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El repudio generalizado a una editorial
El 1º de febrero el diario La Nación publicó una editorial que fue repudiada en las redes sociales debido a su mensaje que idolatraba a las “niñas madres”. Debido a la reacción generalizada de rechazo, al día siguiente emitieron una disculpa aunque vacía de contenido.

(Buenos Aires – 20 de febrero de 2019) – El diario La Nación publicó el 1º de febrero una editorial titulada Niñas madres con mayúsculas que generó un fuerte repudio en las redes sociales por parte de periodistas, activistas feministas, famosos y famosas e incluso por un grupo de trabajadoras/es de ese diario. Una nota editorial se caracteriza por marcar la línea ideológica del medio con respecto a un tema en particular. Aunque en el pasado La Nación ha manifestado a través de editoriales su posición en contra del aborto, esta nota generó rechazo por su ataque a los “pañuelos verdes” y su “admiración hacia las niñas madres, madrazas por cierto” ignorando por completo los contextos de sus embarazos y las violencias sufridas por esas niñas.

En la nota se hace referencia a dos casos de “mamás precoces”, como las llama el diario. Primero habla de una niña de 12 años que tuvo un aborto espontáneo y un año más tarde volvió a quedar embarazada “cuando su tía se la 'olvidó' en casa de un muchacho”. Luego relata sobre una niña, identificada como “L” quien fue víctima de abuso sexual y fue madre a los 13. Ambos casos se relacionan porque las madres de las jóvenes tuvieron la intención de “'sacarles' los hijos pretendiendo obligarlas a abortar”. A partir de este momento, la editorial establece una relación entre la continuación de un embarazo con el tan famoso como inexistente “instinto materno”: “el relato de estas realidades mueve a reflexionar sobre lo que es natural en la mujer, lo que le viene de su instinto de madre, lo que le nace de sus ovarios casi infantiles”.

El medio habla del instinto materno como una característica natural en la mujer, de existencia irrefutable. En esa hipótesis se basan para establecer que las niñas están “aferradas a la vida engendrada en sus vientres”, un impulso que las lleva a seguir adelante con ese embarazo ya que “nada importó a estas mamás niñas, salvo conservar a sus hijos”. Según la editorial, el instinto materno y estos dos casos son una especie de demostración que “despedaza el pañuelo verde, al error inducido del 'yo decido sobre mi cuerpo', al feto como desprovisto de vida, entre otras denominaciones eufemísticas creadas para bajar la carga emocional que encierra decir que hablamos de un hijo desde el minuto de la concepción, de un bebé por nacer que se desea eliminar asesinándolo”.

La nota ataca a aquellas mujeres que defienden el derecho al aborto legal, seguro y gratuito (siempre hablando en femenino, sea un reclamo también mantenido por varones). Habla de felicidad para las “niñas madres, madrazas por cierto” y sus bebés y “tristeza para las 'abuelas abortistas' que felizmente no lograron su criminal propósito”. De esta forma, no duda en imponer una clara diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, glorificando a aquellas niñas que continúan adelante con su embarazo a pesar de la violación, peligros para su salud física o emocional y los significados para su contexto social, además de estigmatizar a aquellas que deciden no continuar con el mismo.

Más allá de una constante mención a la necesidad de una “adecuada” Educación Sexual Integral, la nota no ve más allá de una niña embarazada cuyo valor está centrado en ese embarazo. Hay varios temas claves omitidos: cómo está la salud física y emocional de la niña luego de un abuso sexual, un embarazo y un parto; cómo es la situación socio-económico de esas familias; quién se hizo cargo del cuidado de la niña y el bebé; qué información se le dio a la niña; si se le ofreció algún método anticonceptivo para evitar otro embarazo. En particular omite el hecho de que a tan temprana edad los embarazos siempre son producto de una violación y obligar a una niña a llevarlo a término constituye tortura.

Al evitar responder o interesarse en esos puntos, la nota presenta a las niñas valorizadas por ese embarazo que desearon continuar. Lo único humano que importa de ellas está en relación al sacrificio que llevan adelante en orden de ser “madrazas”. Queda claro que en caso de haberse decidido por un aborto las hubiesen llamado asesinas, de la misma forma en que se les grita a quienes portan el pañuelo verde y se describe a las madres y abuelas de dichas niñas, como mencionamos previamente.

El repudio a la editorial fue inmediato. En pocas horas las redes sociales se vieron inundadas de mensajes en contra no solo de la nota sino del diario en general. Sindicatos de prensa y redes de periodistas emitieron comunicados, como así también organizaciones de la sociedad civil y grupos feministas. En Twitter el hashtag #NiñasNoMadres se mantuvo como trending topic durante todo el día y varias personas suscriptas a Club La Nación anunciaron que se darían de baja. Lo más notorio de las diversas manifestaciones de la sanción social fue sin duda el hecho de que trabajadores/as de La Nación salieron públicamente a expresar su desacuerdo con las ideas reproducidas en la editorial, que luego plasmó la Comisión de trabajadores de La Nación en una serie de twits.

Antes de que terminara el día, La Nación ya estaba emitiendo una nota de disculpas, que quedó vacía ante el reclamo de la sociedad. “La publicación del editorial ‘Niñas madres con mayúsculas’, en la edición de este viernes de La Nación, despertó críticas y rechazos, expresados mayoritariamente en las redes sociales”, comenzó la disculpa y concluyó: “La Nación lamenta que se haya interpretado el texto como un mensaje de alguna forma tolerante hacia los abusos a menores, algo que, como el mismo editorial señalaba, es a todas luces repudiable”.

Como ocurre muchas veces en estas situaciones, las disculpas son casi peores que lo que las motiva. El texto no se retracta por la editorial sino que explica su repudio como un problema de interpretación. Así, la responsabilidad no la tiene el diario sino quien lee que no supo comprender lo que La Nación quiso decir. Al parecer, el medio seguirá celebrando a aquellas niñas que se ven obligadas a continuar un embarazo y condenando a aquellas que logran acceder a su derecho a interrumpirlo.

 


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