la acusada y la víctima una “relación de pareja” que permitiera aplicar el agravante del 80 inciso 1.

La interpretación que se propone en la sentencia en relación con la configuración de una “relación de pareja” ofrece muchas aristas para analizar. Por un lado, despierta interrogantes sobre el arma de doble filo que puede ser el derecho penal en la medida en que ciertas normas pensadas para la justicia de género corren el riesgo de volverse contra las mujeres. Por otro lado, sienta un precedente restrictivo respecto de la interpretación de la “relación de pareja” a que se refiere el inciso 1 del artículo 80 del Código Penal, que es el más utilizado por el Poder Judicial para castigar con prisión perpetua los femicidios de mujeres en manos de sus parejas. Los relevamientos de sentencias realizados muestran una muy baja aplicación del agravante contemplado en el inciso 11 por “violencia de género”.

“La persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia” es uno de los nuevos supuestos dentro del homicidio agravado por el vínculo que la ley incorporó con esta reforma (antes limitada a “los cónyuges”). En el caso en cuestión, según se lee en el texto de la sentencia, las personas involucradas mantuvieron un vínculo “durante varios años”. La pregunta que se plantea en esta y en muchas sentencias recientes sobre casos de femicidio, es si el vínculo que se mantuvo entre Graciela y Sergio C. se enmarca en el artículo 80 inciso 1.

La Cámara recurre al Código Civil y Comercial de la Nación para intentar definir el concepto de pareja. Así, encuentra que la situación de las partes involucradas no es ni un matrimonio ni una unión convivencial, definida en el Código Civil como una “unión basada en relaciones afectivas de carácter singular, pública, notoria, estable y permanente de dos personas que conviven y comparten un proyecto de vida común, sean del mismo o de diferente sexo”.  

La Cámara sostiene este texto brinda “pautas” respecto de cómo definir los alcances del concepto de “pareja”:

Como punto de partida debe entenderse a la [pareja] como una relación signada por el afecto entre dos personas, que puede o no presuponer convivencia o vida en común. Pero esa vinculación debe considerarse conteniendo las notas que distinguen a una pareja como lo es el vínculo sentimental que es común a sus integrantes y que apunta a un proyecto común. Esto no quiere decir que esa proyección implique algún tipo de construcción de una familia o un hogar, mas sí el sostenimiento de la relación amorosa compartiendo momentos y circunstancias de la vida misma como integrantes de ese conjunto de personas.

A esto suma el requisito de que la relación tenga el carácter de notoriedad, cierta estabilidad y permanencia:

debe ser susceptible de ser conocida en general y tener trato propio de una verdadera relación basada en el amor entre dos personas que se comportan como pareja, presentándose así en público. No debe tratarse de una unión casual resultando que debe sostenerse en el tiempo, más la intensidad del vínculo puede demostrar el “affectio” que resulte comprendido dentro de una “pareja” alcanzada por el tipo penal en trato.

Esta forma de definir la “relación de pareja” radica, según la Cámara, en la necesidad de prueba de este tipo de relación informal.

La definición a la que llega esta sentencia excluye relaciones en las cuáles la discriminación y la asimetría de poder en el marco de un vínculo íntimo-afectivo están igual de presentes que en una relación de pareja con carácter de notoriedad, cierta estabilidad y permanencia.

Sin detenernos en que la sentencia omite cualquier consideración sobre violencia contra las mujeres, aun cuando hay testimonios que se refieren a una actitud controladora de la “víctima” en relación a la mujer acusada, queremos llamar la atención respecto de lo peligroso de esta interpretación llevada a casos de femicidio.  Las reformas que se incorporaron con el objetivo de condenar social, simbólica y penalmente con mayor severidad la violencia que ejercen los varones contra las mujeres, pueden volverse también una de las tantas trampas que el derecho penal gusta tender a las mujeres.

La sentencia completa en nuestro Observatorio de Sentencias Judiciales.
 
 

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