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Notas de verano: Los nuevos códigos del levante durante las vacaciones

Con el crecimiento del movimiento feminista y las denuncias contra violencia de género, dos medios argentinos escribieron acerca de cómo viven los y las jóvenes el levante en las playas argentinas.

(Buenos Aires 24 de enero de 2019) - Durante los meses de calor en Argentina los medios de comunicación no pierden oportunidad para escribir acerca de las nuevas modas de la playa, los boliches, los precios de la comida y los alquileres. Pero este verano se sumó un tema más al repertorio habitual: cómo viven adolescentes y jóvenes el “levante” veraniego en la época del #MiraComoNosPonemos. Podemos coincidir que el 2018 fue un año clave para la lucha feminista. No solo el aborto se convirtió en un tópico central de discusión sino también las denuncias contra la violencia de género en sus distintas formas. La ola feminista llegó con fuerza y para quedarse y no se toma vacaciones para repensar los vínculos.

En este sentido, tanto Clarín como La Nación publicaron notas sobre la nueva forma en que se dan las relaciones entre varones y mujeres en la playa y los boliches de la costa, pero el tratamiento fue diferente entre ambos medios.

La Nación publicó el 12 de enero La seducción se adapta a los tiempos del #MeToo. La nota que, fue promocionada en la tapa del diario, elabora un análisis sobre cómo ahora hay “nuevos códigos, regidos por el consentimiento” sobre como los varones encaran a las mujeres en la playa o boliches. Entre las cosas que menciona, la nota repite y lamenta que se haya perdido la “desinhibición y la espontaneidad que se asocian con el verano”.

Durante el transcurso del texto, se describe cómo era la situación hace no tantos años atrás : “sobre todo para las generaciones con más recorrido, que supieron de tiempos en los que un piropo subido de tono se celebraba aunque a la destinataria le cayera pésimo, o en los que la congestión de un pasillo de bar era oportunidad para algún manoseos”. Lo que se encuentra detrás de estas situaciones no es otra cosa que el consentimiento y dan cuenta de un comportamiento masculino que, aunque cierta cofradía de machos pueda seguir defendiendo, ya no está naturalizado y puede provocar rechazo social.Ese párrafo continúa: “Algunas se animaban a levantar la voz y hasta a denunciar, y la mayoría de las veces sus alertas eran descartadas”. La misma nota reconoce que las mujeres se enfrentaron siempre ante este tipo de “levante”. Si animaban a gritar o denunciar era porque la actitud no era la correcta, pero eran desacreditadas. En la actualidad, con el crecimiento de la ola feminista y el empoderamiento femenino, el animarse es más fácil. Sirva como ejemplo la multiplicación de denuncias públicas luego de Thelma Fardín contará su experiencia de abuso con Juan Darthés cuando ella no era más que una adolescente de 16 años.

“Entre los consultados, la mayoría reconoce que el movimiento feminista que impulsó esta defensa de los derechos de la mujer ha llevado la consigna a un extremo a veces difícil, rayano casi en la intolerancia”, describe la nota antes de aclarar que “instaló el debate y ayudó a desterrar vicios masculinos que parecían normalizados”. Sin embargo, de lo que se trata es de desterrar ciertos comportamientos que avasallan el deseo y la autonomía de las mujeres. El feminismo en este sentido está ayudando a muchas a entender que no fueron responsables de las agresiones que pudieron sufrir, que no son las únicas que han atravesado ese tipo de situaciones y, en particular, que si queremos construir vínculos distintos es necesario visibilizar estos comportamientos y hablar sobre estos temas.

Clarín publicó el 13 de enero una nota titulada En la playa, “no es no”: ellos insisten menos y ellas sienten que no hay que dar excusas. A diferencia de la primera nota, ésta se encuentra estrucutrada principalmente a partir de las declaraciones de jóvenes, varones y mujeres de distintas edades quienes brindan su opinión sobre el tema. En sus declaraciones, las mujeres resaltan una nueva valentía para poder decir que no, mientras que los varones destacan que no hay que insistir ante una negativa y que hay miedo al escrache.

“’Creo que estamos más alerta por todo lo que les pasa a las mujeres: sufren maltrato y violencia y se están haciendo escuchar. Ahora, ante la duda de si la piba te quiere dar bola o no, te retirás’”, declaró un joven de 18 años. Por su lado, una chica de 19 años explicó: “’Ahora los pibes encaran pero insisten menos. Es más relajado ir al boliche. Antes yo sentía que tenía que dar una excusa para decir que no y que dejaran de molestar: en general decía que estaba de novia. Pero ahora entendí que ya no tengo que dar esa excusa y que muchos chicos también lo están entendiendo, está bueno’”.

Las dos notas encaran el mismo tema, pero con diferentes perspectivas. En la nota de Clarín, la palabra la tienen los y las protagonistas de la historia, quienes admiten que hay un nuevo reconocimiento al “no” y un límite a la insistencia en el boliche. Pero también reconocen que parte de estos cambios son por parte del miedo a las consecuencias de sus actos y no por el respeto a las mujeres. Por el otro lado, la nota de La Nación hablan de una intolerancia por parte de las mujeres y que el más mínimo contacto ya puede ser malinterpretado. La Nación culpabiliza al movimiento feminista como responsable de una distancia que los varones sienten que deben tomar.

Sin embargo, reproduciremos aquí la conclusión optimista de Eleonor Faur, citada por La Nación: "Históricamente el encare incorporaba la insistencia y la mujer quedaba siempre a la espera del otro. En el futuro, un escenario con reglas que valoren los deseos y las necesidades de las mujeres también libera a los varones de un mandato. (…)”

 

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