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La Nación - Suplemento Enfoques - 14/08/2011
 

La agenda femenina tiene banca

Por Laura Di Marco
 

La representación femenina en el Parlamento es en Argentina una de las más altas del mundo. Cuestiones de género y temas asociados a los intereses de la mujer empezaron a ganar espacio en ambas Cámaras desde que, hace 20 años, la ley de cupo femenino le cambió la cara al Congreso. Quiénes son las adalides del cambio y qué agenda impulsan desde sus bancas. Cómo lograron consolidar un consenso transversal poco común en la política argentina hoy.


Tienen banca propia y comparten una agenda política común, aunque pertenezcan a fuerzas distintas. Algunas veces, son aliadas, y otras, rivales. Confrontan en internas femeninas, pero también juegan fuerte en los debates generales del Congreso. Cuentan con líderes (o lideresas, como dicen las feministas), espacios y seguidores. Y también con líneas internas, banderas y leyes que consideran caballitos de batalla: así es el mapa de las mujeres en el Congreso argentino, uno de los diez parlamentos más "femeninos" del mundo.

El acceso masivo de las mujeres al Congreso, gracias a la ley de cupo sancionada en 1991, produjo una enorme cantidad de transformaciones no sólo en el Parlamento, sino en la política criolla, pero sobre todo hizo visible una versión femenina del mundo, construyendo una agenda alternativa y complementaria, que incorporó nuevos derechos, necesidades y puntos de vista de, nada menos, la mitad de la ciudadanía. Nuevos derechos políticos que fueron refrendados por la Constitución reformada en 1994, que garantizó la herramienta de las "acciones afirmativas", es decir, la inclusión vía un cupo -en la Argentina es del 30 por ciento- de mujeres en las listas electivas de los partidos.

En 2011, se cumplen veinte años de esta ley, que hoy se traduce en un Congreso feminizado, con un 38 por ciento de legisladoras (ambas Cámaras tienen una proporción similar), lo que ubica a la Argentina entre los diez primeros países del mundo, superando a países desarrollados como Gran Bretaña, Canadá y Alemania.

Dos logros políticos de alto impacto pueden acreditarse las mujeres políticas: la construcción de una Agenda de Género, consensuada entre legisladoras de distintas fuerzas políticas -sobre todo de las bancas mayoritarias-, que pone sobre el tapete un conjunto de iniciativas a favor de la equidad de género, y la Banca de la Mujer (ver recuadro).

"El impacto de la ley de cuota -que rige en todas las provincias, con la excepción de Jujuy- ha sido muy importante y se ha expresado en la presentación de proyectos orientados a la defensa de los derechos de las mujeres, muchos de los cuales se convirtieron en leyes, como la de derechos reproductivos, la de violencia doméstica y la que establece la cuota sindical. También se ha logrado colocar en la agenda pública temas históricamente evadidos, como el aborto y la trata de personas", apunta Nélida Archenti, investigadora del Instituto Gino Germani, que se especializó en estudiar los efectos políticos del cupo.

Del cupo a la paridad

Durante los años noventa, a partir de la puesta en vigor de la ley, se aprobaron iniciativas importantes, como la incorporación de las amas de casa al sistema de pensiones y jubilaciones (1997), la ley que reconoce la pensión al cónyuge sobreviviente, aunque la pareja no esté legalmente casada (1993, y favorece básicamente a las mujeres, quienes estadísticamente tienen mayor expectativa de vida), la que impide el despido por cuestiones de sexo u orientación sexual (1998) o la supresión del delito de adulterio del Código Penal (1995), que básicamente cargaba contra ellas.

Un hito en este largo camino fue, en 2006, la aprobación en el Congreso del Protocolo Facultativo de la Convención sobre Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (conocido por sus siglas en inglés, Cedaw). El Convenio instaura la posibilidad de plantear denuncias en forma individual ante los órganos de protección internacional.

Pero, además de las leyes pro femeninas, un Parlamento con más mujeres produjo otros efectos colaterales, no menos importantes: "Empezaron a hacerse visibles los déficits de presencia femenina en otros poderes, como la Corte, lo que años más tarde se tradujo en la inclusión de las dos juezas [Carmen Argibay y Elena Highton de Nolasco]. Y luego, nos dimos cuenta de las discriminaciones más sutiles, pero igual de excluyentes, como la desigual distribución de prestigio social en las tareas asignadas a varones y mujeres, también en las cuestiones del poder", explica María Inés Tula, politóloga del equipo que lidera la doctora Nélida Archenti, principal investigadora en los efectos del cupo o la "cuota", como se la conoce a nivel internacional.

Dora Barrancos, historiadora de género y directora del Conicet, asegura que otro efecto es que las mujeres en el Congreso van generando un "cambio ambiental", en el sentido de que, "los varones van incorporando otras perspectivas menos machistas, aunque sólo sea porque es políticamente correcto hacerlo".

Filtros culturales y políticos

Algo para subrayar: las expertas en género consultadas para esta nota destacan la importancia del cupo como una herramienta que acelera el proceso de inclusión, porque, según explican, los filtros culturales y políticos garantizan que las mujeres no logren acceder a cargos clave. Pruebas estadísticas: de cada diez puestos políticos importantes, sólo dos son ocupados por mujeres. Otra: de los 33 partidos políticos en el orden nacional, sólo 5 son presididos por ellas. Por otra parte, un estudio del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) registró la ausencia sistemática de mujeres en la presidencia de los bloques parlamentarios mayoritarios. La excepción es la Coalición Cívica, un partido nuevo, presidido por una mujer.

"La mujer no llega nunca por las vías orgánicas. Y las que hoy están en el centro de la política argentina, en general, se tuvieron que ir de los partidos tradicionales, porque adentro les hacían filtros imposibles de superar, o llegan por vías alternativas", analiza el periodista Jorge Halperín, autor del libro Las Muchachas Peronistas.

Como es obvio, nadie dice "las mujeres no pueden", pero en el plano interno, según registra Nélida Archenti en sus investigaciones, en los grandes partidos existe la idea de que con un hombre se puede negociar, pero no con una mujer. Los prejuicios de género también dicen que ellas carecen del "grado de discreción" necesario para proteger los pactos secretos que los hombres mantienen.

Prueba de esta resistencia, comenta Tula, es que en los primeros años del cupo hubo muchas trampas para burlarlo. "Una común era que asumía efectivamente una mujer, pero enseguida renunciaba para dejarle la banca al varón", revela la politóloga. Otros países de América latina transitaron un proceso similar. En Bolivia, por ejemplo, hace unos años estalló el escándalo de los "diputados travestis": varones que se ponían nombre de mujer a la hora de integrar las listas, pero que en las bancas se presentaban como lo que eran: señores con corbata.

"Después de veinte años, podríamos decir que recién ahora se formó la masa crítica necesaria para generar un vuelco significativo en la equidad de género. A la Argentina le tomó tiempo construir valor y contenido en sus legisladoras. Por mucho tiempo, algunas mujeres sólo llenaban el casillero y se generaba una situación, a mi criterio, totalmente contraria al espíritu de la ley, que resultaba en que un varón tenía aún más poder porque contaba con un voto incondicional por el hecho de haber puesto a su hermana, su mujer o su novia", apunta María Barón, directora ejecutiva de la Fundación Directorio Legislativo.

Más allá de eso, tercia Tula, el cupo vino a cumplir con el derecho de acceso a la representación. Es decir, a garantizar la inclusión de más mujeres en las bancas, más allá de que tengan o no una visión de género, o de que promuevan determinado tipo de leyes.

Sin embargo, y a veinte años de la cuota, muchas ya se están preguntando por qué el 30 por ciento de candidatas en las listas, y no el 50. El punto es que, según las investigaciones de Archenti, los partidos cumplen con la cuota de un modo minimalista: el 30 por ciento y no más.

"Entonces, ahora la batalla ya no es por el cupo, sino por la paridad. La nueva meta es el acceso a los cargos", apunta Laura Alonso, diputada de Pro, quien acaba de presentar un proyecto de paridad de sexos en el Congreso -hay otros ocho proyectos- en la composición de todos los órganos estatales y en los de las entidades con una función social y colectiva, tales como los colegios profesionales, los sindicatos y los partidos políticos.

Cristina, las progres y el tea party

Pero, ¿y cómo impacta en la movida parlamentaria femenina Cristina Fernández, la principal jefa política del país?

Al parecer genera efectos ambiguos entre sus congéneres, que oscilan entre quienes le acreditan mucho activismo por la causa -esto lo dicen, obviamente, las legisladoras K- y quienes sostienen que, en los papeles, no le dio oxígeno ni apoyo a la agenda de género. "Que me perdonen pero, de todos los proyectos importantes incluidos en la agenda, hay muy pocos que se convirtieron en ley. La mayoría se anuncia, pero queda en la nada", apunta Alonso que, en la interna parlamentaria femenina, se encuentra en una posición intermedia. Es decir, entre el grupo liderado por la kirchnerista Juliana Di Tulio, adláter del sector "proge" y feminista, que impulsa la despenalización del aborto, madre de todas las batallas para las progres, y el sector que lidera Cynthia Hotton, del partido Valores para mi País (cercana a Pro), que lidera el ala femenina que se opone al aborto.

Como se vio, por ejemplo, con el debate sobre el matrimonio igualitario o la despenalización del aborto, todo lo que tenga que ver con las normativas sobre sexualidad, derechos reproductivos y familia abre, en general, internas movilizadoras. "Cada paso en la agenda de género produce resistencia -apunta Di Tulio-. Cuando sancionamos la ley de Educación Sexual fue una gran batalla."

En las antípodas de esas posiciones se ubica Hotton, hija del pastor evangelista Arturo Hotton Risler, que hizo campaña en contra del matrimonio igualitario y tiene, también, mucha representatividad. El ala más progresista la asocia con el Tea Party de Sarah Palin, pero ella lo niega.

"He sido engañada cuando me invitaron a participar en una agenda de género. Yo creí que íbamos a hablar sobre la desigualdad de las mujeres, y terminamos premiando a un travesti como la mujer del año. En realidad, hay una ideología que privilegia mucho más los intereses de los cinco géneros que los derechos de las mujeres. Aplaudí a Cristina, a pesar de ser de la oposición, cuando se manifestó en contra del aborto y también cuando aprobó el ingreso universal para las embarazadas", apuntó Hotton.

Lo cierto es que muchos proyectos de género suelen dividir internamente a los partidos y generar acuerdos extrapartidarios, transversales: así como Hotton coincide en su posición antiabortista con la Presidenta, Laura Alonso y Paula Bertol, ambas de Pro, votaron a favor del matrimonio igualitario, a contramano de su partido.

Pero la batalla promete continuar porque, como dicen las politólogas, todo lugar ganado por una mujer es el que pierde un hombre y ahora ellas ya ponen la mira en la paridad: si, como revela el informe de ELA, de cada diez puestos políticos clave sólo dos son ocupados por mujeres, falta bastante trabajo todavía para democratizar la representación. Por eso, aunque ellas reconocen que el cupo no es la panacea, también admiten que, sin esa ley, jamás hubieran logrado hacer pie allí donde el poder real cocina sus decisiones.

LA CONSOLIDACIÓN DE LA PRESENCIA FEMENINA
Podría decirse que, además de las leyes sancionadas, son tres los grandes logros del impulso femenino en el Parlamento: la Bancada de la Mujer en el Senado, un espacio formalmente institucionalizado, integrado por senadoras que evalúan los proyectos con mirada de género; el espacio femenino transversal que funciona, de manera informal, en Diputados, integrado por legisladoras de todas las fuerzas políticas que impulsan proyectos comunes, y la Agenda de Género, un ámbito transversal de consensos para dar impulso a proyectos sensibles a esta perspectiva.

Aunque suele haber muchas coincidencias, el debate por el aborto es el punto más conflictivo porque divide aguas en el interior de todas las fuerzas políticas. Hay dos sectores claramente divididos, uno liderado por la diputada Juliana Di Tulio, en nombre del progresismo K, y el otro, por la evangelista Cinthya Hotton, de Valores para mi país, al que muchos asocian con una suerte de Tea Party criollo. Ambas tienen representatividad y seguidores. Tanto en el Senado como en Diputados, la agenda de género es activada por Vilma Ibarra (Nuevo Encuentro), María Eugenia Estenssoro, Marcela Rodríguez y Fernanda Gil Lozano (Coalición Cívica), Cecilia Merchán y Victoria Donda (Libres del Sur), Marina Riofrío y María José Bongiorno (FPV); María Luisa Storani (UCR), Laura Alonso (Pro), Alicia Comelli (MPN), Graciela Caamaño (Peronista), y María Bianchi (Peronismo Federal), entre muchas otras.

UNA LEGISLACIÓN SENSIBLE
Algunas de las leyes y proyectos elaborados en los últimos tiempos:

  • Trata de personas: Ley 26.364, sancionada el 9 de abril de 2008. Se impulsa ahora una modificación.
  • Matrimonio igualitario: Ley 26.618, sancionada el Julio 15 de 2010.
  • Violencia de género: Ley 26.485, sancionada el 11 de marzo de 2009.
  • Ligazón de trompas y vasectomía: Ley 26.130, sancionada el 9 de agosto de 2006.
  • Protocolo de la Convención sobre Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, sancionado en 2006: resguarda los derechos femeninos, incluidos los sexuales y reproductivos. Tiene rango constitucional.
  • Personal doméstico: tiene media sanción en Diputados.
  • Adopción: se debatieron proyectos en comisión. La Presidenta prometió enviar uno al Congreso el 1 de marzo; aún no lo hizo.
  • Paridad de sexos en el acceso a los cargos del sector público: hay varios proyectos; aún no llegó ninguno a la Cámara.
  • Infanticidio y Aborto no punible: ambas iniciativas tienen media sanción en Diputados.
  • Régimen de protección de la embarazada y el niño por nacer: fogoneada por Cynthia Hotton, es la contracara en el debate por el aborto, y tiene consenso.
  • Despenalización del aborto: la madre de todas las batallas, fogoneada por el sector de Juliana Di Tulio.

     

LOS ADALIDES DEL CAMBIO

 - Juliana Di Tullio (FPV)

- Cynthia Hotton (Valores para mi país)-

- Vilma Ibarra (Nuevo Encuentro)

- Laura Alonso (PRO)

- Graciela Camaño (Bloque peronista)

- María Luisa Storani (UCR)

- Cecilia Merchan (Libres del Sur)

- Fernanda Gil Lozano (Coalición Cívica)

- Alicia Comelli (Mov. Popular Neuquino)
 

 

 


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