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Clarín. Sociedad. 14/10/2016

El tango se renueva: ahora las mujeres "cabecean" y tienen un rol más activo
 

Son los códigos y "permitidos" de las nuevas generaciones. Se modernizó el rol de la mujer durante el baile, en correlación con su lugar en la sociedad actual. 

Por Vanesa López

"Ahora las chicas sacan a bailar a los chicos", gritan los parlantes. Y ahí van ellas, a apropiarse de una costumbre que era --hasta ahora-- típicamente masculina: visualizan un hombre y lo invitan a la pista. Son los códigos y "permitidos" de las nuevas generaciones, que refrescan los salones más tradicionales con tatuajes, remeras y jeans rasgados. También se modernizó el rol de la mujer durante el baile: ahora es más activo y participativo, en correlación con su lugar en la sociedad actual. Expertos en género y bailarinas festejan estos cambios. Para los hombres, las opiniones están divididas.

Hay milongas en las que ya de cada 10 parejas que salen a la pista, en una invitó la mujer. "Me parece perfecto que ellas cabeceen. Es algo muy nuevo, que se da hace meses o alrededor de un año", registra Atilio Verón, gerente de La Nacional. "La mujer va a la milonga, quiere bailar, y no la sacan. Y ya no tiene paciencia de estar planchando toda la noche. Entonces dice: 'Bueno, lo saco'", describe Florencia Garesio, organizadora de El Recreo.

Los números reflejan ese optimismo. El 60% de los argentinos está "totalmente de acuerdo" en que la mujer saque a bailar, mucho menos que los suecos (96%) y más que los italianos (31%), según una encuesta realizada el año pasado por TangoTecnia, entre 2.229 bailarines. En nuestro país, el número de adherentes aumentó, ya que en 2014 solo el 50% lo aprobaba. El estudio no especifica en la percepción de los hombres, pero sí lo hace Marcelo Castelo, presidente del Instituto Argentino del Tango: "muchos se sienten avasallados. Salen de su zona de confort, porque siempre estuvo el juego de que el varón propone y la mujer dispone. No sé si es bueno o es malo", analiza. 

Algunos salones ya lo oficializaron. En Milonga Clandestina la llaman "La tanda del revés" y arranca con un anuncio por los parlantes: "Aprovechen, chicas, para sacar a los varones". Sus organizadoras lo definen como "una revancha" femenina y cuentan que se dan "unos segundos de espanto de los hombres", que no saben qué hacer. Esta modalidad se usa en algunos locales porteños, en el interior del país, y hubo extranjeros que se llevaron la idea a Europa. Ayuda a que todas las mujeres puedan bailar (suelen ser el 65% de los asistentes) y a evitar quedarse sentadas. Según TangoTecnia, en promedio, ellas van a la milonga desde hace 7 años, asisten 8 días al mes y permanecen ahí 4 horas. El 45% están solteras pero, aunque vayan en pareja, el 86% baila también con otras personas.

Ya en la pista, también cambió el rol femenino: ahora es más activo y participativo. Esto se aprende en las clases y a los alumnos les gusta. "La consigna es que la mujer se conozca a ella misma, que pueda tener su eje, y que desde ahí pueda proponer. No se tira al abrazo del hombre, sino que controla su cuerpo", explica Nancy Vuga, instructora de Activa. Su colega, Diego Butiler, enseña a los varones a tener una "lectura corporal" y a bailar con la actitud de "yo te propongo, vos accedés o no". Además, ellos adaptaron su discurso a los tiempos que corren: hablan de "conductor" y "conducido", en vez de "hombre" y "mujer", para que los dos puedan asumir ambos roles y "llevar" al otro.

"Podríamos pensar al tango como históricamente machista", lanza Maia Krichevsky, del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), aunque asegura que no es algo estático ni impermeable, sino dinámico. "Si ahora hay más espacio para que los pasos no sean tan rígidos, donde solo un género hegemónico (en este caso el varón) sea el dominante, me parece que enriquece al tango, e incluso opera contra el machismo a nivel social", sostiene la antropóloga. Y enfatiza: "Hay espacios y movidas donde el tango se resignifica y da lugar a que los roles dominantes se inviertan, incluso hasta desdibujar los estereotipos de género".

"Voy a las milongas donde puedo sacar"

Lo Germain (27) y Oscar Cohen (27)

"A veces saco. O lo miro, y espero que él me pase a buscar", cuenta Lo Germain, una joven que llegó desde Francia, hace un año y medio, para bailar tango. Se anima al invite habitualmente, pero no en todos lados. "Voy a las milongas donde puede hacerse", detalla. Así, diferencia a las tradicionales, donde todavía se siguen los rituales de antaño, y a las más informales o relajadas, que suelen ser las favoritas de los jóvenes y son tendencia en Buenos Aires. Con 27 años, esta oriunda de Normandía se autodefine como activa al momento del baile: "trato de poner un freno, de bajar la velocidad, para proponer". Su pareja, el también francés Oscar Cohen, asegura que le gusta que las mujeres lo saquen a bailar, aunque cree que todavía no es algo común. "Me pasó un par de veces, unas cinco aproximadamente", detalla quien aceptó gustoso todas las invitaciones. Y agrega: "En el baile me gusta que haya intercambio. Si la mujer propone algo, me gusta seguirla".

"Las mujeres tenemos un rol más activo"

Nuria Vazquez (31) y Hernán Aranda (35)

"El tango es tradicional. Si bien tratan de conservarse los códigos en la milonga, las mujeres tenemos un rol más activo", opina Nuria Vazquez. "Si querés que te saque a bailar, lo mirás fijo. Las mujeres miramos para que nos cabeceen. Para mí, ese es el cabeceo femenino", define esta estudiante de abogacía. A los 31 años, está confiada de que es "algo normal" en su generación. Enfundada en unos jeans rasgados, deja atrás todo estereotipo de vestuario tanguero. Un estilo aporteñado que también la distancia de su Misiones natal, donde asegura que la milonga es más tradicional y no pasan este tipo de cosas. Mientras tanto su compañero, Hernán Aranda, da su punto de vista. "No es lo más habitual, pero me pasó. Las mujeres te sacan. Vienen y te dicen: '¿querés bailar'?". Agrega que, ante las propuestas femeninas, algunas veces se negó, aunque reconoce que "queda descortés no salir". Al momento del baile, aprueba que la mujer proponga, "porque sino se pone monótono".

"Termino haciendo lo que yo quiero"

Vanina Orellano (35) y Diego Maldonado (44)

"Me gusta que el hombre lleve, pero a veces no obedezco. Me gana la ansiedad y termino haciendo lo que yo quiero, adelantándome en algo, por ejemplo", reconoce la abogada Vanina Orellano. Suele invitar a bailar a los conocidos o los que están en su mesa. Los busca con la mirada, con la sonrisa, o directamente les dice: "¿Vamos?". En cuanto a los extraños, no está acostumbrada a sacarlos, "pero sí mantengo la mirada atenta y estoy predispuesta", detalla. Su amigo, Diego Maldonado, tiene una postura firme: "El tango es machista. El hombre propone y la mujer dispone dentro de lo que el hombre propone. Uno tiene que conducir, no pueden conducir los dos", sostiene con orgullo. "Él es el macho", acota entre risas su compañera y colega. Respecto al cabeceo femenino, Diego también tiene sus reparos: "cuando hay confianza, es habitual que la mujer te saque. Eventualmente alguna desconocida también lo hace. Es frontal: viene y te dice '¿querés bailar?'. Pero me llama la atención".

 
 

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