Una sentencia que avala la violencia institucional y castiga a sus víctimas
La justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires condenó a Mariana Gómez, quien fue detenida después de besarse con su esposa en la estación de Constitución, a la pena de un año de prisión en suspenso por resistencia a la autoridad y lesiones leves agravadas.

(Buenos Aires, 30 de julio de 2019)- El pasado 28 de junio, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 26 decidió en la causa iniciada contra Mariana Gómez a quien se le imputaban los delitos de resistencia a la autoridad y de lesiones graves.

En octubre de 2017, Mariana se encontraba junto a su esposa, Rocío, en la estación de subte de Constitución cuando un empleado de Metrovías se acercó para pedirle que apagara el cigarrillo. Si bien había otras personas fumando en ese espacio, el empleado se lo solicitó solamente a ella denotando una marcada discriminación por su identidad sexualmente disidente. Argumentando que no había ningún cartel que estableciera la prohibición de fumar y que muchas otras personas lo estaban haciendo, ella se negó a apagarlo. Seguidamente, tomaron intervención agentes policiales que se encontraban en el lugar quienes le solicitan que apague el cigarrillo y quienes, cuando Mariana ya no se encontraba fumando, impidieron que esta se retirara de la estación. Luego se llevó a cabo una violenta detención contra Mariana que intentó defenderse. Finalmente, se inició una causa judicial en su contra por los delitos de desobediencia y de lesiones leves agravadas.

Durante el proceso, la Fiscal General Diana Goral solicitó que Mariana sea condenada a dos años de prisión no teniendo presente la situación de discriminación en razón de la orientación sexual de la acusada que fue causa de los hechos que se sucedieron. En el mismo sentido, la jueza Marta Yungano desoyó lo solicitado por la defensa y condenó a la imputada atribuyendo como lesiones acciones tales como la pérdida de un mechón de pelo de una oficial que se produjo luego de que Mariana intentara agarrarse de ella mientras estaba cayéndose al piso a raíz del empujón de otro oficial.

Fue el mismo 28 de junio, el Día Internacional del Orgullo Gay, en que la jueza Yungano decidió condenar a Mariana Gómez a la pena de un año de prisión en suspenso lo que supone la intencionalidad de enviar un mensaje amedrentador hacia el colectivo LGBT. Negar que el origen de la persecución penal no tenga un anclaje lesbo-odiante y discriminador resulta a todas luces inconcebible.

Una vez más, la Justicia muestra la ferocidad con la que puede perseguir penalmente a aquellas personas que no responden a un mandato hegemónico y heteronormado y cómo, aún hoy, los estereotipos juegan un papel decisivo a la hora de su condena o absolución. Las lógicas patriarcales de las decisiones judiciales emergen no solo en aquellos casos en que las mujeres y lesbianas denuncian ser víctimas de delitos, sino también cuando son las acusadas de cometerlos.

Antecedentes como estos, generan impunidad frente a la violencia institucional.


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