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Clarín. Opinión. 10/08/2016

Un discurso inaceptable

 

Por Natalia Gherardi

El rechazo generalizado a los dichos del Cordera es algo para rescatar de este episodio, cuya crudeza no puede considerarse inesperada a sabiendas de que le puso voz a un hit del rock nacional que hace apología del femicidio.

Las reacciones contrastan con la naturalidad con que cotidianamente se repiten como un mantra las letras de canciones de los más variados géneros que disimulan, bajo la pretensión de un hecho artístico, una cultura de la sumisión, la dominación y la violencia sexual. ¿Prestamos atención a lo que escuchamos? ¿Comprendemos la dimensión de lo que repetimos? Con honestidad, me preocupa pensando en las niñas, niños y adolescentes que incorporan en sus bailes un discurso que naturalizan y aceptan sin críticas obvias de parte de (casi) nadie.

Así como todos somos responsables por lo que decimos, también es cierto que al discurso debe responderse con más discurso. Desde los medios, desde los espacios educativos y desde los ámbitos comunitarios es imprescindible responder con argumentos, con información y con un rechazo explícito, fuerte, inequívoco e inmediato, todas las manifestaciones de este tipo. Esa es la forma de combatir el discurso que hiere, viola y somete.

Este discurso y estas ideas son inaceptables para una sociedad que se piensa libre, democrática, igualitaria. Ese es el mensaje que debe prevaleceren todos los ámbitos cotidianos en los que estamos construyendo ciudadanía y reproduciendo (esperamos) lo mejor de la cultura.

 
 

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