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La espectacularización del femicidio no distingue edades

El femicidio de Sheila Ayala, la niña de 10 años que era buscada en San Miguel obtuvo una cobertura periodística que, lejos del enfoque de derecho, espectacularizó el crimen.

(Buenos Aires, 22 de octubre de 2018) – En la vigilia del aniversario del Primer Paro Nacional de Mujeres, realizado el 19 de Octubre de 2016 a raíz del femicidio de Lucía Pérez en la ciudad de Mar del Plata, los medios dieron cuenta del hallazgo del cadáver de Sheila, desaparecida desde hacía unos pocos días. La noticia fue nota de tapa en los cuatro medios monitoreados: Clarín, Crónica, La Nación y Página12.

Otro cuerpo femenino hallado entre la basura, tirado dentro de una bolsa, esta vez del otro lado de la pared donde la víctima estuvo con vida por última vez. A 3 años del primer Ni Una Menos, y dos del Primer Paro de Mujeres, otra vez un caso de femicidio conmociona. Y, en líneas generales, la cobertura periodística parece la de otras épocas. “El horror y el espanto no dejan ver cuáles fueron los motivos por los que la vida de Sheila termina de esta manera. El cómo inunda las páginas de los diarios y las voces de las radios, pero poco nos detenemos sobre cuáles son los porqués”, escribió Mario Sebastiani para una nota de opinión publicado el fin de semana en Página12.

Y es que la desaparición y el crimen de Sheila incluyen varios componentes que alimentan esa idea de que la realidad supera a la ficción: la pelea entre los padres por la tenencia de sus hijes y supuesto enfrentamiento alrededor de la titularidad de una ayuda social; la confesión del tío y la tía, que además fue apresada embarazada y dio a luz a los pocos días; la hipótesis que vinculaba la desaparición de Sheila con el narcotráfico y luego la historia de que su padre la usaba cual gallo de riña haciéndola pelear por dinero contra otras niñas; el enfrentamiento entre las y los vecinos con la policía al enterarse de que habían encontrado el cuerpo de Sheila. A priori pueden entenderse entonces que la cobertura periodística circulara alrededor del cómo. Pero nada justifica el “amarillismo” ni el morbo.

 

Una mirada con enfoque de derechos y perspectiva de género permite ir más allá del “horror”, buscar esos porqués a los que se refiere Sebastiani. El enfrentamiento entre los progenitores se enmarcaría en el contexto de desigualdad, podría percibirse que la tía también se encuentra en una situación de violencia y en particular señalar la ausencia del Estado, que apareció a través de las fuerzas de seguridad ante el reclamo de vecinas y vecinos, cuando ya era tarde para Sheila.

Cuando llevamos a cabo la investigación Adolescentes mediatizadas, afirmamos que para ellas no siempre el lugar más peligroso era la casa, porque en el 56% de los casos el victimario no pertenecía al círculo íntimo de la víctima. Cuando se trata de la niñez, la casa puede efectivamente ser lo opuesto a un lugar seguro, donde estar a salvo. En varios medios levantaron las declaraciones del fiscal de San Martín que afirmó que diariamente se revisan a 5 niñas/niños por denuncias de abuso sexual infantil.

Entonces, ¿cómo prevenir femicidios como el de Sheila? ¿Cómo proteger a la infancia? Natalia Gherardi, directora ejecutiva de ELA, respondió a esta pregunta en una nota de opinión publicada en el diario Perfil: “Dejando de lado la idea de que la familia es siempre un lugar seguro. Acompañando el desarrollo de la niñez con educación sexual integral que significa algo mucho más profundo que las consignas con las que se quiere restringir su aplicación: es fortalecer la autonomía; valorar la diversidad y acompañar en la construcción de la subjetividad; transmitir el concepto de intimidad y proteger la propia y la de los demás generando espacios de confianza con referentes a quienes recurrir cuando el lugar ‘seguro’ es la peor de las pesadillas”, escribió.

 

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