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 La Capital (Rosario).La Ciudad. 05/06/2011
En Santa Fe el ejercicio del poder sigue siendo cosa de hombres

Por Carina Bazzoni  
 

A pesar de las políticas de equidad desarrolladas por el gobierno de Hermes Binner, el ejercicio del poder en la provincia es cosa de varones. Además de la vicegobernadora Griselda Tessio, de los 12 ministros provinciales sólo dos son mujeres (Elida Rasino, de Educación y Chiqui González, en Cultura). En la Cámara de Diputados santafesina, 16 de las 50 bancas están ocupadas por mujeres, pero la conducción del cuerpo está en manos de ellos, lo mismo que la presidencia y vice de los bloques mayoritarios. La Cámara alta provincial les es aún más esquiva, al punto que entre 19 representantes hay una sola senadora. Eso sólo en el ámbito público, en las grandes empresas la situación es peor.

Aunque no sirva como consuelo, la realidad santafesina apenas se desmarca de lo que sucede en el país. "Sexo y poder. ¿Quién manda en la Argentina?" es el nombre de la investigación realizada por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) con el objetivo de identificar la presencia de las mujeres en lugares de decisión. En el trabajo se revisaron 13.627 puestos de máxima autoridad en 4.281 instituciones, públicas y privadas. Y sus conclusiones son contundentes: "Argentina presenta un estado crítico en términos de equidad de género: de cada 10 puestos de máxima autoridad relevados, menos de dos son ocupados por mujeres".

Con dos ministras en su gabinete, la gestión de Binner se ubica en sintonía con lo que pasa en la media de las provincias, donde la participación de mujeres en los principales cargos de gestión apenas sobrepasa el 14 por ciento. Sólo en San Luis las mujeres ocupan la mayoría de las carteras provinciales (54 por ciento), seguida por Tierra del Fuego (38 por ciento); después están Catamarca, Chaco y Formosa (con entre el 25 y el 30 por ciento de participación femenina).

Sin presencia. En la otra punta de la lista se ubican las provincias de Salta, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, Mendoza, La Rioja y Santa Cruz, donde todos los ministerios están enteramente conformados por varones.

A diez años de la vigencia de la ley de cupo, que impuso a los partidos políticos un mínimo de 30 % de mujeres en sus listas, el Poder Legislativo es uno de los espacios que se muestra más permeables a la presencia femenina. A nivel nacional, ocupan el 37,7 % de las bancas y en las legislaturas provinciales el 27,3 %. Sin embargo, esas proporciones no se reflejan al repasar los cargos jerárquicos más altos, al punto de que desde la vuelta a la democracia ninguna mujer ha ocupado la presidencia de las cámaras de Diputados o Senadores de la Nación.

En Santa Fe, la Cámara baja cuenta con un 32% de mujeres, pero los varones son presidentes y vices en la mayoría de los bloques políticos, a excepción de dos: el monobloque Peronismo Santafesino de Rosario Cristiano y el Federal, integrado por María Alejandra Vucasovich y Norberto Nicotra. En el Senado, a pesar de que la presidencia está en manos de la vicegobernadora, entre los 19 senadores provinciales hay sólo una mujer, la representante del departamento San Martín (con cabecera en Sastre).

No es sólo un asunto de números. Desde hace tiempo, organizaciones que trabajan por la igualdad de géneros advierten que temas relacionados con la educación sexual, políticas de regulación familiar o violencia doméstica, por sólo citar algunos, hubieran tenido mayor atención si la composición de las legislaturas no favoreciera a los varones.

El mundo del trabajo. Aún así, el ámbito del trabajo fuera del sector estatal parece todavía más esquivo a la incorporación de mujeres en puestos de autoridad. Al menos eso advierte la investigación de ELA, sobre mil cargos ejecutivos relevados en 115 empresas de todo el país, sólo 43 eran ocupados por mujeres, es decir apenas un 4,4%. Las firmas fueron seleccionadas entre las mil con facturación más alta en 2009.

“En la Argentina, la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo ha aumentado fuertemente en las últimas décadas. Sin embargo, a pesar de la importancia en términos numéricos, hay una fuerte desigualdad en perjuicio de ellas: continúan recibiendo salarios más bajos que los varones, su presencia es minoritaria en los cargos ejecutivos, y tienen muchas veces una precaria inserción laboral que las mantiene al margen de la protección social”, señala la investigación y concluye que “el sector privado es uno de los espacios donde se hace más notoria la baja representación de las mujeres”.

Mundo gremial. Los sindicatos tampoco se muestran muy permeables. A pesar de que en 2002 se promulgó la ley de cupo sindical, que fija un piso mínimo de 30% de mujeres en cargos electivos, “la proporción de féminas en lugares de decisión dentro de las estructuras sindicales es muy baja y rara vez se alcanza ese porcentaje”, advierte. Es más, de 340 cargos de primera línea (presidente y consejo directivo) relevados en gremios nacionales, apenas 17 eran ocupados por mujeres.

Un caso cercano y llamativo. El sindicato que nuclea a los docentes de escuelas públicas santafesinas (Amsafé) tiene cerca de un 80 por ciento de afiliadas; sin embargo su actual secretaria general, Sonia Alesso, es la primera mujer en ocupar el máximo cargo de autoridad en la historia de la entidad.

Techos de cristal. Al analizar la escasa representación de mujeres en espacios de decisión, las feministas aluden a la metáfora del techo de cristal, como un conjunto de barreras invisibles pero reales que obstaculizan el acceso de las mujeres a posiciones de poder. Para la directora ejecutiva de ELA, Natalia Gherardi, es difícil buscar una explicación general a por qué hay tan pocas mujeres en puestos de autoridad.

“En algunas instituciones los cargos son electivos, en otras se asciende por carrera o por concurso, a otras las regula la oferta y demanda de empleo. Tratándose de espacios tan diferentes no es posible hacer una afirmación general. Sí, en cambio, podemos preguntarnos a cerca de qué pasa en la sociedad que no terminamos de percibir la cantidad limitada de mujeres que hay en espacios de decisión”, sostiene. Un dato que interpela, agrega, “porque una institución es mucho más rica y más democrática en cuanto es más diversa”.

 
 

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