Un fallo que desarma prejuicios sobre el consentimiento en las relaciones sexuales
El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 9 de la Ciudad de Buenos Aires condenó al periodista Lucas Carrasco a 9 años de prisión por el delito de abuso sexual con acceso carnal.

(Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 28 de noviembre de 2019).- El pasado 18 de septiembre el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 9 de la Ciudad de Buenos Aires, presidido por la Jueza Ana Dieta de Herrero, decidió condenar a Lucas Carrasco a la pena de 9 años de prisión por el delito de abuso sexual con acceso carnal.

La causa comenzó en 2016 con la denuncia de Sofía Otero, a la que luego se sumó la denuncia de K. G. B. Ambas habían mantenido relaciones sexuales inicialmente consentidas con el acusado, las que posteriormente derivaron en situaciones de violencia y en actos sexuales forzados. Sin embargo, la condena refirió exclusivamente al hecho relacionado con Sofía Otero, debido a que la Fiscalía decidió no acusar a Lucas Carrasco por el hecho denunciado por K. G. B. al entender que no se había configurado un delito.

Para decidir la condena a 9 años de prisión, la Jueza Dieta de Herrero consideró que no había motivos para poner en duda el testimonio de Otero ya que éste se había corroborado con el resto de la prueba reunida. Asimismo, destacó que se encontraban acreditados tanto el hecho como la autoría de Carrasco, por lo que entendió que el acusado había abusado sexualmente de Otero utilizando medios violentos y aprovechando su situación de superioridad.

En particular, la Jueza refirió que, aunque la relación inició de manera consentida, se concretaron actos sexuales a los que la denunciante no estaba dispuesta y a los que se negó expresamente. Además, con posterioridad a ello, debió acceder a realizarle otras prácticas sexuales al acusado en un contexto de coerción y de temor.

En este sentido el fallo destacó que “la circunstancia de haber concurrido a un sitio a los fines de mantener relaciones sexuales con un compañero ocasional, no implica en modo alguno consenso para la aceptación de cualquier modo de concreción”. Asimismo, destacó que el consentimiento debe ser “libre, voluntario, inequívoco, activo, despojado de presiones, manipulación o influencia de drogas o alcohol, específico, con información previa, actual y continuo” y que éste “no es omnicomprensivo ni infinito. Lo que se inició como consentido, puede dejar de serlo”. Por ello, entendió que en este caso “la persistencia ante la negativa expresa, la concreción forzada y contra la voluntad, configura abuso”.

Acorde a los tiempos que corren, el pronunciamiento avanza en la interpretación de los alcances del consentimiento en el marco de las relaciones sexuales y en derribar los prejuicios que operan en ese sentido. Que una mujer acceda a mantener relaciones sexuales con un varón y realice acciones concretas para ello (como, por ejemplo, ir a su vivienda) no significa que le esté otorgando la disposición absoluta de su cuerpo. Ello desafía a las/os operadoras/es judiciales a entender el consentimiento de otras formas y genera implicancias jurídicas que no son menores. El consentimiento es actualizable, por lo que una vez que un acto sexual deja de ser aceptado, se está configurando la comisión del delito de abuso sexual.


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