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Agencia RENA. Especiales. 03/02/2012
 

Mujeres: rehenes del cuidado familiar, relegadas en el mercado laboral
 

Por Juan Ignacio Manchiola

La necesidad de compatibilizar el cuidado de la familia y el hogar con las obligaciones laborales es una de las principales dificultades que enfrentan las mujeres para permanecer en el mercado laboral y un obstáculo para acceder a los máximos cargos de poder en política, economía y otros ámbitos de la sociedad, revela un flamante trabajo al que accedió RENA.

De acuerdo con el inédito estudio presentado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), son las mujeres quienes cuidan a los niños y niñas y personas ancianas y enfermas. El trabajo denuncia la desigualdad existente y la desatención pública del problema.

“Promovemos que el cuidado sea considerado un derecho universal para cada persona y desvinculado por ejemplo de la relación laboral, que se concentra en las licencias por maternidad o para varones por nacimiento de hijos”, explicó la economista Laura Pautassi, investigadora del Conicet y socia del ELA, a RENA.

Siempre a su cargo

En el 76 por ciento de las familias entrevistadas por MBC Mori Consultores para el estudio “De eso no se habla: el cuidado en la agenda pública”, la organización del cuidado es responsabilidad de la madre y en el 50 por ciento de los casos es asumida en forma exclusiva.

“La necesidad de compatibilizar el trabajo de cuidar de la familia y el hogar y las obligaciones laborales es una de las principales dificultades que enfrentan las mujeres para permanecer en el mercado laboral. También es una de las barreras más importantes en el acceso a los máximos cargos de poder en política, economía y otros ámbitos de la sociedad”, según advirtió el ELA en varios estudios.

La nueva publicación confirma esas afirmaciones al hacer visibles las estrategias de cuidado que desarrollan las familias para progresar. En los hogares con niños y niñas pequeñas la red familiar (abuelo, abuela, hermano, hermana, tío, tía) es la principal estrategia de cuidado. Y las mujeres desempeñan un rol patagónico. Sólo 5 por ciento de las familias entrevistadas contrata a una persona para efectuar tareas de cuidado.

“En el 87 por ciento de los hogares los niños y niñas menores de 13 años están escolarizados, siendo el sistema educativo otra estrategia de cuidado importante para las familias. Este porcentaje desciende a 31 por ciento en los hogares con niños menores de 3 años. Existe un déficit en la disponibilidad del sistema educativo en el nivel inicial y al mismo tiempo muchas familias prefieren cuidar de los más pequeños”, revela el estudio de opinión.

Para el ELA, “el trabajo de cuidar se lleva adelante principalmente en el ámbito de la familia y es asumido por las mujeres debido a la naturalización de su rol de cuidadoras. Esta desigualdad de género en la provisión de cuidado impacta negativamente en el ejercicio de la autonomía e independencia de las mujeres”.

La directora ejecutiva de ELA Natalia Gherardi y las investigadoras Laura Pautassi y Carla Zibecchi advirtieron que la problemática del cuidado “no logra establecerse como un tema de la agenda pública, tal como ocurría con la violencia de género o los derechos sexuales y reproductivos, no obstante las estrategias de cuidado y atención de hijos e hijas y personas ancianas o enfermas se vinculan con la economía, la pobreza, la intimidad de las personas, las relaciones entre varones y mujeres y las políticas públicas”.

Las expertas recomendaron avanzar en la producción de información específica sobre la forma en que se resuelven las necesidades de cuidado en la primera infancia y los adultos mayores, y generar más y mejor infraestructura y servicios de cuidado.

A su vez, instaron a dar mayor difusión a las modalidades bajo las cuales se regula el cuidado en la Argentina y la necesidad de una modificación para que exista una participación más igualitaria de ambos progenitores en la crianza de sus hijos.

Un derecho universal

“Formulamos una propuesta integral, porque la demanda de cuidado cruza a toda la sociedad, ya sea de personas para cuidar o porque necesitan ser cuidados. De allí que promovemos que el cuidado sea considerado un derecho universal para cada persona y desvinculado por ejemplo la relación laboral, que se concentra en las licencias por maternidad o para varones por nacimiento de hijos”, dijo Laura Pautassi a RENA.

“Se trata del derecho a cuidar, ser cuidado y a cuidarse (autocuidado). Aplicando un enfoque de derechos, y de los preceptos contenidos en la Constitución y en los Pactos y tratados internacionales, puede identificarse como un derecho universal y que demanda que hay sujetos obligados a satisfacerlo”, amplió.

“En este caso, el Estado está obligado a proveer infraestructura de cuidado (tanto para niños por fuera del sistema escolar -de 45 días a 5 años- como para adultos mayores) pero también regular que los empleadores privados apliquen medidas de conciliación trabajo-familia, como guarderías, salas de lactancia, permisos laborales”.

Además, dijo, se debe concientizar a toda la sociedad en que “el cuidado es una responsabilidad social de la cual todos somos responsables”, y que por eso es crucial “la sensibilización a través de campañas, trabajar al interior del hogar y con las relaciones interpersonales”.

Habrá que enfocarse “en la división de tareas dentro de la pareja, derrumbar el mito que las mujeres son las únicas obligadas al cuidado o son las que mejor lo hacen, debatir en relación a la distribución asimétrica del tiempo y del valor de su uso”.

“La mirada debe ser integral y abarcar muchos ámbitos al mismo tiempo y avanzar en que sea un tema de toda la sociedad involucrada en su resolución y no solo un problema de mujeres, que de hecho, y tal como el estudio que hemos realizado lo demuestra, son quienes están mas sobrecargadas por las demandas de cuidado”.

Primero la comida

Según ese y otros estudios, confirmó Pautassi, el cuidado en los hogares en la región metropolitana está principalmente en manos de las mujeres, situación que va a variar de acuerdo con el nivel educativo y de ingresos de los hogares.

“Si bien en los últimos años se han producido cambios en los roles que desempeñan los varones vinculados al cuidado de los y las hijas, el compromiso de los padres varones en relación con el trabajo de cuidado, en comparación con generaciones precedentes, se refleja en aquellas tareas vinculadas con el espacio público (llevarlos a la escuela, al médico, realizar paseos) y no con aquellas que deben efectuarse en el interior del hogar”, destacó.

“Las redes familiares (abuelos/as y, en menor medida, hermanos/as y tíos/as) constituyen una de las principales estrategias de cuidado de los hogares con niños/as pequeños/as. En estas redes familiares, las mujeres también desempeñan un rol patagónico”, confirmó.
Por otra parte, dijo, “hay una baja participación de las personas contratadas para tareas domésticas en el trabajo de cuidado de los hogares estudiados, indicador del bajo nivel de mercantilización de esas tareas”.

Respecto de las tareas que las personas responsables del cuidado declaran asumir -excluyendo madres y padres- en primer lugar se destacan aquellas vinculadas con la alimentación: ‘preparar y/o dar la comida’, con el 80 por ciento de las menciones, reveló.
En segundo lugar, las actividades lúdicas: “jugar con los niños”, con el 57 por ciento de las menciones.

En tercer lugar, todo el trabajo que implica el vínculo con los establecimientos educativos y las actividades formativas en la crianza: “llevarlos y/o retirarlos de la escuela” y “ayudarlos con la tarea de la escuela”, “llevarlos/retirarlos de las actividades extracurriculares” (con el 45 por ciento, el 39 por ciento y el 26 por ciento de las menciones, respectivamente).

“El tipo y la cantidad de tareas varían en función de las edades de los niños y de las personas asignadas al cuidado. Las personas encargadas del cuidado de los niños que viven en el hogar declaran mayor cantidad de tareas que aquellas contratadas o que no residen en el hogar”.

“Asimismo, parece ser una estrategia de las familias contratar a una misma persona para que efectúe tareas de cuidado y de limpieza en el hogar. El servicio doméstico remunerado es una figura habitual sólo en los hogares de sectores medios y altos de la sociedad argentina”.

Valor económico invisibilizado

“Gran parte de los esfuerzos desde la economía del cuidado han estado en dirección a cuantificar el trabajo de cuidado, esto es ponerle números y calcular su contribución a la economía”, dijo la experta. Ese aporte económico, aseguró, “se encuentra invisibilizado”.

“Con el estudio proponemos debatir que esto se debe hacer visible, que es necesario hablar de ello y que también implementar políticas y dotar de infraestructura de cuidado, al mismo tiempo que se busca distribuir los costos de forma más equitativa en toda la sociedad”.

“Las mujeres desempeñan el grueso del trabajo no remunerado de cuidados en todas las economías y culturas, Además, Naciones Unidas ha estimado que si se asignase un valor monetario para este tipo de trabajo, representaría entre 10 y 39 por ciento del PIB”, reveló.

“A pesar de esta enorme contribución a la producción de valor económico, el trabajo no remunerado de prestación de cuidados no figura en las encuestas de fuerza de trabajo. Tampoco forma parte del cálculo del PIB. Por lo tanto, se trata de una labor invisible en la economía y no ingresa en las políticas públicas”.

Poner el tema en la agenda pública

RENA quiso saber si el hecho de la presidencia la ejerza una mujer puede ayudar a darle más entidad al problema y acelerar el cambio para garantizar la igualdad de género.
Para Pautassi, “el cuidado es una responsabilidad social y por lo tanto nos interpela a varones y mujeres. Esto significa que mujeres y varones debemos trabajar en ello”.

“La presencia de una mujer a cargo del Poder Ejecutivo Nacional es un dato de democratización de las relaciones sociales de género. Sin embargo, para todo proceso de cambio y de ingreso de cuestiones socialmente problematizadas en la agenda pública, es necesaria la voluntad política”.

“La sola entidad de mujer no convierte al tema en una cuestión de género, donde se debata sobre las inequidades de cuidado que hoy atraviesan a la sociedad. Es necesario transformarlo en un tema de agenda, transversal y con claro liderazgo político”, aclaró.


 

 
 

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