Subscribite a nuestro newslatter
 

El homicidio de una mujer trans es femicidio

 

En agosto de este año, la Sala III del Tribunal de Juicio de Salta resolvió condenar a prisión perpetua a dos hombres, Juan José del Valle y Carlos Plaza, por el femicidio de de Gimena Álvarez, una mujer trans.

(Buenos Aires, 26 de septiembre de 2016) – La Justicia salteña resolvió sobre el homicidio de una mujer trans como un femicidio, enmarcando el crimen en el contexto de la violencia de género. Gimena fue atacada por dos hombres a los que conocía, que luego le sacaron sus pertenencias y la arrojaron a un canal. Murió en el hospital, al que fue trasladada luego de ser rescatada por personal policial y bomberos y donde fue intervenida quirúrgicamente. El ataque fue presenciado por un niño, que posteriormente testificó. Fueron ese testimonio y las imágenes obtenidas de cámaras de seguridad, que mostraban la plaza donde solían encontrarse, entre otras personas, los atacantes y Gimena, las pruebas que permitieron a las juezas considerar que habían sido los acusados los co-autores responsables del crimen.

Más aún, las juezas entendieron que el crimen de Gimena fue un homicidio agravado, encuadrado en la figura penal descripta por el artículo 80, inciso 11 del Código Penal, que establece que (…) Se impondrá reclusión perpetua o prisión perpetua, pudiendo aplicarse lo dispuesto en el artículo 52, al que matare: (…) 11. A una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género. 

En efecto, el tribunal realizó una lectura y análisis contextualizados de los hechos, y sostuvo que el ataque a Gimena estuvo motivado por estereotipos de género y por causas sistémicas que colocan a las mujeres trans en una situación de vulnerabilidad cuando se trata de la violencia de género. Para categorizar este hecho como femicidio las juezas consideraron necesario dar cuenta de la femeneidad de Gimena, relatando que ella había obtenido recientemente su identidad como mujer (en realidad, lo que había obtenido era su DNI y partida de nacimiento con su identidad autopercibida y su nombre), y que la víctima era tratada como mujer por su entorno, su familia y sus amigos, desde hacía muchos años. El niño testigo y los dos homicidas se refirieron a ella como mujer. Las juezas mencionan que Gimena se sentía mujer, se vestía  y actuaba como tal. Es esa justificación, junto a la introducción de conceptos como los de género o desigualdad estructural, la que, para las juezas, permite sostener que Gimena era una mujer y que, por lo tanto, su homicidio fue un femicidio.

Las juezas introdujeron la noción de género, afirmando que (l)a identidad de una persona esta compuesta por una parte inmutable como son las huellas dactilares o el genoma humano, y otra parte mutable, dinámica como es el fluido de la personalidad constituida por las características de cada persona. Cada ser humano se percibe asimismo como hombre o mujer, o de una manera menos convencional poniendo un limite al paradigma que durante siglos dominó en la distinción de la sexualidad (varón-mujer) (…) la ley de identidad de género se presenta como una garantía para evitar toda clase de discriminación de grupos históricamente marginados. Existe un sexo biológico que portamos desde el nacimiento y el genero que es la construcción social, el plan de vida que se elige, que es autoreferencial. Lo biológico no es elegido, sino dado y el genero se construye sobre la base de nuestro deseo que se proyecta en la constitución subjetiva y así debe ser reconocido.

En la segunda parte del argumento, recurriendo a instrumentos internacionales de derechos humanos, las juezas dan cuenta del concepto de la desigualdad estructural, y de las ideas  de la violencia contra las mujeres y contra las personas LGBTIQ como violencia sistémica. Entre otras cosas, afirman que la violencia de género es una consecuencia de una situación de discriminación, que tiene su origen en la estructura social patriarcal arraigada en nuestra sociedad.

Finalmente, el tribunal entendió que “el modo en que Gimena perdió la vida, al ser golpeada duramente por dos hombres que se aprovecharon de su condición, con la que al menos uno de ellos tuvo una relación sexual (…) denigrándola y arrojándola después de los golpes al canal, denotan el grado de violencia al que fue sometida, evidenciando el estado de vulnerabilidad y sometimiento en que se hallaba. (…) Esta forma de violencia se trata de una consecuencia de una situación de discriminación, que tiene su origen en la estructura social patriarcal, tan arraigada en nuestra sociedad.”

Valoramos y consideramos relevante la forma en la que las juezas recurrieron a una perspectiva situada, contextualizada de la violencia de género, y de la situación de las mujeres trans en Argentina para analizar los hechos del caso. Entendemos que se trata de una sentencia que, en algún sentido, puede cumplir una finalidad pedagógica. Introduce conceptos como el de desigualdad estructural, violencia sistémica y de género, que no suelen ser tenidos en cuenta en la mayoría de los pronunciamientos judiciales.

Cabe lamentar el hecho de que necesitemos, aun hoy, buscar formas de justificar la femeneidad de una mujer trans para considerar que un ataque cometido en su contra por su condición de mujer o de persona transgénero (o de ambas) es un acto de violencia de género o un femicidio. El autoreconocimiento como persona transgénero, o como mujer, es suficiente para afirmar que se trata de un crimen de odio, un acto discriminatorio.

La sentencia completa, en nuestro Observatorio de Sentencias Judiciales de la Articulación Regional Feminista

 
 

Volver