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Los Andes (Mendoza). 17/07/2016

El rol de cuidadoras, desigualdad de género

 

Por Redacción LA

Otra de las temáticas que se analizó en el V Foro de Periodismo Científico en Salud Roche Press Day 2016 es el rol de las mujeres como cuidadoras, ya que en el mundo ellas -madres, esposas, hermanas e hijas- dedican mucho más tiempo que los hombres a cuidar a pacientes con cáncer, sin recibir un pago por ello.

En promedio, esta tarea les demanda una dedicación de entre 35 y 50 horas semanales y además, les puede puede producir un deterioro de su propia salud, bienestar y economía. 

Es que un tercio de las mujeres que trabajan y cuidan a una persona enferma tuvo que reducir sus horas de empleo, mientras 29 por ciento perdieron un ascenso, una capacitación o un proyecto por cuidar a un paciente. 

Silvina Anfuso, directora provincial de Género y Diversidad, señaló que el espacio de cuidado en la sociedad está asignado a las mujeres, sin que exista un reconocimiento económico, y subordinado con respecto a quienes tienen este poder, que son los varones (en el mundo, sólo 1 por ciento de las tierras está en manos femeninas).

Esto se traduce en una disparidad que conduce a la desvalorización de las mujeres y hasta en la violencia contra ellas. Además, se refleja en decisiones judiciales, como las que en caso de separación fijan que los hombres deben pasar alimentos, pero no regulan las horas de cuidado de los hijos. 

“Si bien hablamos mucho de igualdad de género, ésta es una desigualdad que persiste”, planteó Anfuso. Y que suele provocar que las mujeres que están insertas en el mercado laboral terminen sobrecargadas porque no hay una corresponsabilidad en las tareas del hogar y de cuidado de las personas.  

En un estudio de opinión elaborado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, “De eso no se habla: el cuidado en la agenda pública”, se hace hincapié en que tanto los varones como las mujeres son capaces de cuidar. Sin embargo, persiste una creencia de que las mujeres están mejor dotadas para esta tarea, como si fuera algo natural y no cultural. 

De ahí que sean ellas las que se encarguen en mayor proporción de cuidar a hijos, adultos mayores o personas enfermas, sin que se reconozca el valor económico de su labor. Por otra parte, el tiempo que dedican a estas actividades no lo pueden dedicar a otras, como un empleo, el cuidado de sí mismas, el ocio o la participación social o política.

 
 

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